El esqueleto es todo lo que todavía me queda
en la oscuridad de esta caja que pagué durante tantos años y el limitado agujero cubierto de yerma tierra.
Creo que no supe vivir.
Tuve una educación convencional y corta.
Aprendí matemáticas, historia y geografía y…
Pero olvidaron, ellos, los que organizan nuestra vida,
que deberían enseñar a decidir.
Creo que no supe vivir.
Creo que no supe decidir.
Nos pasamos cada minuto de cada día persiguiendo el tren del destino que nos dejará en plenas vías de la felicidad.
Sin embargo, perdemos indefectiblemente pétalos de flor y ese dulzor embriagador de aquellas primaveras especiales que son tan iguales a las de hoy como una sala de cine de los ochenta y una de este verano del 23, que nunca será como el verano del 42.
Creo que no supe vivir.
Ahora ya es demasiado tarde. Dejémonos de engaños, de trampantojos, de embelecos, de supercherías.
Las horas que no jugué con mi hija.
Las noches de amor que le sustraje al amor.
Tiempo irrecuperable, te pongas como te pongas, que se disipó entre largas jornadas de trabajo, hipotecas que rompen en mil pedazos tu presente, tu futuro y diez mil años más.
Ahora no necesito cremas ni vaselina. Ya te han convertido, sin darte cuenta, en un ladrillo insensible que deambula por bares anegados de vidas deshilachadas. Como la mía.
Ahora, cuando la noche araña los últimos rayos de oscuridad, cierro los ojos y sueño un deseo, deseo un sueño o es la jodida conjuntivitis de las piscinas que me está pidiendo a voz en cuello que me ponga dos o tres gotas de colirio en cada ojo, al menos en dos, se atreve a puntualizar el prospecto.
En fin, es la una y quince de la madrugada. El once de agosto se asoma al balcón de lo que puede ocurrir mañana, bueno hoy, y eso, te pongas como te pongas, podemos llamarlo esperanza.
Un saludo y por lo demás todo bien.
Eres tremendamente creativo y muy sugeridor. Los que te leemos estamos en deuda contigo. Un saludo y sigue siendo generoso.
me parece muy bueno lo que escribes, gracias