“Sin periodismo no hay democracia” proclamaba la Asociación de la Prensa de Alicante en una de sus noches “off the record”, durante la presentación de su anuario de 2016. Eran años de crisis en las empresas periodísticas y de reducción de plantilla en los medios escritos y audiovisuales. En Rusia, Vladímir Putin ganó su primer mandato como presidente en marzo de 2000 y a partir de entonces se desarrolló la reacción autoritaria que puso fin a la primavera democrática rusa. «Gorbachov y Yeltsin creían que los medios eran una institución de la sociedad, Putin creía sinceramente, y cree ahora que es una herramienta en manos del poder o una herramienta del dueño» en palabras de Alexei Venediktov, editor en jefe de radio Eco de Moscú. En marzo de este año cerró la emisora y tuvo que escapar a Letonia.
Sin periodismo no hay democracia, y Putin lo sabe bien. En verano de 2000 se produjo una gran crisis social tras el hundimiento del submarino de propulsión nuclear Kursk durante un ejercicio naval en el mar de Barents. El Kremlim inicialmente rechazó las ofertas de otras naciones para ayudar a recuperar el submarino, mientras Putin permaneció de vacaciones en la ciudad turística de Sochi, en el Mar Negro. La cobertura crítica de NTV, entonces el canal de televisión más popular del país, enfureció a Putin. NTV (en ruso, НТВ) es un canal de televisión ruso en abierto de índole privada. El canal comenzó sus emisiones en 1993 y durante ocho años estuvo controlado por el empresario Vladímir Gusinsky. Después de la victoria electoral de Vladímir Putin y de la detención del fundador, fue vendido al grupo Gazprom en abril de 2001. No mucho después se quejó a Venediktov sobre su cobertura de radio, Ya hemos visto en el párrafo anterior dónde terminó el director de Eco de Moscú.
La revista de investigación Proekt publicó la decisión del Kremlin de aplastar al líder opositor Alexei Navalny y denunciaron el estricto control sobre la televisión rusa que ejercía el jefe de medios del Kremlin. En junio de 2021 Proekt fue el primer medio designado como «indeseable» y se le prohibió publicar en Rusia declarando a su editor jefe Román Badanin como “agente extranjero”, como habían hecho antes con Venediktov y el Eco de Moscú. El presentador de televisión Tikhon Dzyadko comenzó a recibir amenazas de muerte por teléfono pocos días después de que Rusia atacara Ucrania. Luego, el sitio web de su estación rusa de televisión independiente, Dozhd, fue bloqueado en medio de rumores de una redada policial inminente. Huyó del país con su familia. En julio Dozhd ha reanudado sus emisiones desde Letonia. Esta semana estaba previsto el juicio a la periodista rusa Marina Ovsiánnikova quién ha huido de su arresto domiciliario. Fue la que a principios de año irrumpió en el plató del programa de noticias del canal de televisión con un cartel que decía “Detengan la guerra”.
Novaya Gaceta, el único periódico independiente del Kremlin que queda, el 24 de febrero, día de la invasión de Ucrania, tituló en primera “Rusia, bombas Ucrania” sobre fondo negro, para lo que Putin ha denominado “operación especial”. Sorteando las palabras “guerra”, “invasión” o “ataque” prohibidas tras las duras leyes de censura, y se criminaliza la información que desacredite a las fuerzas armadas. En marzo pasado su editor Dmitry Muratov anunció que cerraba tras recibir una segunda advertencia desde el departamento de comunicaciones de Rusia. Novaya Gazeta, con una audiencia leal de intelectuales urbanos, liberales y partidarios de la oposición se ha enfrentado a menudo con las autoridades rusas. Seis de sus periodistas fueron asesinados entre 2000 y 2009, incluida Anna Politkóvskaya, que informaba sin miedo sobre los abusos de Rusia en Chechenia, muerta a tiros en el ascensor de su edificio de apartamentos en 2006. Según la ley rusa un periódico puede ser despojado de su licencia y suspendido si recibe dos advertencias oficiales en un año. La segunda “advertencia” ha sido por no etiquetar correctamente a una ONG como “agente extranjero».
Las informaciones anteriores son un compendio de las crónicas en el Washington Post, de Robin Dixon, sobre la situación de la prensa en la Rusia de Putin. La guerra a los periodistas y a los medios de comunicación, son el requisito indispensable para la guerra imperialista en Ucrania y marchitar la democracia que florecía con Gorbachov. La libertad de prensa es un requisito previo e imprescindible para la democracia.
Visitor Rating: 5 Stars