Soy de los que disfrutan más de un bañito en la piscina —aclaro que desde hace años prefiero varias duchas frescas, cortas, diarias— y así evitar la arena de las playas que se te mete por todas partes.
Como setas, proliferan más y más, cada día más. Plaga de irresponsabilidad manifiesta, palmaria, sin excusas. Marabunta insolidaria —que bebe y bebe, y despilfarra— en tiempos de escasez de agua. Y cada día veo más en mis paseos diarios. Primero, la ruidosa excavadora y luego, los albañiles… Y mi mente se pregunta —dejaré de hacerlo pronto pues nadie las frena—, sí, se pregunta mi mente una y otra vez: ¿Quién es el irresponsable, o tal vez la irresponsable concejal, que autoriza la construcción de piscinas en casi todos los chalés, últimamente más y más, cuando conllevamos escasez de agua en esta zona y en tantas otras próximas y lejanas?
Mis rutinas diarias —por mi estado de periodista felizmente jubilado— incluyen una ruta en bici de unas dos a tres horas por las calles de las urbanizaciones del litoral donde resido hoy. Y luego, por la tarde, igualmente a diario, otra ruta también aleatoria, ésta de paseo a pie, más o menos, otra hora. Voy solo, pero siempre acompañado —te lo aclaro— por mis observaciones (vicio de eterno vigía, en la trinchera diaria de las noticias durante tantos años) además de mi amiga inseparable de siempre, ‘loca de la casa’ (así la bautizó Santa Teresa), la imaginación que, sin darme un respiro, me despierta pensamientos y azuza reflexiones varias.
Ingresos insolidarios
Construir una piscina, obra menor en el jardín de un chalé, sin duda, reporta ingresos —descarto aquí prevaricaciones, cohechos y malversaciones menudas, pecata minuta— por medio de las tasas municipales, tan criticadas por la mayoría. Sin obviar recaudaciones por otras autorizaciones y permisos locales, diversos y pertinentes a este efecto u otros, que los solicitantes abonan al ayuntamiento de turno.

Piscina a piscina y más piscinas veo cada día que paso por delante de los chalés, cientos en mis rutas de periodista jubilado en bicicleta o a pie. Y así, y gracias a las nuevas piscinas, las arcas municipales se nutren de insolidaridad irresponsable, propia y ajena ella. Porque ya me dirás, excompañeras o compañero, periodista ya en jubilación, si os parece justificada la construcción de piscinas por doquier y doquiera que miro. Os recuerdo que hay escasez de agua. Y en verano mayor precariedad hídrica.
Agricultores, manifestantes
Por su parte, los agricultores claman, claman en el desierto de la sordera irresponsable, por unas cuantas gotas más de agua que les garanticen la subsistencia tras las siembras de los cultivos de verano, hortalizas y frutales.
Y al tiempo, los ruidosos veraneantes, los de siempre, regresan puntuales con las pancartas, griteríos y las manifestaciones estivales. ¿Por qué? Porque sufren con reiteración cortes del suministro de agua potable en las urbanizaciones. Vociferan vehementes. Pero callan, silencian en la complicidad, sus despilfarros de agua en las piscinas, en las duchas interminables, y en sus baldeos —les escucho, en ocasiones, silbar alegremente— arrastrando las mangueras que invaden con su chorro, a borbotones, aceras y vías públicas.
Zigzagueos en bicicleta
Y en mis paseos diarios, más en mis rutas matinales en la bicicleta que en los vespertinos a pie, saludo muchas veces, siempre con educación —y resignada prudencia— a señoras y señores que a ‘manguerazo limpio’ asean sus aceras, vallas y jardines de cemento y bellas azulejerías. También son refrescados —supongo que tienen derecho a ello— los coches estacionados en las calles de las urbanizaciones de esta y otras costas mediterráneas.
Los manantiales irresponsables, sin freno ni medida, a borbotones, discurren aguas abajo hacia las playas por las cuestas de las calles y plazas. Y yo, entre juegos infantiles zigzagueantes, refresco las dolientes gomas de las ruedas de la bicicleta.

Flores enloquecidas
Y me pregunto, derrotado, ya sin obsesiones: ¿Las ordenanzas municipales multan el despilfarro injustificado del agua? ¿Impondrán las sanciones pertinentes? ¿Obligarán a abonarlas sin dilación hasta en los períodos vísperas de campaña electoral?
Antes de terminar por hoy, debo confesaros que yo también practico el deporte estival del manguerazo algunas noches, cuando las plantas y flores sedientas del jardín — descarto que sean alucinaciones mías por un golpe de calor —me gritan, enloquecidas. ¡Poco remedio tiene —creo que ninguno— la insensatez humana! Vale (cervantino).
Llevas toda la razón. Pero el problema del agua no se resolverá hasta que se ponga en marcha un Plan Hidrológico Nacional consensuado entre los grandes partidos. Eso sí sería solidaridad entre cuencas y regiones. Un abrazo.