El mundo es un pañuelo de redes y lo mismo da que estés en Filipinas como en mi pueblo de Frigiliana, siempre te encuentras sorpresas cuando husmeas en Internet.
La revista hispano-filipina Perro Berde la edita el Instituto Cervantes de Manila, y se distribuye gratis en la Embajada de España en Filipinas que, por cierto, la biblioteca de ese instituto cervantino lleva el nombre de nuestro poeta Miguel Hernández desde 2010, año del centenario de su nacimiento. Esta revista Perro Berde, tiene una exuberante calidad literaria en castellano, y cuyo título me recuerda a aquella revista que dirigía Pablo Neruda en Madrid, en 1934 (aunque la imprimía Manuel Altolaguirre y la buenaza de su mujer, la poeta del 27, Concha Méndez), titulada Caballo Verde para la Poesía, donde Hernández publicara “Sino sangriento” un solo poema, y no dos como han comentado otros estudiosos hernandianos. Cuando Ramón Sijé leyó este poema de poesía impura exclamo: «¡qué horror, Pablo y selva, ritual narcisista e infrahumano de entrepiernas, de vello de partes prohibidas y de prohibidos caballos!». (Juan Cano Ballesta 1962: 38). La revista tiene una frecuencia anual (excepto el primer número que fue semestral) y habla de cultural, literatura, arte y civilización tanto española como filipina, en español, inglés y tagalo.
El último número es de 2016 y se encuentran indexados en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, con sede en la Universidad de Alicante.
La redacción de esta revista hispano-filipina Perro Berde se presentan como unos “bichos raros” como lo es un perro verde en literatura, arte y ensayo, y escriben:
«Hoy en día hace falta ser más raro que un perro verde (o berde, que es como se llama en tagalo a ese color) para publicar una revista en español en Filipinas. La lengua de Gil de Biedma, de Bioy Casares y de Balmori lleva ya varios lustros moribunda y casi enterrada en el archipiélago de las siete mil islas. Entonces, ¿por qué este empecinamiento resurgiría así, a las bravas, en formato de revista cultural? ¿Por nostalgia? No. Más bien, incluso, por todo lo contrario. Como todo el mundo sabe, el español y la cultura española forman parte consustancial de la historia filipina, y a la inversa».
Entrevista a Juan Gelman en la revista Perro Berde.
Estaba yo «tableteando» (buscando en la tablet) temas sobre el poeta argentino Juan Gelman, Premio Cervantes 2007, cuando por casualidad me topé como un tren contra una topera ferroviaria, con la revista Perro Berde (que es como se escribe en tagalo al color verde, con “b”), en el número 00, (junio-diciembre 2009) le hacen una entrevista al citado poeta argentino, que ha acumulado todo los premios habidos y por haber.
Bien, retomando el tema de Juan Gelman, estos «perroberdenianos» (con todo mi cariño) le hicieron un dossier con entrevista a Juan Gelman que aparece en las primeras páginas con el título: “17.531,52” que son los kilómetros existentes entre Manila y Buenos Aires, como quien no quiere la cosa. Además publicaron poemas inéditos de Gelman en castellano y traducidos al tagalo o tagalog, que es la base del filipino (una amalgama de todas las lenguas de Filipinas, con posibles influencias del tagalo más el inglés y otras de origen hispano). Estaba Gelman en México y fue invitado al Día Internacional del Libro del Instituto Cervantes de Manila. ¡Qué pequeño es el mundo cuando se mide en versos, en párrafos, o en la lengua de Cervantes! Y es cierto lo que dice Perro Berde, Gelman estuvo en Manila entre el 23 y el 25 de abril de 2009, jornada que se inauguró a cargo del poeta argentino Juan Gelman, y la noche de los libros el 24, y cerrando con esta jornada de puertas abiertas y un mercadillo de libros, en el que se ofrecerán, por un precio simbólico, grandes cantidades de libros.

En la revista, a preguntas de Juan José Sanz del Álamo, Gelman responde dolorosamente sobre el secuestro por militares argentinos de su hijo Marcelo Ariel y de su nuera María Claudia que estaba embarazada:
«En mi caso personal, desde 1977 tuve la información de que mi hijo, 20 años, y su mujer de 19 habían sido asesinados, pero que un hijo o una hija de ambos había nacido en cautiverio. Gracias a la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense pude dar sepultura a los restos de mi hijo Marcelo en 1989. La palabra desaparecido es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de la víctima, su tortura, su asesinato y la desaparición de su cadáver. Los militares querían borrar al desaparecido de su historia y de la historia…»
Este indignante caso contra los Derechos Humanos lo dejo aquí, esbozado, y si el lector desea más información ya sabe que lo tiene todo en Internet.
Un poema del poeta filipina Marra PL. Lanot
Me permito mostraros un poema de Marra PL. Lanot, en español y en tagalo. Es una poetisa, ensayista, traductora y periodista. Imparte clases de cinematografía en la Universidad de Filipinas y trabaja como editora literaria de la revista Philippine Graphit. Ha escrito cuatro obras poéticas, entre ellas Passion & Compassion, Witch’s Dance y Ridingthe FuII Moon. Participó en el Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Orilla del mar (fragmento)
Volveré a pasar por la orilla del mar
donde paseábamos
al comenzar el atardecer.
Volveré a sentir el viento
y recoger conchas,
manoseándolas como si fueran
un rosarlo de recuerdos.
Se vislumbra aún en la arena
el corazón que él dibujó,
prueba de la promesa arrebatada por la ola.
Tabing-dagat (traducción al tagalo debe sonar muy bien)
Muli kong baybayin ang tabing-dagat kung saan kam i’y namasyal sa gilid ng dapithapon. Muli kong dadamhin ang hangin at pupulutin ang mga sigay, sasalatin ang mga ito na tila rosaryo ng mga gunita. Naaaninag sa buhanginang ginuhit niyang puso, tatak ng pangakong tinangay ng alón.
Un curioso relato del escritor filipino Juan Echánove
Os dejo un extraño y maravilloso relato del escritor y cooperante filipino Juan Echánove titulado «En las selvas de Zamboanga» (5 de mayo, 2007), que forma parte de El cuaderno insular, publicado en el número 00 de Perro Berde:

«Los indígenas sibuyem de Zamboanga de Sur nos recibieron untándonos las manos de sangre de pollo. El chamán nos invitó a ingerir por una pajilla de bambú el bebedizo de hierbas de alta graduación contenido en una gran marmita de la dinastía Ming (fruto de los tratos comerciales con China antes de la colonización española). Joviales, bailamos las danzas tribales, al ritmo monótono y por eso mismo agotadoramente místico del gong. A continuación partimos a caminar por la selva acompañados de media tribu. Nos sumergimos en calzones en una pequeña cascada entre el follaje. De regreso, los campos de arroz resplandecían a orillas de la senda como mares de seda. El sol de la tarde se resbalaba por las tupidas laderas. Todavía atrapados en la nebulosa inconsciente de lo que habíamos bebido, nos reunimos con los ancianos y los jefes de otros poblados para discutir el proyecto de desarrollo. Nos hablaron del gran águila que protege la cumbre del monte santo y del brujo muerto hace veinte años cuyo cuerpo permanece incorrupto en una de las cabañas de la aldea. Mencionaron también a las compañías mineras que arrasan el monte, los alcaldes que les estafan. Por la noche, nueva ingesta del rústico soma, más baile y a dormir la mona en el mismo gran palafito de bambú donde se celebraba la fiesta. Para tranquilizarnos, el anciano jefe del poblado nos recordó que permanecerían despiertos cuidándonos, por si se presentaba la guerrilla islámica, y así morir todos juntos. A la mañana siguiente, sin resaca de ningún tipo, aunque embotados tras la noche casi en vela, disfrutamos de las vistas de la montaña sagrada entre el vapor denso del amanecer selvático. Regresamos a Cagayan de Oro, tras nueve agotadoras horas de viaje cruzando puestos de control militar. Enseguida supimos que acabamos de dejar atrás una parte de nosotros».
Conclusiones
Fomentar el español (el idioma de Cervantes) en estos tiempos de Internet, en que como dije al principio el mundo es un pañuelo de redes, en la antigua colonia española de Filipinas lo considero más que una curiosidad un acierto, y que estos filipinos digan con orgullo por el mundo que su país lleva el nombre del rey Felipe II, lo veo como una forma de añoranza después de más de 125 años del último de Filipinas.
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Estoy totalmente de acuerdo Ramón:
Tenemos una lengua , fantástica de una gran riqueza y precisión en sus vocablos, es hermoso que en Filipinas se valore tanto el español.
Nuestro idioma es ideal para la poesía. La gran poeta filipina biligüe Marra PR. Lanot decía que el idioma español se sonaba muy bien
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