LOS FELICES AÑOS LOCOS. 1922. Alicante campeón de España.

Llega el verano de 1922 y el pintor alicantino Emilio Varela expone en Madrid, y es reconocido en París. Los balnearios concentran la vida social diurna y las fiestas de San Juan se celebran en la playa, con las tradicionales cenas nocturnas. Los regatistas alicantinos triunfan en España a las órdenes del mítico timonel César Porcel y el Hércules debuta como conjunto local en el recién estrenado deporte del foot-ball...Nos lo cuenta Benjamín Llorens. 

 

Despuntaba el mes de junio de 1922 con la exposición, en el Círculo de Bellas Artes, del pintor alicantino Emilio Varela compuesta por una treintena de cuadros. A nivel local las críticas eran buenas. Varias de las obras expuestas fueron luego llevadas por el propio autor a la Exposición Nacional de Madrid.

 

Y allí, en la capital de España, llamó la atención allende nuestras fronteras, en el vecino país galo. Francia era aún el epicentro del arte y la "Revue Moderne des Arts et de la Vie", una de las publicaciones más acreditadas y famosas del mundo cultural y artístico francés, dedicó un elogioso comentario crítico a la obra de nuestro paisano Varela:"...las impresiones, bellas y sutiles, surgen de un arte vigoroso... el colorido tiene delicadezas encantadoras, notaciones originales, matices felizmente asociados... queremos destacar esa visión sutil y precisa, esa graduación hábil y matizada que caracteriza a sus cuadros... artista sincero, ardiente, apasionadamente prendado de lo bello y de los admirables espectáculos de la Naturaleza, Varela es un pintor de gran talento".

Don Emilio estaba poniendo "una pica en París".

El pintor alicantino Emilio Varela. 

 

Al tiempo, en la terreta de junio del 22, se anunciaba a bombo y platillo la reapertura del restaurante del Club de Regatas, que había cambiado de concesionario, ahora bajo la batuta de la famosa Maison Dorée, de la calle Mayor. Pero el que también se llevaba fama y buena parte de la clientela más pudiente era el "restorán" del balneario de Diana, en el Postiguet. La cena costaba como una entrada de toros en sombra, el menú cumplidito.

 

En el joven deporte del foot-ball, el Hércules, un equipo de barriada y categorias inferiores, debutaba (el 15 de junio) en la competición alicantina más importante, el campeonato local de primeros equipos, nada menos que contra el campeón, el Club Natación Alicante, por entonces emblema futbolero de la ciudad.

Ganaron los campeones por 2-1, en un partido pasado por agua.

Como decimos, era junio y se celebraba la noche de San Juan. Así hizo la reseña el diario El Luchador:

"Ha transcurrido serena y amable. Evocadora. Sin estridencias ni peligros... sólo algún que otro estampido aislado y lejano se escuchó llegado de los barrios. En el centro de la ciudad, nada. La vieja y perniciosa costumbre de correr la pólvora en esta noche ha pasado por fin: celebrémoslo con júbilo".

Cada año en torno a San Juan, las autoridades y los periódicos ponían en marcha su particular cruzada contra el uso de pólvora y petardos, manifestandose radicalmente contrarios a una costumbre que calificaban de bárbara y primitiva. La tradición era celebrarlo en la playa y así lo reflejaba el periódico:

"Horas antes de la medianoche grupos de familias y amigos afluían a la playa del Postiguet: llevaban sus cestas con las cenas respectivas, con las clásicas tortas rellenas con fritura de cebolla. Son estas las "cocas" del Santo. La noche transcurrió entre cantares y bailes. A las doce en punto la cena: a comer. La arena se llena de manteles. Las botas (de vino) corren de mano en mano. Y luego retirada, a descansar. Una noche de San Juan tranquila y en paz".

Al mediodía del sábado 1 de julio atraca en el puerto el porta-aeronaves Dédalo, cuya presencia era anunciada la misma mañana por cuatro de sus hidroaviones que precedían al buque. Su propósito era abastecerse de agua. Los alicantinos hicieron cola para visitar la joya de la Armada española en el día de puertas abiertas.

Mientras tanto, en aguas de Tarragona, se celebraba el Campeonato de España de Remo en el que se proclamaba vencedora la tripulación alicantina del "Arrea" (expresión, por cierto, muy de por aquí). Venció con una ventaja de seis largos de bote sobre el segundo clasificado, el equipo de Tarragona; tercero fue Barcelona a veinte segundos de los alicantinos. Nuestra tripulación estaba formada por Carratalá, Schlatter, Barbeira y Jordá, capitaneados por el "gran timonel" César Porcel. Buenos tiempos para la naútica en la terreta.

César Porcel, el gran timonel alicantino (Alicante Vivo).

 

Por aquellos calurosos días de primeros de julio, el alcalde Pascual Llorca andaba preocupado por el servicio municipal de limpieza y riego (la mayor parte de las calles continuaban siendo de tierra), así que instó a la contrata "a que el servicio se haga con más pulcritud, ya que estamos en plena época estival y nuestra población va a ser visitada por miles de bañistas".

Citó el alcalde al contratista señor Guixot en su despacho oficial y tras el consiguiente intercambio de pareceres, el empresario "ha ofrecido solemnemente poner de su parte cuanto pueda para que la limpieza y riego se haga con más frecuencia y en todos los puntos de la capital, es decir, tanto en los barrios altos como en el centro. El sr. Guixot, para cumplir su promesa, dedicará tres horas más diarias a dicho servicio sin que por ello el Ayuntamiento tenga que aumentar lo consignado para este servicio tan importante".

Desde luego eran otros tiempos... En el campeonato de fútbol local de primeros equipos, el Benalúa foot-ball club y el Hércules (debutante en la categoría) se enfrentaban por el segundo puesto (el Club Natación Alicante era campeón indiscutible). Llevaban una racha de enfrentamientos en la que todos los partidos terminaban con empate. Entonces no había prórroga ni penaltis y se debía jugar un nuevo encuentro. En el decisivo los chicos de Benalúa se zamparon a los "hercúleos" (como les llamaba la prensa) por ocho a cero. Quedó para la historia.

 

Al atardecer del 17 de julio la playa del Postiguet vivió momentos de auténtica zozobra. Estalló una tormenta de verano y comenzó a llover con fuerza. El personal que andaba por el paseo de Gómiz y por la playa corrió a refugiarse en las galerias de los balnearios. En uno de los pasillos del balneario Guillermo se apiñaba una concurrencia extraordinaria. De golpe y porrazo el suelo se vino abajo arrastrando a unas cien personas que cayeron al agua. Momentos de confusión y pánico.

Gritos, chapoteos, carreras, desmayos.

El balneario Guillermo tercero por la izquierda.

 

Pero hubo suerte. La Casa de Socorro atendió únicamente nueve heridos. El de mayor consideración Francisco Arnau, guardia civil natural de Aigües de Busot que, presto, había acudido a socorrer a los accidentados. Pronóstico menos grave. Ingresó en el Hospital Militar.

El Guillermo era uno de los balnearios desmontables que al finalizar la temporada de baños desaparecía (únicamente cuatro permanecían todo el año: Alhambra, Alianza, Diana y Madrid). Su carácter transitorio hacía que tuviera una estructura más leve, iba montado sobre caballetes de madera. Demasiada gente para tan frágil soporte.

...en Alicante, verano 1922, julio.

 

Fuentes e imágenes:

*Diario El Luchador (biblioteca virtual de la prensa histórica;

ministerio de Cultura).

*Archivo municipal de Alicante.

*Alicantinos.wordpress.com

*Alicante Vivo.

*Paco Rodríguez Valderrama.

*Revista Naval.

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