Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Narrativa

Cuando tengas tiempo

Fotografía de Rawpixel (Fuente: Freepik).

Cotejo la vida con los años gastados por la gente que ya no está. Cajas escondidas de recuerdos que ya no recuerdas y, si lo haces, nunca sientes lo mismo que aquel lejano día. Salgo del futuro y cierro con llave maestra, ya saben, esa llave que abre todas las puertas.

Hace algunos años que te fuiste, que te obligaron, sé muy bien que nunca quisiste irte para tanto tiempo. Hay días que me siento especialmente jodido y abro la puerta de aquellas tardes de ir juntos al cine, al fútbol, a la playa y a tus últimos cumpleaños.

No quiero perder ripio de nada, pero el pasado se va evaporando como el agua del mar y, cuando crees que lo has perdido, se cuela entre las tejas de la nostalgia y te pones a llorar como un verdadero hombre.

Sí, lo sé, no te escribo a menudo, papá. Creo que debí estar contigo más tiempo, pero no fue así y no puedo cambiar eso. En realidad, no puedo cambiar casi nada. Puede que lo urgente solapara lo importante y con la misma cadencia un día me sentaré en el estribo roto otra vez de la vida. Ahora te escribiré con más frecuencia y, aunque rara vez la vida se asemeja a lo que deseamos, te llegará una carta nunca certificada cada mes al cementerio para que la leas cuando tengas tiempo.

Pablo Guillén

Escritor

Juego de niños

Fotografía de Freepik.

Solíamos jugar entonces a indios y vaqueros. Se constituían los dos bandos procurando equilibrar el promedio de edades y del guion del nuevo episodio se encargaba Merce, la más lista de todos. Nos convenció de que los indios deberían chapurrear el “apache”, una especie de galimatías que debería ser incomprensible para el bando opuesto. Además, se tenían en cuenta las simpatías o las animadversiones entre unos y otros, de tal manera que, si Tina proclamaba que no había que adjuntarse con Juanjo, por chivato, o que a Toñete se le reprochaba no prestar su bici a nadie, éstos se situarían en grupos adversos.

Una vez sacados de sus escondites, los prisioneros comparecían ante un tribunal enemigo, y allí se producía un hilarante interrogatorio, ya que los “indios” insistían en contestar —o preguntar— en su extrañísimo idioma.

Aquel juego cesaba al final del verano, cuando todos nos intercambiábamos tebeos y libros mientras la tormenta se aliviaba de sus densos nubarrones. Entonces cada cual regresaba a su tierra: Valencia, Segovia, Badalona, Santurce, etc.

Echo de menos aquellos juegos. Hoy, siendo ya adultos, sólo queda el Congreso de los Diputados para poder jugar a indios y vaqueros.

Calos Galiana Ramos

Presidente de la Casa de Francia en Alicante

Narrativa

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