El ‘Milagro de la Lágrima’ de la Santa Faz, otro signo para que se conviertan al catolicismo los que creen que todo acaba con la muerte.
Seguidores de ‘El Hormiguero’ vimos, hace unos días, cómo ganaban (3-2) los agnósticos-ateos tertulianos Luis del Val, Nuria Roca y Cristina Pardo a sus compañeros de mesa creyentes, Tamara Falcó y Jesulín de Ubrique. Pablo Motos les provocó para que opinaran sobre su creencia en Dios y en el más allá. Así, sin más, a bote pronto. Pues bueno, incluso puede que el 60 % de negacionistas, frente al 40 % de afirmacionistas de la tertulia se corresponda con la población en general, toda vez que el pasado pancatolicismo de España se ha laicizado a marchas forzadas en buena parte por culpa no de la Iglesia sino de los eclesiásticos.
Hace poco escribía yo aquí que “a pesar de la muerte, somos inmortales. A pesar de las guerras, somos inmortales. Es verdad que la muerte nos iguala a todos, como escribieron, entre otros, esos dos monstruos de la literatura que fueron Jorge Manrique y Calderón de la Barca. Pero también nos iguala la inmortalidad. Se equivocan los que creen que con la muerte se acabó todo y para siempre. Los que niegan la eternidad son unos vulgares (o eminentes) ateos que ni han profundizado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, ni se han tomado la molestia de estudiar a fondo los milagros que se han producido a lo largo de la historia del Cristianismo, en especial los que tienen como protagonistas a Jesucristo y a la Virgen María”.

Acabamos de celebrar, en Alicante, los festejos en honor de la Santa Faz, que tienen una tradición de 532 años. La sagrada reliquia traída de Roma en 1488 por el párroco de la vecina localidad de San Juan, Pedro Mena, fue sacada en procesión el 17 de marzo de 1489 a petición de los feligreses de la Huerta de San Juan, Muchamiel y Alicante para pedirle poner fin a una sequía prolongada que diezmaba las cosechas.
La comitiva se dirigía en rogativa hacia el Monasterio de los Ángeles, ubicado en Alicante. Portaba el santo lienzo el padre Villafranca, quien, “al llegar la comitiva al Barranco de Lloixa, a un cuarto de legua de San Juan, sintió un grave peso en las manos, pidiendo a voces que le ayudasen. Se acercaron muchos de los acompañantes y todos pudieron ver que del ojo derecho de la Santa Faz salía una lágrima que corriendo hasta la mejilla se paró en ella”.
Así lo cuenta el canónigo historiador Federico Sala Seva que recoge datos del cronista Viravens: “Uno de los acompañantes, caballero alicantino de la familia ‘Pascual’, queriendo cerciorarse de la realidad de la lágrima, la tocó con sus dedos. Tan impresionado quedó el caballero que dio testimonio del hecho toda su vida llevando un dedal de plata en el dedo que estuvo en contacto con dicho portento. También solicitó de la Casa Real que a su noble apellido se uniera el ‘de la Verónica’, lo que le fue concedido y aún lo usaban en 1989 los Pascual del Pobil, Barones de Cortes y de Finestrat”.

Todos los alicantinos (o casi todos) conocemos la historia del Monasterio de Santa Faz, que primero fue sólo una capillita atendida por monjes Jerónimos, los mismos que cuidaron del extremeño Monasterio de Yuste, donde se recluyó Carlos I de España y V de Alemania, nieto de aquellos Reyes Católicos que gobernaban la flamante nación española, unión del Reino de Castilla y de la Corona de Aragón cuando llegó el lienzo de la ‘Fas Divina’ a Alicante. De un gran navegante al servicio de Carlos V, Juan Sebastián Elcano, hay memoria en nuestro monasterio. El marino que primero dio la vuelta al mundo era devoto de la Santa Faz alicantina, y a ella dejó una parte de su herencia en testamento, que no se cumplió tras morir en el Pacífico cuando intentaba la segunda vuelta al globo terrestre. Murió rezando ‘Fas Divina, misericordia’. Se perdió entre papeles del Museo Naval el testamento hasta ser descubierto por el almirante alicantino Guillén Tato, que logró hacerlo cumplir en 1944 y de ello queda memoria en los muros de la iglesia de Santa Faz.
El ‘Milagro de la Lágrima’ de la Santa Faz es otro signo para que se conviertan al catolicismo los que creen que todo se acaba con la muerte. A Juan Sebastián Elcano le ayudó para hacer más tranquilo y hermoso su tránsito a la otra vida, lo mismo que esperan Tamara Falcó y Jesulín de Ubrique y que yo les deseo a Juan del Val, Nuria Roca y Cristina Pardo. Bueno y a todos ustedes. Amén, que quiere decir así sea.
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Muy documentada esta reseña de la San Faz. Los tiempos actuales son láicos porque la vida actual es menos dura que antiguamente, que no había médicos ni medicinas ni nada de nada y las epidemias campaban por el mundo a sus anchas. Un abrazo.
Querido tocayo: gracias por tus palabras. Tú y todos los que nos ocupamos de la riqueza histórica de nuestra maravillosa humanidad (también con sus miserias) colaboramos a elevar el nivel cultural de nuestro tiempo tan castigado con personajes y personajillos que se han apoderado del poder político y se empeñan en ignorar, cuando no a destruir, el pasado que conformó el presente, Un pasado que fue y seguirá siendo también religioso. El hombre fue siempre un ser religioso. Incluso lo es el (hijo de) Putin que hemos visto en un acto religioso de Semana Santa, junto al patriarca ortodoxo Cirilo, para vergüenza del Cristianismo. Claro que eso de matarnos los unos a los otros, incluso en nombre de Dios, no es nuevo. Un abrazo.
Un artículo muy interesante y bien documentado
Es necesario que los que somos católicos defendamos nuestra fe.
Pilar: gracias. Verdaderamente es importante defender el Cristianismo. Estoy convencido de que es la mejor (no la única) manera de defender los valores humanos y destapar las mentiras de los materialistas encabezados por los comunistas y una gran masa dominada por el relativismo vacuo y alienante. Un saludo cordial.
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