Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Narrativa

La historia de Tula

Tula, descendiente de la protagonista de esta historia real.
Quiero contarles una pequeña historia, que por ser real, aunque está escrita en prosa, no deja de ser pura poesía, y por tanto creo que merece la pena que ustedes la lean.

Era el año de 1928, una época mala para las personas pobres (como siempre suele ser). Nuestra historia empieza en una familia de carabineros, que eran por aquella época los sucedáneos de los guardias civiles de hoy. Esta familia —debido a la profesión del padre—, vivía siempre en los distintos cuarteles donde él era destinado. En este inicio de la historia vivía en un cuartel en las montañas de la provincia de Almería, lejos de cualquier cortijo y a muchos kilómetros de la capital.

Esta familia se componía del padre, que había enviudado hacía unos años, y tres hijos pequeños: un niño y dos niñas. La mayor de las niñas tenía entonces 13 años y los otros dos, once y nueve. Ellos tres se hacían cargo de los quehaceres de la casa, mientras el padre hacía su trabajo en servicio de vigilancia por aquellos montes.

Un día, llegó al cuartel un señor de un cortijo cercano llevando consigo una perrita recién nacida, que había prometido regalarle a otro carabinero del cuartel, pero a esta persona hacía algún tiempo que la habían trasladado a otro lugar, cuestión que el cortijero por la poca asiduidad de las visitas no sabía.

Los tres hermanos, al ver a la perra tan pequeña y bonita, le rogaron y lloraron a su padre para que pudieran quedársela ellos, ya que el cortijero la dejaría de todos modos si la querían. Al final, el padre accedió a la petición de los niños y la perrita se quedó con ellos en el cuartel. Como era recién nacida, la criaron con leche de la ración que tenían para ellos, que por cierto no era muy sobrante. Pero a la perrita no le faltó su ración y salió adelante con el orgullo y el cariño de los tres hermanos.

Niños jugando con un cachorro. Fotografía de la John Oxley Library de Queensland (Fuente: Wikimedia)

Le pusieron por nombre Tula, estaban todos contentísimos con ella, era la sombra de todos y cada uno de ellos, siempre iba a su costado a todos sitios y era como uno más de la familia.

Pero la mala suerte llegó para los niños y la perrita, ya que un día le comunicaron al padre que se tenía que trasladar a otro cuartel, a muchos kilómetros del que estaban, y no podrían llevarse a Tula dadas las distancias y los inconvenientes del traslado, atravesando montes andando y casi escondiéndose de los posibles ataques, dada la profesión del padre.

Este habló con el dueño de un cortijo que conocía, le pidió que se quedara con Tula y así se hizo, por supuesto muy a pesar de los hermanos y de la misma perrita, que lloraba desconsolada como si fuera una persona. De todos modos el animal al darse cuenta de su destino, ni siquiera intentó seguirles, se dio cuenta de que no se podía marchar con ellos y se quedó plantada en el camino, observando cómo se perdía de vista su familia en la montaña.

En el cortijo donde sería su nueva casa, había toda clase de animales propios del lugar, por lo que Tula pronto se aclimató a aquel nuevo hogar, salía con el pastor a pasturar las ovejas y las cabras y se convirtió en un habitante más del cortijo.

Pasó el tiempo, y al carabinero volvieron a trasladarle de nuevo al cuartel donde había estado antes, o sea donde habían recogido a Tula. Se pusieron en camino de nuevo a través de los montes, tardando varios días en llegar a su destino, descansando, como siempre, en algún cortijo donde les querían dar cobijo. Recuerden que hablamos del año 1928.

Carabineros españoles de los años 20 vigilando los Pirineos españoles. Fotografía del fotógrafo fallecido Eugëne Trutat (Fuente: Wikimedia).

Llegaron cerca del lugar donde habían dejado a Tula y pararon allí en pleno campo al hacerse de noche. De pronto escucharon un ruido raro, por lo que el carabinero, con el fusil preparado, dio el “¡alto!, ¿quién va?”. Pero cuál no sería la sorpresa de los cuatro, cuando apareció Tula saltando hacia ellos y aullando de alegría, fue lamiéndoles de uno en uno a los tres hermanos primero y después al padre, quedando todos sorprendidos pues no esperaban esta agradable aparición, después de tanto tiempo.

Acto seguido, desapareció lo mismo que había aparecido, la familia se extrañó del comportamiento de la perrita, pero pensaron que era normal, ya después de tanto tiempo tenía otros dueños y se habría ido con ellos.

Pero, ¿qué hizo la perrita realmente? Llegó hasta la puerta del cortijo de sus actuales dueños, empezó a tocar con las patas la puerta del cortijero hasta que le despertó, y ante la insistencia de la perra, se tuvo que levantar. Al ser de madrugada, al buen hombre le extrañó la actitud de la perra, que corría de un lado a otro como una desesperada. Entonces, el hombre entendió que el animal quería indicarle que algo especial pasaba, pero como no sabía qué era, esperó hasta que se hizo de día y entonces se dio cuenta de lo que la perra le quería decir, al ver llegar a la familia del carabinero hacia la casa.

Pastor, acompañado de su perro, pastoreando ovejas. Fotografía de Forteran (Fuente: Wikimedia).

Se saludaron afablemente y el cortijero les contó la reacción de Tula, comprendiendo todos su forma de actuar como si fuera una persona. Descansaron unas horas en el cortijo para reponer fuerzas, y prosiguieron su viaje hasta el cuartel, que aún distaba varias horas de camino. Llamaron a Tula para despedirse de ella, pero no la encontraron. Pensaron que estaría con el pastor y el rebaño, como era su costumbre. Además, según el cortijero, la perrita se había enamorado del perro que llevaba el pastor y siempre estaban juntos. Por lo que sin esperar a más, se pusieron en camino hacia el cuartel para llegar antes que se hiciera de noche.

Pero cuál no sería su sorpresa cuando llegaron al ver que Tula ya les estaba esperando en la puerta del cuartel, y además no estaba sola, le acompañaban sus cuatro cachorritos, que al parecer había tenido, fruto de sus amoríos con el perro del pastor. El animal supo que sus verdaderos dueños volvían a la antigua casa y, sin pensarlo, se trajo a sus perritos adelantándose incluso a ellos, para estar todos juntos.

Perra con cachorros. Fotografía Kengitau254 (Fuente: Wikimedia).

Pero lo más importante es lo que hizo para llegar al cuartel, mientras la familia del carabinero descansaba en el cortijo: Tula realizó cuatro viajes hasta el cuartel trayendo en cada uno de estos a sus cachorritos en la boca, esto lo pudieron constatar al ver que los perritos aún no andaban, que estaban llenos de babas y que Tula estaba sudorosa y agotada.

Los tres hermanos se prometieron que jamás, pasase lo que pasase, volverían a dejar a Tula sola, y cuidaron de ella y sus cachorros toda la vida.

Esta es la historia real de la perrita Tula, llegada a mí a través de una de las hijas de aquel carabinero, que cuando escribo estas páginas tiene 83 años de edad y aún vive en la capital de Almería, lo mismo que sus dos hermanos.

Francisco Carrión Galera

Paco Carrión (Galecar), nacido en El Daimuz (Oria-Almería), es ya un hombre maduro con intensas “cicatrices” en sus vivencias de todo tipo y a todos los niveles, pero es en esta madurez cuando se pone a escribir un poco más seriamente de cómo lo hacía en su juventud, desgranando en algunos de sus libros, su experiencia en la historia y la vida de España. Desde entonces ha publicado 12 libros de distintos temas, varias obras de teatro y múltiples relatos cortos y poemas, además de tener tres libros pendientes de ser publicados.
Personaje inquieto, aventurero, polifacético, investigador de vivencias, y un largo etcétera. Ello le llevó a trabajar en el cine, en teatro, televisión, salas de fiestas, compañías de revistas y en cualquier faceta que tuviese algo de innovador y bohemio, cultural, festivo o artístico a la vez.

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