Una publicación de la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante

Palabreando

Apunteando

Fotografía de Álex Domínguez.

Siempre pasa igual, uno va a querer cruzar una calle aglomerada de gente con esos interminables semáforos donde puedes pasar varios años de tu juventud esperando a que cambie a verde para el peatón, cuando dices: «bueno venga ya» y le das al botón del peatón, esa especie de botón de teleasistencia de la Cruz Roja para que las personas mayores no se sientan solas y se sientan protegidas. En mi época de servicio social sustitutorio vi el maravilloso trabajo que realizaban las 24 horas del día; bueno que me voy del tema. Nos habíamos quedado en que le das al botón del peatón y es, ¡vaya por Dios!, cuando no pasa ningún coche y ya no sabes si esperar o cruzar antes de que el conductor de turno te señale con el dedo como diciendo. «te hemos visto todos, has sido tú el que ha armado más lío que los semáforos del Tram en cualquier cruce que se precie».

Por cierto, si alguien se ha parado a cruzar por la vía del Tram y ve que el semáforo está en verde, lleve cuidado, que cambia a rojo casi cuando te está pasando por encima del paso.

Recuerdo cuando iba a casa de mis tíos, al campo que le llamábamos, que se encontraba detrás de ese edificio abandonado e inservible de la Policía Local de la Playa de San Juan (ahí los okupas no tienen valor de entrar), que entonces, que no existían los móviles ni se les esperaba, ni se les imaginaba, había un hombre que, cuando miraba su reloj e iba a pasar el antiguo trenet, tranquilamente, cogía la cadenita y la ponía y ¡a esperar a que pasara!

Tú rezabas por llegar al campo antes de que el encargado del paso a nivel se levantara de su silla de pescar para colgar la cadenita porque, como te pillara justo en ese momento, ya podías llorar que, al no haber tecnología, todo era así como que debe de estar a punto de pasar. Y es cuando el significado de «a punto de» cobra otro sentido para el resto de tu vida; y ya lo aplicas para siempre a la vida diaria con las típicas frases de estamos a punto de salir, estamos a punto de llegar, la comida está casi a punto y así ejemplos mil dando a entender que no, que lo único que estás a punto es de perder la paciencia porque el trenet no pasa. Llevamos media hora, está a punto de ponerse el sol y no podremos llegar a jugar al fútbol, que llegaremos a la hora de la merienda y, después, como solía ser domingo, cuando terminabas estabas a punto de regresar a casa, bueno eso de a punto, por supuesto, si a la vuelta el señor de la cadenita no te la volvía a jugar y volvías a estar a punto de todo otra vez.

Luego, con el tiempo, al señor «A punto de» lo sustituyeron por dos barreras, una a cada lado de la vía, de esas rojas y blancas que se levantan y bajan solas, pero que cada dos por tres estaban rotas, o se enganchaban, o no bajaban y era cuando acercabas el coche para cruzar pensando, ¿habrá pasado justo hace un momento o estará a punto de pasar?

(Fuente: Freepik).

Lo dicho. Aunque luego también está el punto picante de poner «a punto de» a tu pareja que, bueno, a lo mejor ese a punto se queda en coma o punto final, pero esa es otra historia.

Pero para aglomeraciones, las de la Santa Faz. Nosotros fuimos el sábado, por supuesto después de mi paso por Urgencias porque ya nos echábamos de menos y no era cuestión de perder las sanas costumbres de este año que llevo, o que me lleva; pues allá que nos plantamos, hicimos una mini romería, mega mini desde la Playa de San Juan, pero es que como vivimos allí para que íbamos a tomar carrerilla. Bueno, el caso es que llegamos y había cola, por supuesto; hacía una tarde preciosa y estaban a punto de comenzar la misa, pero aún así nos dejaron pasar, así, en fila, despacico. Y cuando llegamos, a punto de entrar, en la misma puerta, dos señoras de edad tan avanzada que si las pilla la Guardia Civil las multa, le preguntan al encargado para tal fin si se podía pasar. El chico, muy amable, pero ya algo cansado de aguantar allí a la solana, les respondió que sí; y van y como hacen muchas personas mayores en la panadería que están en la cola y se te cuelan con todo el morro, pues vamos Paquita, vamos para dentro; así, como si la cola fuera invisible, como si la plaza estuviera vacía y las vallas que había delante de ellas no existieran, que ellas lo valían y que ellas entraban ya mismo.

Menos mal que hubo momento de reacción generalizada, de miradas aviesas a pesar del momento culto, que vamos, que a punto estuvo de armarse la marimorena pero que, al final, las mozas se fueron para atrás en una fila de devotos donde, vuelvo a insistir, era el momento idóneo no para repartir ni mistela, ni rollitos de anís, ni cañas, ni olivo, ni gorros de publicidad; no, con el público que allí en su mayoría se encontraba, tanto dentro como fuera, era el momento, Barcala, patinetes para la tercera edad; ese era el momento idóneo, allí habían más años que estrellas en la galaxia.

Luego, ya dentro del templo, por supuesto repleto de gente esperando la misa, ya se caminaba a más velocidad porque el cura estaba calentando, a punto de salir para darlo. De hecho, uno que se fija en todo, dos mujeres que también se encontraban cerca de la Verónica hacían gestos al de fuera como diciendo: «pero cierra ya, corta, que la misa está a punto de comenzar y no se puede dar con toda la fila pasando por en medio, que esto no es la cola del Spar o del Mercadona o similares». (No me pagan publicidad, sólo se me ha ocurrido poner esos nombres).

También hay que decir que la peña, como sucede en los centros comerciales, no sabe cuándo tiene que seguir andando y siempre hay alguien que hace tapón, como cuando subes o bajas en las escaleras mecánicas y la peña se para justo al final como si hubieran llegado a la orilla de la playa y el agua estuviere helada. Pues ahí se paraba la gente a la entrada del camarín y ni se podía ni avanzar ni, por supuesto retroceder, seguro que habría alguno o alguna a quien estaba a punto de darle un jamacuco porque dentro hacía mucho calor y con la aglomeración de gente daba un poco de agobio.

(Fuente: Patronato de Turismo de Alicante).

Aunque también hubo quien se bañó en el agua, porque la gente es muy valiente y se apunta a todo aunque el agua no esté precisamente tibia. Pero bueno, gente por todos lados, la feria abarrotada, los puestos de venta ambulante haciendo su agosto; un servidor, como siempre que va, se compra un báculo de madera donde se graba la fecha y el año, me lo tomo como tradición y es que cuando uno ha visto la película de Los diez mandamientos de Moisés (Charlton Heston) que lleva uno y abre las aguas con él así como si nada, y claro uno vive cerca de la playa y nunca se sabe si se compra el bueno, como el billete dorado dentro de la chocolatina de Willy Wonka que da el pase a la mágica fábrica de chocolate.

Lo cierto es que la seguridad del recinto era impecable aunque también es cierto que el dispositivo policial pidiendo a la gente joven que abriera sus mochilas por si acaso no lo vi demasiado bien; y mira que a mí, cuando tenía pelo, me paraban por lo mismo y nunca me gustó ni lo vi necesario porque eso de elegir al azar muchas veces no parece serlo tanto y bueno, total, si luego el mundo real está lleno de chorizos y chorizas a niveles de política y ahí no pasa nada; ¡y que no pase nada! porque el mundo, con todo ese juego de guerra, me lo tomo como la típica partida de ajedrez donde son los peones los que siempre acaban perdiendo mientras la fila de atrás se dedica a organizar la partida.

Lo dicho, que uno es devoto de la Santa Faz y que siempre que puede va a visitarla, no es necesario que sea el jueves, puede ser cualquier otro día del año. Eso sí, miren los horarios, que más de una vez me he quedado en la puerta porque ese día no abrían.

Y ahora, a enfilar el primero de mayo y el Día de la Madre, pero eso dará para otro palabreando porque hoy, ahora, con tanta complicación, tendrá su jugo.

Recomendación literaria, Cegado por el sol (HQÑ) de Marisa Ayesta, no se lo pueden perder.

Recomendación musical, por el momento de culto el Adagio de Albinoni, una preciosa obra de música clásica.

En fin, que ustedes lo lean, lo pasen y  lo paseen bien.

Bruno Francés Giménez

Escritor de serie B.

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  • Pido a la Santa Faz por tu salud y elogio tu consejo literario animando a leer ‘Cegado por el sol’, la nueva novela de nuestra admirada escritora Marisa Ayesta. De paso, aprovecho para empujar a disfrutar, como yo lo hago, de tu reciente ‘Cascabelario’. Un abrazo.