Llegar hasta Vietnam desde nuestro país supone un largo recorrido de muchas horas de avión y algunas tediosas escalas. Pero es un esfuerzo que vale la pena porque el destino no va a defraudar. El rincón más oriental de la Península de Indochina tiene zonas montañosas, selvas tropicales, grandes ríos como el Mekong y por supuesto, una larga costa de más de tres mil kilómetros de longitud.
Sin embargo no voy a hablar de Sapa, las montañas del norte que la separan de China, de sus interminables playas ni de los bosques selváticos que comparte con Laos y Camboya. Hoy nos acercaremos solamente a dos de sus bahías: la famosa de Halong y su hermana pequeña, menos conocida pero igualmente impresionante, Bahía de Trang An.

BAHÍA DE HALONG
Situada al norte, en el Golfo de Tonkin, y a tan solo unos 180 kms de Hanoi, se encuentra la Bahía de Halong. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994 es, para muchos, sencillamente el lugar más hermoso de Vietnam.

Esta inmensa ensenada ocupa unos 120 Kms de costa y, según los datos de Wikipedia, se extiende alrededor de 1500 Kms en el mar. Su impresionante belleza se la debe a la puesta en escena de los miles de peñascos e islotes de piedra caliza que salpican sus aguas. Dicen que son unos dos mil (¿quién se habrá puesto a contarlos?) de diversas formas y tamaños, pero todos recubiertos del tapiz verde intenso de su vegetación. La mejor forma de acercarse a estas pequeñas islas kársticas es con los cruceros que, normalmente durante un par de días, recorren la bahía. Con ellos puedes llegar hasta alguna pequeña playa para bañarte en el Mar de China, o acercarte a uno de los curiosos poblados flotantes de pescadores donde también se dedican al cultivo de las perlas.


Pero, sin lugar a dudas, el mayor placer está en sentarse en la cubierta del barco y dejar pasar las horas hasta el atardecer. La explosión de azules, rosas y grises es un espectáculo de los que se tardan en olvidar. Quizás por eso ha sido incluida en la lista de “Las siete maravillas naturales del mundo moderno”.


TRANG AN
A menos de 100 Kms hacia el sur de Hanoi, se encuentra la provincia de Ninh Binh, donde aún perduran los restos de lo que fue la antigua capital de Vietnam en el s. X y donde la belleza de sus espacios naturales repartidos a lo largo de unas diez mil hectáreas, es reconocida y apreciada más allá de sus propias fronteras.


Uno de estos espacios es Trang An, que a pesar de ser el más cercano y accesible, es de los menos visitados, lo que te permite adentrarte en él disfrutando de la inmensa paz que se respira en el lugar. El turismo masivo (dentro de lo que hay en Vietnam) aún no le ha alcanzado.

Al parecer su nombre significa Bahía seca, en contraposición a la de Halong que da al mar. Aunque de seca tiene poco, ya que está cruzada por ríos entre los que destaca el Ngo Dong. Un caudal considerable donde se refleja todo el verdor de la naturaleza que lo rodea. Y es que de nuevo volvemos a la topografía kárstica de montañas y peñascos de piedra caliza tapizados de un intenso verde.


El recorrido habitual es por el río, en una pequeña embarcación que llevan a remo las mujeres de la aldea. En ella atraviesas algunas de las muchas cuevas que el agua ha horadado en la montaña, cruzas lagos subterráneos y pasas por estrechos pasadizos donde a veces tienes que ir con cuidado para esquivar las paredes y las estalactitas que encuentras en el camino. Aunque lo más impresionante siga siendo la belleza que rodea al río, desde los arrozales a las montañas agrestes, pero siempre con esa sensación de serenidad que trasmite una naturaleza tan generosa.


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