Hoy lunes 25 de julio es un día para celebrar que seguimos vivos. Y es que viendo cómo está discurriendo el año y con qué panorama hemos llegado al inicio de esta semana, no es poca cosa: desde el comienzo del año, hemos sobrevivido a ómicron y a la Guerra de Ucrania (enero). A la locura y a los misiles nucleares de Putin (febrero). A las lluvias torrenciales y a la compra de Twitter por parte de Elon Musk (marzo). A la viruela del mono (abril) y al incremento de precios de casi cualquier cosa susceptible de ser más cara (mayo).
También a la caída de las criptomonedas y otros activos financieros (junio). Y este mes de julio, a los incendios (pese a que más de uno sigue activo, como en Tenerife), los golpes de calor y (por el momento) a la subida de los tipos de interés.
Viendo el añito que llevamos y de dónde venimos, ¿Cómo no ser optimistas y celebrar hoy que seguimos vivos para afrontar las calamidades que nos depara el próximo mes que está a la vuelta de la esquina? Sí, nadie da un duro por un agosto tranquilo.

Celebrando la vida también anduvieron nuestros políticos la pasada semana: algunas festejaron que van a ser mamás en paro, como Adriana Lastra, otros celebraron su coronación, como Juanma Moreno, y unos pocos, que les adelantaron las vacaciones, como Enrique Santiago. También los hay que se alegraron por la dicha de los demás, como Pedro Sánchez, y aprovecharon la coyuntura para hacer un nuevo cambio de armario pocos meses después del último.
Pero para festejos, el de Jennifer López y Ben Affleck, que se casaron veinte años después de que el bueno de Ben la dejara plantada a un paso del altar pocas semanas antes del enlace. En este breve lapsus ambos rehicieron sus vidas: él se casó con Jennifer Garner, tuvo tres hijos, la engañó con la niñera como un David Beckham cualquiera, hizo de Batman y cayó en el alcoholismo.
Ella tuvo infinidad de parejas –destacando a Marc Anthony, con el que tuvo gemelos–, firmó un pacto con el diablo (se rumorea que hay un retrato en el sótano de su mansión envejeciendo por ella), actuó en la Super Bowl y se dedicó sutilmente a verbalizar su deseo de pasar por el altar por cuarta vez con aquella canción que decía Y el anillo pa’cuando.
Tres anillos para los señores Elfos, siete para los Enanos, nueve para los Hombres y cuatro para Jennifer López. Pues bien, el último hasta la fecha llegó después de la pandemia, cuando se reencontró con su viejo amor de juventud y retomaron su relación como si nada hubiera pasado.

Parecería el perfecto cuento de hadas made in Hollywood si no fuera porque se ha sabido que ella adelantó la boda para que no hubiera remake de la espantada, y que se brindó con Coca Cola light, por aquello de que Ben es viejo amigo de Baco y sus zumos de uva fermentada. Como decía un conocido mío, al final, no importa lo famoso que uno sea: todos vamos al retrete igual.
Quien también estuvo de celebración fue nuestro queridísimo Felipe Juan Froilán de Todos Los Santos de Marichalar y Borbón, Pipe para los amigos, Froilán para el resto de la plebe. El cuarto en la línea de sucesión a la jefatura de Estado (gran argumento para los republicanos) celebró su 24 cumpleaños con un fiestón en Marbella que terminó como todos imaginaríamos siendo él el protagonista: a tiros.
En su favor, hay que decir que esta vez no fue culpa suya y no se disparó en el pie: tuvo la mala suerte de que la discoteca donde celebraba su aniversario entre reservados y botellas de alcohol con bengalitas, fuera el escenario elegido para un ajuste de cuentas entre bandas rivales. La reyerta duró poco y por fortuna, nadie se comió los churros en el Más Allá. Aunque sí que hubo cinco heridos entre los cuáles, no estuvo Froilán.
Sin embargo, la noticia sirvió para confirmar la alargada sombra que persigue al muchacho desde hace mucho tiempo: el pobre está gafado.

Mientras Pipe sobrevivía al atentado (y a la resaca), su estimada hermana Victoria Federica continuaba haciéndose un nombre dentro del mundo de la moda. Mejor eso que estar tirada en el sofá esperando a salir de fiesta como la hija de Guti. El nuevo paso en la brillante estrategia trazada por papá, don Álvaro de Marichalar, fue sin duda un must (algo obligatorio en lenguaje de moderno) de cualquier celebrity que aspire al Olimpo: una portada de la revista Hola.
La aristócrata –y quinta en la línea de sucesión al trono, gran argumento para los republicanos– salía montando a pelo un bello corcel negro como la grácil amazona que es (las ventajas de la educación ecuestre) y nos desvelaba sus inquietudes, planes y sueños mientras el resto del país se cachondeaba de ella y del caballo a golpe de tweet y meme, los Hola del plebeyo.
Y a lomos del negro semental de la joven aristócrata llegamos a final de la semana, divididos como buenos españoles: unos cachondeándose de Froilán y otros, de Victoria Federica. Imaginamos que Marichalar padre tendrá hoy lunes más ganas que nadie de celebrar la vida, pues ha conseguido evitar un nuevo marichalazo después de tanto disgusto entre las mofas y el tiroteo.
En fin, Viva la vida, que diría Coldplay.
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