Un despacho de la agencia Europa Press de la semana pasada, que ha pasado bastante inadvertido para la gran mayoría de los medios, informaba que la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, recordaba que hay capas de población que siguen necesitando los servicios de la banca tradicional, pese a la creciente tendencia de digitalización en el sector.
Además, añadió que ningún neobanco se plantea competir por captar el segmento de población con menor competencia digital. Para superar las limitaciones, «se debe seguir potenciando la educación, tanto en competencias digitales como financieras…”.
No me ha parecido leer a quien competía, según su opinión, a) resolver el problema “educativo” para las personas mayores que son las marginadas por la cosa digital, y b) instar a los bancos, y resto de entidades financieras, ya pocas, para que continúen prestando esos servicios, imprescindibles para todos los ciudadanos, incluidos los “disminuidos” digitales.
Solo hay que darse una vuelta por la ciudad para comprobar que tal o cual banco “solo atiende con cita previa”, para lo cual hay que tener teléfono o internet. Aquel otro solo acepta el pago de recibos de 9 a 11, servicio que han asumido de empresas y organismos –que no lo prestan, pese a ser los generadores de los recibos– y a quienes deberían facturar el coste de esa tarea. En algún que otro caso, los menos afortunadamente, los cajeros automáticos solo están en el exterior, sin reserva ni protección. Si deseas llevar tu “contabilidad” en el tradicional soporte que es la Libreta de Ahorros, cuando acaban sus páginas y pides la siguiente hasta hay de abonar una comisión. A mí, incluso, me asignaron un gestor personal que estaba situado físicamente en Madrid: es verdad que no necesito conocerlo para mis trámites, pero preferiría tenerlo algo más cerca.
No hay más verdad que los tiempos cambian, y nosotros hemos de hacerlo con ellos, y que las entidades financieras siempre han sido líderes en el progreso tecnológico; su ritmo no todos los clientes pueden seguirlo. Y los sistemas y fórmulas tradicionales de tratar el dinero son ya historia, como las Cajas de Ahorros que eran las prestadoras más comunes de esos servicios basados en el contacto personal.
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