LA RADIO, LA MONA Y EL DESCANSO ETERNO. Los felices años locos. 1924

Alicante recibe la primavera de 1924 con un nuevo invento: la radio. Por primera vez, los alicantinos escuchan la voz de alguien a cientos de kilómetros de distancia a través de la magia de las ondas, aunque con sus contratiempos técnicos propios del medio. También celebran la tradicional mona y se inaugura el camposanto de la Florida, con su consabido camino de acceso que es estrenado para la ocasión. Nos lo cuenta Benjamin Llorens en su serie "Los felices años locos".

En la España de 1924 la "radiotelefonía" (como se llamaba entonces a las incipientes emisiones de lo que hoy conocemos como radio) no pasaba de ser una desconocida o una mera curiosidad para los españoles más "modernos". Aún no existían emisoras de radio como tales, con continuidad en la emisión y una programación digna de tal nombre. En España se legisló el asunto mediante Real Orden de 14 de junio de ese mismo año.


Un par de meses antes, en abril, con el fin de dar un impulso al invento y ofrecer una imagen de modernidad, el presidente del Directorio militar que gobernaba España, Miguel Primo de Rivera, dirigió un discurso a la nación en la tarde del 12 de abril.


En Alicante prácticamente nadie tenía por entonces aparato receptor, como hemos dicho ni siquiera existían emisoras, únicamente se podían captar estaciones extranjeras o alguna española en pruebas (el radio club de Madrid era muy activo). Así que el gobernador Bermúdez de Castro, mediante un bando y notas en los periódicos, invitó a todos los alicantinos que quisieran escuchar el discurso del presidente a asistir al cuartel Princesa Mercedes de Benalúa, donde al objeto se había instalado un moderno receptor.

Hubo público, sobretodo curiosos que asistían para apreciar in situ "el invento ese de la radio", algún político local y numerosa tropa.


A las ocho y media de la tarde, con puntualidad militar, comenzó la retransmisión escuchándose con claridad una voz que explicaba a la audiencia congregada en el cuartel de Benalúa (y en otros muchos lugares de España) que estaban asistiendo a una transmisión de radiotelefonía sin hilos, novedoso invento a través del que se iba a dirigir a los españoles el Presidente del Gobierno. Instantes después comenzó a hablar Primo de Rivera pero salvo las palabras "cultura" y "progreso", pronunciadas al final de dos párrafos, casi nada se pudo entender del discurso presidencial. Eso sí, cuando éste finalizó se escuchó a la voz introductora: "El discurso ha finalizado, muchas gracias por su escucha".


La decepción flotaba en el ambiente, el público quedó defraudado y para compensarle se anunció la emisión de un concierto grabado en "placas gramofónicas". La agencia nacional Mencheta certificó, a través de sus corresponsales en provincias, que la retransmisión había sido un fracaso pues no se pudo entender al presidente.

El general Primo de Rivera.


Expertos del Radio Club de Madrid señalaron como principales causas del fiasco la perturbación del espectro radioeléctrico (ruido de "fritura" que se dice en el argot radiofónico), así como la falta de costumbre en vocalizar y el tono de voz de Primo de Rivera.


En la terreta, la primera estación radiodifusora con carácter regular y digna de ese nombre llegó nueve años más tarde, en 1933, y fue la EAJ-31 Radio Alicante. Probablemente muchos oyentes, veteranos en edad, se hayan preguntado en alguna ocasión qué significan las siglas EAJ, no tanto las nuevas generaciones pues dejaron de usarse hace años. La E representa al país, España; AJ era la denominación por entonces de las emisiones de radiotelefonía sin hilos, por ondas hertzianas; el número indicaba el orden de concesión. Por lo tanto Radio Alicante era la emisora de radiodifusión número 31 en España.


Primera emisora de Radio Alicante EAJ31. Marconi 200. Instalada en la calle Pablo Iglesias en 1933.


Para mediados de abril y con vistas a la Semana Santa, el alcalde de Alicante, comandante de infantería Miguel Salvador, publica un bando que recoge "la prohibición de circular vehículos desde las 12 h. del Jueves Santo hasta el toque de Gloria del Sábado, por costumbre tradicional". Únicamente se podía circular para salir de la ciudad o transportar viajeros a la estación de ferrocarril o al puerto, lo demás estaba prohibido. Aún mandaba mucho una cierta manera de entender la religión y las costumbres.


Llegado el domingo de resurrección había que ir a comer la Mona. En 1924 la Pascua vino "alta", en la segunda mitad de abril, con días luminosos, de espléndida primavera alicantina. El lugar más concurrido, el predilecto de los "moneros", fue la pinada del monte Benacantil en las faldas del castillo de Santa Bárbara. "Medio Alicante se congregó en tan sano y agradable lugar", señalaba El Luchador. Los otros lugares de mona tradicionales entonces en la terreta (los Doce puentes, la Cantera, los Angeles y el Babel) también estuvieron muy concurridos.

La pinada del castillo y sus impresionantes murallas.


Mientras los alicantinos se comían la mona, el republicano Lorenzo Carbonell (que ya había sido concejal y sería alcalde en la siguiente década) organizaba desde el nº 18 de la calle Castaños una Asamblea Provincial Republicana haciendo un llamamiento "a todas las Juntas, Comités, Corporaciones y personalidades que defiendan el ideal republicano o simpaticen con él, sin distinción de matices" para que enviaran su adhesión. El objetivo era aunar fuerzas de cara a las prometidas elecciones que algún día llegarían.

Lorenzo Carbonell.


El 23 de abril el pleno municipal aprueba el pliego de condiciones para la limpieza de la ciudad. Salió a subasta con un tipo de licitación de 150 mil pesetas para una duración de 5 años. Una cantidad mucho menor, 4 mil pesetas para otro lustro, sería el montante de la contrata para el alquiler de sillas y sillones en la vía pública. Los precios a cobrar al ciudadano se fijaron en 10 céntimos para las sillas de la Explanada y 15 para los sillones, en el resto de plazas públicas 25 céntimos los días de festividad. Había que pagar para sentarse a la fresca en aquel Alicante de antaño.


Por entonces en la calle Altamira y la desaparecida plaza de Castelar ya se anunciaba uno de los comercios tradicionales alicantinos que aún hoy pervive aunque en distinta ubicación, la camisería Benavent.

El Luchador.


Finalizando el mes, el 29 de abril, dieron comienzo los trabajos de construcción del camino para el nuevo cementerio (el actual de la Florida), obra adjudicada al contratista Vicente Cabrera con un monto de 16.650 pesetas.


Los terrenos donde estaba enclavada la nueva necrópolis alicantina pertenecían a la finca El Toll y fueron adquiridos por el municipio en 1912, siendo alcalde Ramón Campos Puig. En marzo de 1915 se adjudicó mediante subasta el cercado del terreno por un monto de 32.657 pesetas al contratista Pedro Llopis Marí que, a su vez en septiembre, subarrendó el asunto a otra empresa.


Nueve años más tarde aún estaban las paredes sin terminar. Cuando Miguel Salvador tomó posesión de la alcaldía, en enero del 24, quedó tan mal impresionado por el estado de las eternas obras que decidió dar un empujón para su finalización urgente. Los 350 metros de pared del frente principal y el lado de poniente se construyeron en menos de tres meses ¡y llevaban 9 años con las obras al ralentí!. Alicante en eterna espera.


El empujón dado por la autoridad hizo que al tiempo finalizara la construcción de la nueva necrópolis alicantina. Se estaban enluciendo las tapias, frente a la fachada principal se habían plantado 48 árboles y en paralelo a la misma se colocaba el encintado para una amplia acera. En el interior del cementerio se levantaban las paredes medianeras para delimitar el católico del civil y finalizaba la construcción del depósito de cadáveres y la sala de autopsias. El recinto quedaba cerrado al exterior con la colocación de cinco puertas de hierro que, construidas en la fundición Martinez, Roselló y López, costaron 6.463 pesetas.


Tras el acelerón en las obras, por fin el 17 de julio de 1924 se inauguró el camino del Cementerio, desde la carretera de Ocaña hasta la puerta principal del camposanto. Cruzaba por terrenos propiedad de Juan Esquerdo y Máximo Caturla, quienes cedieron generosamente su parte al municipio. El nuevo camino estaba flanqueado por 25 bancos, costeados por las empresas de pompas fúnebres.


Presidía el alcalde Miguel Salvador, acompañado por los concejales Heliodoro Madrona, José Guillén, Carlos Manero y José Tato, así como el inspector municipal de sanidad José Gadea y representaciones de todos los periódicos alicantinos.


Cuando la comitiva iba de camino se topó con un entierro (el de Luis Villaría, teniente de carabineros retirado) que no podía llegar a su destino pues antes debía ser inaugurada la nueva carretera. Al darse cuenta de la situación, el alcalde se apeó del coche y prestamente cortó la cinta con guirnaldas que obstruía el camino procediendo a su inauguración y dejando vía libre al entierro que, finalmente, estuvo muy concurrido pues toda la comitiva oficial se sumó al duelo. La necrópolis alicantina ya estaba en uso pero tan remozada que podría decirse que también fue inaugurada ese mismo día.

Entrada principal al nuevo cementerio de la Florida.


La terreta ya estaba mejor preparada para acoger el descanso eterno de sus moradores.


En Alicante, 1924.


Imágenes y Fuentes:


*Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica

*diario La Libertad


*El Luchador


*Biblioteca Nacional de España


*Archivo Municipal de Alicante
*Archivo provincial. Diputación de Alicante.

*Universidad de Alicante.

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