El 31 de octubre de 1924 se clausuraba en Milán el Congreso Internacional del Ahorro que fue convocado por la Caja de Ahorros de las provincias lombardas y reunió a cajas de ahorros de todo el mundo, también a las españolas. Era el último día y a iniciativa del primer director general del Instituto Internacional del Ahorro (después Instituto Mundial de Cajas de Ahorros y Bancos Minoristas —WSBI, por sus siglas en inglés—), se instauró esta conmemoración sobre el ejercicio del ahorro, por su contribución al desarrollo económico y social y por considerarse como la mejor práctica para que los individuos puedan alcanzar objetivos, asegurarse un futuro digno y, en suma, realizarse como ser humano.
Su creación ayudó a potenciar la importancia de promocionar y educar en la buena gestión de las finanzas domésticas para alcanzar un mejor nivel de vida. En nuestro país, se creó la Confederación Española de las Cajas de Ahorros (CECA) en 1928, y sus entidades asociadas adoptaron la celebración del Día del Ahorro desde ese mismo año y establecieron en los primeros estatutos que uno de sus fines sería trabajar “por la educación de todas las clases sociales en el ahorro, en el buen empleo y uso de la riqueza individual y colectiva”. Hace casi un siglo que se escribieron estos estatutos y esta labor está más vigente que nunca, en lo que hoy definen como educación financiera.
Prácticamente las Cajas de Ahorros han desaparecido, y las entidades que subsisten se transformaron en bancos, cuyos principales accionistas son las fundaciones herederas de sus Obras Sociales que se crearon para proseguir su importante labor social y cultural. No es el caso de la Caja del Mediterráneo, desaparecida totalmente a todos los efectos.
Curiosamente lo que más se echa de menos tras la desaparición de las Cajas de Ahorros no parece ser precisamente esa labor social —cultural, medioambiental, solidaria—, desarrollada a partir de la obtención moderada de beneficios, sino los servicios que se prestaban a través de su extensísima red de sucursales y de su personal. Ahora los pequeños pueblos si acaso disponen de un Cajero Automático, y en muchos barrios no quedan ni las fachadas. Colas, horarios restringidos y citas previas dominan el sistema bancario.
Empero, el fundamento de aquellas entidades, basado en la otrora denominada “virtud del ahorro” debería seguir presente en nuestras vidas. Así que traigo de las páginas del diario Levante lo que publicó el 31 de octubre de 1970: unos versos, en valenciano, de Emilio Panach ”Milo”, que mi amigo Antonio Aura me ha traducido al castellano.

Otrosí: la banca se justifica actualizando el tipo de interés de las hipotecas concertadas con referencia al Euribor en que ese es el coste “real” del dinero. Sin embargo, las cuentas de ahorro y corrientes siguen remuneradas al “cero por ciento”, sin que una automática actualización les afecte en absoluto. Negocio redondo.
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Cuando las Cajas de Ahorro olvidaron aquello de «seguridad, rentabilidad, liquidez» y se dedicaron al negocio puro y duro, con el apoyo de los políticos que aterrizaron en ellas, todo se fue al garete
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