Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Sin recortes

Filosofía del rebaño: la reivindicación de la propia identidad

¿Os habéis sentido alguna vez presionados a actuar por la influencia de la opinión de vuestro entorno en lugar de hacerlo por vosotros mismos? ¿Habéis tenido la sensación de ser presionados a decidir según el parecer de otros para no sentiros excluidos? En mi caso, tengo que confirmaros que sí, que en algunos momentos de mi vida he percibido las miradas y las sugerencias para no tomar mi propia iniciativa y verme implicado en un camino que no era realmente el que deseaba. Son los momentos en los que surge la duda y el miedo a sentirte fuera del colectivo en el que te mueves; sientes la presión social y la conformidad, lo que te lleva a una falta de individualidad y a la adopción de valores y de creencias sin cuestionarlas. Te presentan tu única opción como un dogma de fe. Tal vez son cosas de la adolescencia, pero a veces perduran más allá en el tiempo.

Hace unos años leí, con la voluntad de comprender un movimiento literario que me apasionaba, el llamado Modernisme, la forma catalana de llamar al Art Nouveau francés o el británico Modern Style, las diversas teorizaciones filosóficas del alemán Friedrich Nietzsche. En una de sus obras, Así habló Zaratustra (1883-1885), a través de los diálogos del profeta Zaratustra, desarrollaba su pensamiento con otros personajes y diferentes circunstancias para postular temas como la muerte de Dios, la voluntad de poder y el eterno retorno de la vida. Uno de los aspectos que más me llamó la atención era el análisis de los conceptos de “rebaño” y de “pastor”. Unos conceptos que vincula al instinto de conservación de la especie, en tanto que construye el sentido de la existencia gregaria. El rebaño es la humanidad que sigue al pastor, a la creencia que todos persiguen, sin debatir siquiera su legitimidad.

Nietzsche sostenía que las personas que adoptan la filosofía del rebaño se convierten en seres sin voluntad propia, que simplemente siguen a la multitud en lugar de tomar decisiones por sí mismos. Dejamos de actuar con independencia y nos sometemos a la voluntad del colectivo. Para vigilar nuestra fidelidad, siempre aparece la figura del amigo “tóxico”, el “perro del pastor”, que intenta marcar nuestro rumbo. Por este motivo, postulaba la grandeza del “superhombre”, de aquel que decide variar su evolución y tomar un sentido individual a su vida. Tal vez, hace ya unos cuantos años tomé la decisión de romper con mi rebaño, de ser, como algunos pueden entender, un verso suelto. Soy consciente de las ventajas de vivir en colectivo y en equilibrio y respeto con el resto. No me considero en absoluto un individualista y mucho menos un misántropo que opta por su aislamiento. Nunca he sido un escritor de poemas con versos aislados del resto…

Entendí, por el contrario, que tomar nuestras propias decisiones, sin invadir las libertades de nuestro entorno, es positivo. Tal vez, no hace mucho he conocido las ventajas de ser uno mismo, de no actuar por decisión de los otros, de marcar mi propio espacio. He sentido como nadie la invasión de mi intimidad, he escuchado hasta la saciedad aquello de “no me lo esperaba de ti”, “por qué no vienes con nosotros”, “me has caído del pedestal”. Unas expresiones de quien no te conoce o no le ha importado conocerte, cuando simplemente expones que quieres un respeto a tu manera de ser, a tu manera de entender el mundo. Rompí con unos límites que me impusieron y que yo sentía como propios: decidían tal vez por mi mismo. Cierto es que, tras esta consciencia, es el momento de transmitirles mis cambios, de mostrar cómo soy realmente.

Obviamente, cuando ejercemos nuestro derecho a decidir por nosotros mismos no somos conscientes de la postulación del filósofo alemán; tampoco es que nadie en esa circunstancia se considere un “superhombre” o “supermujer”, ni tan solo superior al resto. Simplemente es cuestión de dignidad y de autenticación, de optar por aquello que consideras mejor para ti mismo en consonancia con el colectivo donde te insertas.

 Seamos amables y comprensivos, no juzguemos, siendo conscientes que no somos nadie para hacerlo por el otro, respetemos el espacio del prójimo y vivamos nuestra propia identidad. No necesitamos la protección del rebaño, del grupo falsamente cohesionado, para sobrevivir. Tenemos la fuerza y la consciencia suficiente para ser nosotros mismos. Tampoco queramos convertirnos en el pastor que ejerce su autoridad dogmática e imponer nuestra visión del mundo. Seamos libres, con respeto, sin intentar condicionar al resto.

Carles Cortés

Catedrático de universidad y escritor.

1 Comment

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  • Admirado Carles: Creo que te has desnudado profunda y bellamente y que casi has conseguido el difícil equilibrio entre el territorio propio y el que te (nos) rodea. Es difícil ser isla en un continente de islas o comarca solidaria en un país de comarcas generalmente insolidarias. Es un reto «optar por aquello que consideras mejor para ti mismo en consonancia con el colectivo en el que te insertas». Un abrazo.