EL AYUNTAMIENTO SE VA A PIQUE POR EL PESCADO. Los felices años locos. 1924.

 Benjamín Llorens relata cómo en 1924 el puerto de Alicante se convertía en motivo de enfrentamiento entre los poderes públicos de la ciudad, que acababa con dimisión del consistorio. Después de casi 100 años, su uso y finalidad sigue siendo motivo de desencuentros y polémicas a tenor de lo acontencido esta semana con la visita del presidente autonómico Ximo Puig. Y parece que fue ayer...

Comenzaba diciembre de 1924 y se cernía sobre la terreta una importante crisis de gobierno en el ayuntamiento. La chispa que encendió la mecha venía del mar, se trataba del transporte del pescado que se descargaba en el muelle, frente al parque de Canalejas, desde la Lonja (actual sala municipal de exposiciones), situada en terreno con jurisdicción de la Junta de Obras del Puerto (JOP) hasta el Mercado de Abastos y las estaciones ferroviarias.
El pescado salía de la Lonja y se paseaba por la ciudad, camino de los mencionados destinos, en arcaicas carretas tiradas por animales. El ayuntamiento, para evitar el espectáculo y los malos olores, decidió que la ciudad no tenía que sufrir por culpa del transporte "a la antigua" e impuso que el traslado del pescado se hiciera en camión y lo más refrigerado posible. Resultaría mucho más rápido e higiénico para los alicantinos.
Y aquí estalló el follón.

Antiguo puerto pesquero, a la derecha la Lonja, al fondo los astilleros (hoy Club de Regatas). Colección L. Roisin.


El director de la JOP, Luis Sanchez Guerra, se opuso a la solución municipal del camión esgrimiendo la competencia del Puerto en el terreno que ocupaba la Lonja, a la par que una posible pérdida de puestos de trabajo entre los transportistas de pescado. Prohibió el paso del camión por los terrenos de su competencia, los del Puerto.
Al ayuntamiento y al alcalde Miguel Salvador los argumentos de la JOP les parecieron de lo más peregrinos. El caso es que como estábamos en plena Dictadura de Primo de Rivera había una autoridad superior, la del gobernador civil y militar de Alicante general Cristino Bermúdez de Castro. Y a su arbitrio se sometieron ambas partes. No había más remedio. De un lado estaban los intereses de la ciudad, representados por el Ayuntamiento en pleno, y de otro los del Estado, representados por la junta portuaria.

Fachada principal de la antigua Lonja, actual sala de exposiciones (AMA).


La lógica hacía presagiar a la prensa alicantina que la solución sería apostar por el progreso y elegir el transporte en el más moderno e higiénico camión. A tal efecto, en la tarde del sábado 6 de diciembre de 1924 se celebró en el Gobierno Militar una reunión entre el general gobernador, el alcalde y el director del Puerto. El tono de voz fue alto, los gritos debían escucharse por los pasillos, pues la propia prensa señalaba que "se discutió la cuestión acaloradamente".
Y resultó que, para sorpresa general, el gobernador (representante del Estado) se puso de parte del Puerto (propiedad del Estado). Así que esa misma tarde el general Bermúdez de Castro envió "un guardia a la Lonja ordenando que se transportara el pescado prescindiendo del camión municipal y en la forma antigua" (El Luchador).

 

General Cristino Bermúdez de Castro, gobernador civil y militar de Alicante (Foto Bosch, ministerio de Cultura).


Los intereses de la ciudad quedaron relegados. Inmediatamente el alcalde convocó un pleno municipal extraordinario para el día siguiente, domingo 7 de diciembre. Y así, en festivo, la corporación se fue a pique por el asunto del pescado. Dimitió todo el ayuntamiento en bloque con su alcalde a la cabeza.
Acto seguido vino el comunicado explicativo de la primera autoridad, intentando quitar hierro al asunto y señalando que las dimisiones se debían "a un exceso de amor propio". Y como se gobernaba a dedo y por decreto, rápidamente se pasó página nombrando un nuevo consistorio.


El Diario de Alicante se atrevió a criticar la designación de nuevos concejales. Lo hizo en su edición del jueves 11 de diciembre:
"No ha sido un acierto la designación de concejales por el señor Bermúdez de Castro. Pero más desacertada es la del alcalde que se nos depara, si es cierto lo que se dice. Para ese cargo se ha pensado en el general don Julio Suarez Llanos, señor de todos nuestros respetos perfectamente desconocido en Alicante. El señor Suarez Llanos vino a invernar y se encuentra con que se le va a nombrar alcalde de esta capital a la que no tiene vinculación afectiva alguna.
Desconoce nuestros problemas y nuestros anhelos y, por lo tanto, no somos tan optimistas como el señor gobernador para creer que la gestión de ese probable alcalde satisfaga a Alicante. Es una equivocación grande que tenemos que lamentar".

 

Julio Suarez Llanos en la galería de alcaldes del ayuntamiento (Hojadellunes).


A la primera autoridad no le gustaron estos comentarios ni los que se publicaron en los días siguientes ahondando en el asunto. El viernes 12 tomó posesión la nueva corporación con Suarez Llanos al frente de la alcaldía. El gobernador decidió "meterle un puro" al periódico y suspendió la publicación del Diario de Alicante el sábado 13 de diciembre.
Esto decía el oficio enviado por el general gobernador a Emilio Costa, director-propietario del Diario:
"En vista de la persistencia en las campañas tendenciosas y perturbadoras que viene efectuando ese periódico de su dirección, a pesar de las indicaciones y requerimientos que se le han hecho para que cesara en esa conducta, he tenido a bien suspender la publicación de ese diario hasta nueva orden".
Y en todo este lío ¿qué pasaba, mientras tanto, con el asunto del pescado?
Dos días después del estreno de la corporación, el 14, entraba en la zona del puerto el camión municipal encargado de efectuar el transporte del pescado con arreglo al nuevo servicio establecido por la corporación dimitida, ¿para qué pues tanto ruido? Al final se tomó la decisión más sensata.
Por su lado el nuevo alcalde intercedió ante el gobernador y el martes 16 volvía Diario de Alicante a los quioscos, abriendo su primera con el titular a tres columnas "Decíamos ayer..."

El día anterior, en el hotel Samper de la Explanada, se celebró -sin alharacas- una comida ofrecida al Diario de Alicante por el resto de la profesión periodística y algunas fuerzas vivas de la ciudad.
Corría diciembre de 1924 en la terreta, con la atención puesta ya en el Gordo de navidad, que ese año dejó lluvía de millones en Alicante... pero eso lo contaremos otro día.

Fuentes e Imágenes:
*Biblioteca virtual de la prensa histórica *Diario de Alicante
*El Luchador
*Archivo municipal de Alicante (AMA)

*Ministerio de Cultura

*Hojadellunes.com
*Colección Roisin.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn