Vaya si terminó y de qué forma. Y lo peor de todo eso, es que todavía no ha terminado. Las cuatro jornadas restantes, hasta que finalice esta temporada 2016-2017, se van a hacer insufribles, y todavía más si contamos que de ellas dos se deben disputar como local en el estadio Rico Pérez. Si de nada valen los llamados «minutos de la basura», más intrascendentes y tediosos pueden resultar los llamados «partidos de la basura», cuatro encuentros que no servirán absolutamente para nada, simplemente para encrespar los ánimos y el talante del personal, que ha quedado totalmente defraudado después de la penosa y paupérrima temporada que ha hecho el equipo.
La derrota de este pasado fin de semana frente al filial del Villarreal por 2 tantos a 1, ha servido para perder cualquier opción de llegar a jugar los Play Off de ascenso, y gracias a los puntos sumados en la primera vuelta, porque a tenor de las matemáticas, si la liga se hubiese disputado solamente con los puntos de esta segunda vuelta, entonces estaríamos hablando incluso de posibilidades de bajar de categoría.
Dejando al margen si el Hércules no ha quedado primero, y si no ha llegado a meterse entre los cuatro primeros, habría que preguntarse qué es lo que ha sucedido. Sin tener un presupuesto fabuloso, el del Hércules era uno de los más elevados e importantes de la categoría. Más pronto que tarde, incluso sin llegar a dejar que finalice la Liga, habría que comenzar a preguntarse ya el por qué de lo sucedido. Proyecto, inversiones, planificación. Resulta inverosímil el batacazo que nos hemos dado, desde los propios despachos hasta en el propio terreno de juego. Aunque digan que los jugadores estaban abstraídos y a lo suyo, es evidente que el vía crucis vivido el último mes y medio ha afectado a todos los estamentos del club. Se ha salvado a última hora la supervivencia del club, pero deportivamente todo se ha despeñado.
Mala planificación. Jugadores caros por los que se hizo un esfuerzo, que apenas han jugado por estar más lesionados que en activo. Delanteros que han metido menos goles que defensas. Un entrenador despedido que se debió ir dos meses antes, y un sustituto que simplemente le parecía al anterior.
Solamente cabría decir aquello de: «el año que viene más». Hay que bajar la persiana y lograr armar un nuevo proyecto con ilusión renovada y más acierto.
Este año mientras vivamos las Hogueras, no estaremos como en tantas ocasiones con la mente puesta en los partidos de promoción a Segunda A.
La fiesta ha terminado y lo más amargo, como decía es la apatía con la que se va a afrontar esta última recta de la liga, donde se jugará para nada y para quedar simplemente en eso, que llaman «tierra de nadie» ni por abajo, ni por arriba.
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