Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Balones a la olla

La afición clama contra la gestión de Ortiz al frente del Hércules, mientras el Ayuntamiento se queda a verlas venir

“Todos me dicen que me vaya y yo no sé qué contestar…”

A principios de la década de los noventa, no exento de gracia, el surrealista Manolo Tena, cantaba una canción que se hizo muy pegadiza. Tena decía: Que tenía una moto estropeada, un coche que no andaba, un pez que no sabía nadar, un perro que no sabía ladrar, una radio estropeada, un loro que no sabía hablar, un mono que no sabía imitar, y una mosca que no le dejaba en paz. Todos le decían: ¿Qué te pasa?… Y él no sabía qué contestar.

Lo de Enrique Ortiz Selfa, al frente del Hércules es diferente. Para empezar, a diferencia de Manolo Tena, no tiene ninguna gracia. Ortiz tiene un club estropeado, averiado, o que no sabe cómo arrancar, o volver a poner en marcha, tiene un equipo que no gana, tiene tres entrenadores con los que no acierta, tiene un equipo que, tras veinte años de gestión, ha llevado a una cuarta categoría, la antigua Tercera División (para entendernos). Solamente diez años le hicieron falta a Vicente Pastor Alfosea “El Chepa” para crear y fundar el Hércules y llevarlo a Primera División, y en poco más el añorado Rico Pérez, lo llevó de Segunda a Primera, construyó un estadio y a mitad de la década de los setenta a punto estuvimos de clasificarnos para jugar la Copa de la UEFA. Y todo ello con presupuestos irrisorios, al lado de lo que ahora se mueve. El Hércules llenaba el estadio, barría a rivales, tipo Málaga, Zaragoza, Betis o Valencia, y hablaba de tú a tú a otros como Bilbao, Barcelona o Real Madrid. Ahora afición y representantes municipales, de todos los colores políticos, incluido el alcalde Luis Barcala, le piden a Ortiz que recapacite y se vaya o bien pacte alguna salida. Aunque bien es cierto que la primera autoridad tuvo arrancada de caballo y parada de burro; lo cierto es que Ortiz, como Tena en los noventa “No sabe qué contestar…”. Quizá es la primera vez que, aun siendo el dueño del club y estando en posesión de las acciones de una sociedad anónima deportiva, se encuentra más acorralado, más agobiado, el momento en el que más siente el aliento de la afición en el cogote. Un club de fútbol puede ser una sociedad anónima, pero hemos repetido una y mil veces, que en el fútbol se entremezclan las emociones, el chauvinismo y los sentimientos. No sería el primer gran accionista de un equipo de fútbol que ha tenido que salir de forma despavorida, por muy dueño que sea, ante la presión social.

Solamente una semana después de que el Hércules perdiera sus opciones en Llagostera para estar en la nueva liga Pro de nueva creación, y haber perdido la opción a la Segunda División, ayer domingo día 30 de mayo, la afición herculana con la coordinación de las peñas se echó a la calle para pedir la marcha del empresario alicantino. Se pidió su salida, su marcha y la venta de la entidad a algún grupo, proyecto, iniciativa o empresa interesada. Quizá no fueron tantos, pero sí más de los que alguno hubiera imaginado. Un colectivo de más de mil quinientas personas recorrió el trayecto entre la Plaza de los Luceros y el Ayuntamiento, donde se leyeron sendos manifiestos en contra de su gestión y a favor de su salida definitiva. Era como una fiesta en una mañana primaveral con personal ataviado con bufandas, camisetas, banderas y pancartas herculanas. Pero no era fiesta sino funeral.

Después del interés y apoyo incondicional de mitad de la semana por parte del alcalde Barcala, y los diferentes portavoces municipales, recibiendo a representantes de las peñas, ninguno de ellos se atrevió a estar en la manifestación, al margen de la representante de la formación Podemos, Vanessa Romero, que sí lo hizo, quizá por convicciones herculanas, quizá solamente por pura convicción política o personal.  El próximo año, si los cumple, el Hércules cumplirá cien años de historia, y llega con la gestión durante los últimos veinte de Enrique Ortiz, un hombre al que no le gustaba el fútbol, ni entendía, pero el alcalde de entonces, Díaz Alperi, le metió en ésta. Petición con intereses espurios, que a corto, medio y largo plazo se compensaría con otros parabienes a modo de obras, servicios, concesiones, trabajos y favores varios. Todo hubiera sido medio regular si el empresario hubiera sabido gestionar el club, al menos como gestiona regularmente alguna de sus muchas sociedades. ¡Ah, amigo, pero un club de fútbol es otra cosa!  Aquí han privado los líos, los escándalos, las sospechas, los favores. Y al final de ascensos, descensos, despidos, mil entrenadores, varios secretarios técnicos, directivos familiares, expedientes de regulación de empleo, regulaciones, socios que iban y venían y mil cosas más próximas a la ingeniería financiera que nada tienen que ver con el propio fútbol: diez millones de euros de deuda.

Es casi grotesco pensar que hace diez años al subir a Primera, con nosotros de la mano ascendió el Levante y la Real Sociedad. ¿Dónde están ellos ahora y dónde estamos nosotros? A años luz.

Mientras ayer domingo, la afición clamaba la cantinela “Enrique vete ya” y “Estoy hasta los huevos de la familia Ortiz”, que se ha convertido en todo un clásico de la sociedad alicantina.

A lo largo de la pasada semana, el trasiego de dardos envenenados, a modo de declaraciones, réplicas, contrarréplicas, dimes y diretes ha sido intenso. Desde la primera arrancada brava del alcalde contra el empresario tras reunirse con los representantes de las peñas, el apoyo de los diferentes grupos políticos, al posterior “templar gaitas” del propio primer edil, hasta la no presencia en la manifestación autorizada, que se pedía. Ortiz por su parte ha pedido desde una institución local implicada y un Hércules casi apadrinado institucionalmente, hasta su tono amenazante, afirmando: “Entregar las llaves del club al Ayuntamiento y marcharse”.

Enrique Ortiz es el dueño del club, el Rico Pérez no es de su propiedad, pero quizá nunca sintió tanta presión como hasta ahora. Al final de la manifestación un joven aficionado me decía: “Escriba usted, que mientras a nosotros se nos saltan las lágrimas después de escuchar el manifiesto del aficionado, y las palabras del niño que ha leído en el ayuntamiento, quizá él esté en su yate, navegando, fumándose un puro, y nada de esto le importe”.

Sea como fuere y pase lo que pase, sí es cierto que después de lo de este último domingo de mayo habrá un antes y un después. Especialmente emotivas fueron las palabras de Pablo Sainz-Pardo, el joven adolescente herculano, de catorce años, que nos tocó a todos la fibra cuando en su alocución dijo: “No me importa tanto un Hércules en Primera, en Segunda o en otra categoría, sino que se rían de mí los lunes en el instituto, al recordarme que mí Hércules ha vuelto a perder”.

Y mientras Enrique Ortiz, parafraseando al inolvidable Manolo Tena de principios de la década de los noventa dice: “Y YO NO SÉ QUÉ CONTESTAR”.

Pablo Sainz-Pardo durante su intervención en la Plaza del Ayuntamiento.

Ferrándiz

Se puede ser de equipos muy grandes, muy famosos, ganadores de muchos títulos, pero nosotros somos del Hércules. Modestia y orgullo pueden ir de la mano. En nuestro corazón habita ese pálpito blanquiazul. Sentimos al Hércules, como sentimos la Explanada, el Postiguet o la Cara del Moro. Macho Hércules.

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