Francis Ford Coppola creyó que contratar a Marlon Brando era la guinda al proyecto «Apocalypse Now». Era la película que iba a rodar tras alcanzar el cielo con las dos partes de «El Padrino» y «La Conversación». La que le encumbraría como uno de los más grandes directores de todos los tiempos. Y para el papel del gran villano, el coronel Kurtz, tenía a Marlon Brando: en ese momento, el mejor y más popular actor del mundo, que venía en un estado de forma incomparable…O eso creyó Francis.
Brando no solo exigió tres millones de dólares -de los cuáles cobró uno por adelantado-, sino que llegó tarde al rodaje, rapado, con 40 kilos de sobrepeso y sin haber leído el guión. Para Coppola aquello fue, como diría en su película el propio Kurtz… el horror.
Y esta anécdota sirve para introducir, el tema del que quiero hablar hoy: qué hacer cuando el personaje de tu reportaje o documental tiene muchas papeletas para arruinarte la historia. Porque no nos engañemos: decidir que nuestro proyecto estará centrado en una figura es jugar a cara o cruz.
Pongamos dos ejemplos con uno de los programas que mejor saben contar historias y tratar personajes: Informe Robinson.
En el reportaje Querer no es poder, la premisa argumental es fantástica: Javier Fran es un corredor ciego que se enfrenta junto a su guía y preparador Albert Giné a un ultra trial: 107 kilómetros de carrera por la montaña. Lo que parece que va a ser un reto fantástico de superación por parte de un invidente… Se va al cuerno porque Fran no ha realizado la preparación adecuada. De forma que resulta lamentable ver como la historia se cae a pedazos tras una brutal pájara… a sólo 30 kilómetros del inicio.
Por otra parte en La leyenda de Tittishew, se cuenta la esperpéntica historia de Steve Davies, un inglés que vivió una divertida anécdota futbolística que los años y las cervezas en los pubs han convertido en mito. Un relato sin pretensiones que Steve, un hooligan bruto, tosco e irónico, levanta con sus continuas opiniones mordaces y sus desprecios hacia el West Ham y sus futbolistas.
Son dos claros y antagónicos ejemplos de lo que tiene jugarse tu historia a un personaje ¿Y qué podemos hacer si nuestra elección sale mal? Lamentablemente, nadie sabe la fórmula exacta, pero sí que hay ingredientes que te ayudarán a solucionar la papeleta:
- —Investiga si haces bien en apostar la historia a ese personaje: habla antes con él y con su entorno.
- —Comprueba que el protagonista tiene locuacidad y facilidad de palabra, pues no tiene gracia contar la historia de un hombre que responde con monosílabos.
- —Rodéalo de un entorno que le respalde: puede que tu personaje sea más soso que la merluza a la plancha, pero su primo pequeño no lo es. Busca a ese primo y dale cancha.
- —Explota los puntos fuertes de tu personaje. Si apostaste por él, cree en él y profundiza en lo que le hace especial.
- —Favorece que se luzca: haz que los personajes secundarios hablen de él, emplea música adecuada que respalde sus intervenciones o busca imágenes donde pueda lucirse.
- Y si todo lo demás falla, juega tu última carta a un gran final que consiga hacer disimular todas las carencias de tu personaje y la historia.
Por cierto, ¿sabéis cómo resolvió Francis Ford Coppola su problema con Brando? Le grabó únicamente mostrando su cara entre sombras. Disimuló así calvicie, mala preparación, sobrepeso y ebriedad. Problema resuelto.
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