DESPUÉS DE MUERTO. Los felices años locos. 1925.

Comienza 1925 y los diarios de la época no lo inauguran con titulares de buen augurio...En medio del tedio, una historia de tintes surrealistas llama la atención del lector: la lluvia de millones del gordo llega al camposanto y sus moradores. ¿Cómo? Te lo cuenta Benjamín Llorens.

Diario de Alicante. 1925Dos nocheviejas después del golpe militar de Primo de Rivera que dió paso a la dictadura del mismo nombre, el Diario de Alicante (en su primera edición del año 1925) abría portada con un editorial de “Año Nuevo” poco optimista:


“El año recién nacido no nos trae ni una esperanza, ni una ilusión, ni una promesa de mejor vida y de un futuro mejor...”


A pesar de la previa censura militar a la que estaban sometidos todos los periódicos, Emilio Costa, director del Diario subrayaba:


“Aquí todos los años son viejos, todos son igualmente tristes, grises y monótonos. En este país hasta el tiempo se ha hecho caduco”.

Vista aérea de Alicante en 1925. Foto: Gustave Flandrin

Vista aérea de Alicante en 1925. Foto: Gustave Flandrin


La desesperanza cundía incluso públicamente. El caso es que durante aquellos días de invierno en los que se despedía el año y se recibía al siguiente, en los bares, cafeterías y mercados de Alicante no se hablaba de otra cosa que del “macabro episodio loteril” protagonizado después de muerto por “Colilla”, popular personaje del Alicante de entonces que vivía en la calle de la Huerta, en pleno barrio de San Antón.


El sorteo del Gordo navideño había dejado en la terreta una lluvia de millones con el segundo premio y otros menores. El Diario de Alicante, haciéndose eco del run-rún en los corrillos, publicó un “a modo de resumen” de lo que se comentaba por la calle. Los demás periódicos (El Luchador, El Día, El Tiempo) no le daban a la historia mucha verosimilitud y arremetían contra el Diario. La polémica en la prensa alicantina avivó los comentarios y chanzas sobre dicho episodio.


El tal Colilla era un tipo alegre y bullicioso, tocado con un gracioso sombrero cordobés y “subidito de tono” por el alcohol. Allí donde había una banda de música, allí estaba Colilla con su inseparable bastón marcando el compás de la música. Divertido y alegre. Pero, de repente, un soponcio se lo llevó por delante. Como gozaba de muchas simpatías, el velatorio fue un desfile de amigos y conocidos ante los que la desconsolada viuda no se cansaba de exponer la triste situación económica en que quedaba la familia. Entre pésame y pésame apareció por el velatorio un amigo de Colilla que al expresar sus condolencias a la viuda (y según el Diario de Alicante) le dijo:


-Yo lo quería mucho y he sentido su muerte como la de un hermano; pero el pobre al morirse la dejó a usted arregladita ¿no? Por única vez en su vida le ha dado una verdadera alegría.


La viuda debió pensar que era una broma de mal gusto.


-Pero ¿usted no lo sabe? Le ha tocado la lotería. Jugó conmigo el mismo día que yo compré unas papeletas, tres papeletas, y están premiadas. ¡Le han tocado tres mil duros!
¿Para qué decir más?, ahora el soponcio casi le da a la viuda, que aquel día apenas tenía para poner el puchero a la lumbre.


De inmediato comenzó la “operación búsqueda” entre ropas, enseres y cajones del difunto Colilla. Pero ni rastro de las papeletas. La viuda pensó y pensó hasta que cayó en la cuenta de que lo único que le faltaba por registrar era al propio difunto y el traje que le sirvió de mortaja.


Todo el vecindario de la calle de la Huerta apoyó a su vecina en la demanda ante la autoridad competente para que se diera luz verde al levantamiento del cadáver. Era lo que se comentaba en todos los corrillos de la terreta.

Diario de Alicante. 2 de enero de 1925.

Diario de Alicante. 2 de enero de 1925

 

El relato subía de tono al describir cómo Colilla fue “mareado y zarandeado” aún después de muerto. Finalmente hubo “bingo” y entre las ropas del finado aparecieron las tres papeletas, en poder de Colilla hasta más allá de la vida. De inmediato pasaron a las necesitadas manos de la viuda, quien de desconsolada transmutó en viuda alegre, trocándose los pésames en felicitaciones.


El asunto dió que hablar en tertulias y corrillos de todos los ambientes sociales de Alicante. La polémica en la prensa continuó unos días, no demasiados, hasta que otros temas surgieron a la palestra y el “macabro episodio loteril”, como lo tituló el Diario, fue quedando en el olvido y las rencillas periodísticas también.
La censura previa continuaba con su trabajo y se vislumbraba un año “igual de gris que el anterior, sin soles de alegría”.
Era Alicante, enero de 1925.


Fuentes e Imágenes:


-Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica

-Diario de Alicante


-El Luchador


-El Día


-El Tiempo


-Archivo Municipal de Alicante

-Biblioteca Nacional de España.

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