Finalista del Ateneo de Sevilla y del Premio Café Gijón, Concha vivió con la convicción de que “mediante el conocimiento, se llega al entendimiento”
Pocas cosas hay más emocionantes que los legados, esas herencias cargadas de experiencias, recuerdos, sabiduría y tradición, pero que conllevan también la carga de la misión a la que suelen ir unidas. Por eso, mucho más emocionante es cuando el legado, y la misión de darlo a conocer, se toman voluntariamente y por propia iniciativa, como ha hecho Ana Cristina Baidal, hija de la escritora Concha López Sarasúa.

Con el mismo cariño que su madre por la cultura marroquí, por la apertura de mente que dan el viajar, el conocimiento de otros modos de vida, de otras lenguas, de otras religiones y la interactuación humana, Baidal ha venido a la sede de la APPA a presentarnos el homenaje que este martes 24 de enero se celebra, en Casa Mediterráneo, a las 19 horas, para recordar y celebrar a Concha López Sarasúa, un auténtico puente entre culturas. Como recuerdo, se regalará un ejemplar de la autora a cada uno de los asistentes.

Aunque nacida en Mieres (Asturias), López Sarasúa viajó desde jovencita como bailarina, primero por toda España y luego a París, Lisboa, Azores o Marruecos, donde conoció, en este último, al que sería su marido; tuvo sus dos hijos — Ana Cristina y Juan Miguel— y vivió dos décadas enamorándose de la cultura y el mundo árabes, pasión que traspasó a sus libros que, a su vez, le llevaron a infinidad de visitas educativas por colegios marroquíes, españoles —cuando volvió a España, a Alicante, donde se instaló definitivamente—, y hasta argentinos, ya que nunca dejó de viajar.
Sus libros
De su primera infancia en Asturias, López Sarasúa escribió Celanova 42, un enriquecedor mosaico de personajes representativos del español de posguerra tintado de mitología astur-galaica, situaciones tragicómicas, supersticiones y costumbrismo local. Posteriormente, sobre sus impresiones acerca de la ardua disciplina del baile y las academias experimentadas en la capital francesa, tan radicalmente diferente a la España de la dictadura, escribió Cita en París.

Con La llamada del almuédano, obra en la que recoge el impacto que le produjo el toque a la oración a su llegada a Marruecos, llegó el reconocimiento, quedando finalista en el Premio Ateneo de Sevilla. El libro aporta una sensible visión del hermanamiento real e histórico de la cultura española y la árabe, así como la abundante herencia que los musulmanes dejaron en el Levante y Andalucía.

Ya viviendo en Alicante, Concha se centró en su vocación literaria, volcando sus recuerdos marroquíes. Comenzó con los relatos A vuelo de pájaro sobre Marruecos que, narrados en forma de leyendas, cuentan catorce historias reales de una forma poética y de gran intensidad. El prólogo de esta obra lo firma el escritor y periodista Mohamed Chakor, fundador de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española, y se tradujo al árabe por Ahmed Sabir, decano de la Facultad de Letras de la Universidad Ibn Zohr de Agadir (Marruecos), profesor de Enseñanza Superior en el Departamento de Ciencias Humanas y autor de varias obras que giran en torno a la temática de las relaciones entre España y Marruecos.
Embajadora para la infancia y la juventud
Pensando en la importancia de la educación desde niños, López Sarasúa creó Meriem y la ruta fantástica, para público también juvenil, donde se traslada a la orilla mediterránea, al desierto del Sáhara y a la magia marroquí. Debido al gran éxito de acogida y a petición de sus jóvenes lectores, escribió En el país de Meriem, con nuevas aventuras de los mismos protagonistas, esta vez recorriendo Al-Andalus. Completó la trilogía con Los mil y un cuentos de Meriem, título con un claro guiño a Las mil y una noches y cuya inspiración fue un viaje de la autora a Yemen.

Convertida en toda una embajadora de culturas, hizo su lema de vida que “mediante el conocimiento, se llega al entendimiento”. Con esta convicción e inspiración escribió La daga turca y otros relatos mediterráneos, sobre mujeres de su entorno, o ¿Por qué tengo que emigrar?, acerca del duro trance de la emigración visto desde los ojos de una protagonista adolescente.

Fue finalista del Premio Café Gijón con ¿Qué buscabais en Marrakech? Su última novela fue Regreso a la Patagonia, una obra intimista con impresionantes descripciones de la tierra argentina. Dejó inconclusa la colección Cuentos de las dos orillas, de la que hay documentos conservados.
Recogiendo todo este legado, su hija Ana Cristina Baidal, filóloga, profesora jubilada y editora, ha sido testigo y participado de un homenaje realizado por el Instituto Cervantes de Tetuán, el pasado noviembre, y contagia su emoción para que no solo la obra de su madre, sino la mentalidad aperturista, tolerante, intercultural y de hermanamiento que plasmó sirva para una mayor colaboración y entendimiento entre regiones.

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Marisa, me encanta que hayas dado publicidad a la ‘cita’ con la escritora Concha López Sarasúa, con la que tuve bastante relación ya que nos visitaba con frecuencia en ‘La Verdad’ y le dábamos cancha en las páginas de Cultura que llevaba el también desaparecido (todavía joven) Sergio Balseyro. Acudiré al encuentro organizado por su hija, a la que no conozco. Hace unos meses compré, en una ‘librería de segunda mano’, en la calle Poeta Quintana, una novela de Concha, ‘Cita en París’, muy buena. Un abrazo.
Seguro que será un homenaje muy emotivo y la hija está a la altura de la madre, ya verás. Gracias, Ramón, ¡un abrazo!