No me gusta la orina del enfermo: ni el color ni el olor. El paciente se llama España y habrá que someterla a varias pruebas para hacer un diagnóstico preciso como paso imprescindible antes de poner un tratamiento. Más que de los resultados del análisis de orina habrá que estar pendientes del de la sangre y de lo que nos digan las radiografías y el TAC. Más que la crisis del coronavirus tiene que preocuparnos el estado de la nación en su conjunto y más desde que el inestable Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos se nos antoja un cáncer de difícil curación.
A perro flaco todo son pulgas. Se acumulan los problemas. A esta España necesitada de vitaminas y hasta de una transfusión urgente, Pedro Sánchez no solo no le inyecta fortalecientes sino que la deja zarandear y debilitar por sus tradicionales enemigos, los independentistas, y hasta por sus propios socios, los unidopodemitas Iglesias y Garzón.
Torra, títere de Puigdemont, el fugitivo de la Justicia española pero eurodiputado (qué vergüenza de UE), sigue erre que erre con la república catalana y contra la ayuda sanitaria de militares y guardias civiles. Y Pedro Sánchez traga que traga.
Oriol Junqueras (desde la cárcel) da la consigna a sus diputados en Madrid, con otro títere llamado Rufián a la cabeza: “Hay que poner a Sánchez de cara a la pared”. Y Pedro Sánchez traga que traga.
Urkullu pide a los nacionalistas vascos que saquen ikurriñas a los balcones (señalando a los no nacionalistas) y pide a los sabinistas -de Sabino Arana, el infausto gran racista vasco- que pongan banderas en los buzones de sus vecinos para hacer más presión a los españolistas. Se ríen de la Constitución y de Sánchez y de su vicepresidenta primera, Carmen Calvo, ‘valiente’ contra el PP, cobarde con vascos y catalanes independentistas. Y Pedro Sánchez traga que traga.
Garzón, en plena crisis de pandemia del coronavirus, se dedica a tuitear mofándose de Jesucristo, que murió en una cruz por defender ideales de hermandad, libertad e igualdad. Mientras, su camarada comunista Iglesias, compañero de Gobierno, se lleva al huerto a Sánchez ‘el mentiroso y el insomne’. Y Pedro Sánchez traga que traga.
Lo de Pedro Sánchez tiene visos de enfermedad genética. Ha sido capaz de cargarse a todo el aparato socialista de los barones de antaño, con Felipe González y Alfonso Guerra a la cabeza, y es incapaz de mover un dedo en defensa de la dignidad de un partido político centenario frente a enemigos de España tan significados como los independentistas catalanes y vascos y los comunistas.
¿Qué tecla cerebral o mental le habrán tocado para que se sienta agradecido a todos estos colectivos antiespañoles? ¿Es solo porque le auparon para ser presidente? ¿Es que es eso lo único que le importa por más que le humillen? ¿No les parece vergonzoso? Le pide lealtad a la oposición constitucionalista mientras él se hace cómplice de inconstitucionalidad aliado o protegido por (incluso vendido a) los votos de los anticonstitucionalistas partidarios de romper España, entre ellos Iglesias y Garzón.
Llamó “indigno” Sánchez al entonces presidente Rajoy en un debate televisivo de máxima audiencia para ganarse los votos de las juventudes socialistas de las que parece no haber salido él, todavía, dada su acreditada falta de madurez política. ¿No debería mirarse al espejo y preguntarse si además de guaperas es un digno presidente? Puede que no haya un presidente más guapo que él (espejito, espejito), pero ¿qué hay de la dignidad?
Ser alto, guapo y hasta elegante pueden ser méritos (acaso requisitos) indiscutibles para triunfar como modelo, pero España no es una pasarela para la moda. ¿Qué le falta a Sánchez para ser un hombre de Estado? Agallas para coger el toro de España (que no es el de Osborne junto a las carreteras) por los cuernos y ser fuerte y dominador para no recibir más cornadas de unos insensatos independentistas y podemitas a los hay que reducir a sus justos términos en lugar de permitirles adueñarse del ruedo ibérico. Hago votos porque el futuro de Sánchez sea un brindis a toda España y no un brindis al sol. Aunque me temo que mis votos no van a servir para nada ante el sometimiento del presidente al chantajista vicepresidente bolivariano Iglesias, ambos en busca de otros votos, votos electoralistas subvencionados, pero no con el dinero de sus partidos, sino con el de todos los españoles.
Sánchez tiene que aprender del viejo proverbio chino: “mejor que dar pescado es enseñar a pescar”. Mejor que la limosna de 500 euros de renta vital a desfavorecidos es apoyar iniciativas emprendedoras y a las empresas pequeñas y medianas para crear puestos de trabajo y que esos desfavorecidos, como mínimo, perciban el salario mínimo interprofesional que duplica los miserables 500 euros compravotos, pero que no generan riqueza ni bienestar. Esa renta mínima solo se justificaría para un tiempo de transición mientras se supera la crisis actual con medidas profundas para creación de empleo por el tejido empresarial, ese que persiguen con saña ideológica los comunistas de Podemos, los aliados de Pedro Sánchez. Eso lo saben en primero de Ciencias Económicas, en las que es doctor (parece mentira) el señor Sánchez.
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