LOS FELICES AÑOS LOCOS. 1921. Fiestas sin Hogueras

El verano de 1921 fue especial en la ciudad de Alicante: sus calles y comercios se engalanaron para celebrar las fiestas de estío, y toda la ciudad participó en su financiación. Benjamín Llorens nos acerca los pormenores de cómo transcurrieron los festejos, muy celebrados y participativos.  

Difícilmente ningún alicantino vivo recordará una ciudad en la que las fiestas no fueran las Hogueras de San Juan. Cualquiera que ande en torno a las 90 primaveras era un tierno bebé o estaba a punto de nacer cuando en 1928 Alicante alumbró les Fogueres. La memoria de las tradicionales fiestas invernales y de verano está únicamente en los archivos. A ellos hemos acudido para recrear este relato de  las fiestas veraniegas de 1921 en aquel Alicante de la liberal monarquía alfonsina, enfrascada en la cruenta guerra de Marruecos.

Corría el mes de abril cuando empezó a calentarse el ambiente para las fiestas de agosto. ¡Este año sí!, reclamaba la prensa local. El caso es que ya hacía algún tiempo que la ciudad no tenía fiestas de verano ni de invierno dignas de ese nombre. La tesorería municipal andaba exhausta y no había dotación para festejos. Los alicantinos reclamaban unas fiestas a la altura de la ciudad, con apoyo institucional y medios económicos. Pero ¡ay! aquí estaba el problema, en las pesetas. Así que el alcalde, Juan Bueno Sales, puso en marcha una cuestación popular a fin de conseguir los fondos necesarios. Particulares y empresas hacían aportaciones para financiar colectivamente las fiestas de Alicante. Eso que hoy se hace por internet y se llama crowfunding ya lo hacían nuestros tatarabuelos para darse unos dias de fiestecita, soportar mejor los calores veraniegos y atraer turismo a la terreta.

Las aportaciones se publicaban en la prensa local, el goteo era diario. En la imagen que reproducimos el funcionario de Hacienda y -entre otras cosas- cónsul de Grecia, Ramón Vidal Irles, aparece junto al empresario Rafael Guixot, con sendas aportaciones de 50 pesetas. Una entrada a los toros en localidad de sombra venía a costar entre 6 y 8 pesetas. O sea, que las 50 pelas eran una pasta. Don Ramón fue además uno de los primeros alicantinos con cámara de fotos y a él debemos muchas imágenes del Alicante urbano y costumbrista en los años finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX.

Panorámica de Alicante hacia 1910 obra de Ramón Vidal Irles. En el centro, al fondo, la explanación de Canalejas. 

 

Calentando motores para las fiestas veraniegas, el alcalde nombró una Comisión de Festividades presidida por Antonio Vidal Mira, que se encargaba del fomento y coordinación de las actividades. Todo Alicante colaboraba: artistas, entidades culturales y deportivas, la iglesia, el mundillo taurino, escritores, músicos, empleados públicos, comerciantes, empresas... todos aportaban su granito de arena.

El resultado -como veremos- era un puzzle con tantas y tan diversas actividades que no era fácil su encaje. El 22 de julio las tropas españolas en la guerra de Marruecos sufrieron una cruenta derrota (el desastre de Annual), lo que dió lugar a una cierta polémica sobre si debían suspenderse o no las fiestas. El hecho de carecer de festejos en los años precedentes y la decisión de las autoridades de querer dar sensación de normalidad, influyeron decisivamente en que todo arrancara el 3 de agosto.

A las diez de la mañana se ponía en marcha la cabalgata anunciadora. Tres carrozas repletas de niños, con bandas de música, recorrieron las principales vías alicantinas hasta la puerta del ayuntamiento, en la plaza de Alfonso XII. Por la tarde Alicante recibió la reliquia de la Santa Faz. Para dar más realce a las fiestas el sagrado lienzo estaría en la ciudad entre el 3 y el 22 de agosto, hospedándose en la entonces iglesia Colegiata de San Nicolás (Concatedral desde 1959).

El pistoletazo de salida a las fiestas se dió a las diez de la noche con la tradicional Alborada frente al ayuntamiento. La Banda Municipal de música y el Orfeón dieron lustre al acto, seguido por miles de alicantinos que llenaban la plaza de Alfonso XII y calles adyacentes. El alcalde declaró inaugurados los festejos y un volteo general de campanas en todas las iglesias de la ciudad señaló oficialmente el comienzo de las Fiestas de Verano de 1921. Pasaba la medianoche cuando la música quedó en silencio para dar paso al estruendo de los petardos. Al finalizar la Alborada se disparó la "traca de los mil metros", una traca luminosa que partiendo de la plaza de Dicenta (actual plaza del Mar) atravesó la Explanada, continuó por Canalejas y subió por el paseo Gadea hasta la plaza de  la Reina Victoria (hoy Calvo Sotelo), extinguiéndose a los pies de la estatua de Maisonnave. Menudo "tracón"...ni en las mejores Hogueras.

La ciudad ofrece un aspecto magnífico, especialmente la Explanada. Todos los establecimientos han adornado vistosamente las fachadas y lucen una iluminación eléctrica de llamativos colores. Casino, Club de Regatas, hotel Victoria, café del Comercio y -más arriba, hacia el interior de la ciudad- la Maison Dorée en la calle Mayor, almacenes El Aguila, perfumería la Ciudad de Roma e incluso los Balnearios del Postiguet, todos se habían vestido de gala para las fiestas veraniegas.

Alicante entre dos luces en los primeros años 20. Aún no estaba la Casa Carbonell y el ayuntamiento se veía desde el mar. Imagen de Francisco Mora Carbonell. 

 

El 4 de agosto, como no podía ser de otra forma, comenzó con música. A las diez de la mañana, concierto de bandas en las plazas de Alfonso XII, frente al ayuntamiento, y de la Constitución (actual portal de Elche). Su música se escuchaba en todo el entorno. Camino del Postiguet los bañistas hacian una paraeta para deleitarse con marchas y pasodobles.

A las seis de la tarde, en el paseo de Campoamor, se inauguraba la Exposición, Feria y Concurso Provincial de Ganado y Avicultura...pero solo a medias. Resulta que no llegaron a tiempo las jaulas metálicas, solicitadas a la Asociación General de Ganaderos del Reino, por lo que la muestra de Avicultura y Colombofilia no se pudo inaugurar. Hubo de posponerse al día siguiente y no en Campoamor sino en los sótanos del nuevo mercado en construcción, en la plaza de Balmes, junto a la avenida de Alfonso el Sabio. Perdió mucha vistosidad con el cambio.

Todas las noches, a partir de las diez, iluminación y verbena en la Explanada de los Mártires de la Libertad y representación en el Teatro de Verano, con la compañía de Francisco Morano. Precisamente ahí surgirá un conflicto por "coincidencia de actividad".

Postal coloreada de Bazar Pascual López. A la izquierda, en azul, el Teatro de Verano.

El 5 de agosto, viernes, se reservó para actos religiosos y procesión en honor a la patrona, Nuestra Señora del Remedio. Por la noche volvió la música de fiesta y aquí vino el lío. El Teatro de Verano levantaba el telón representando la obra de Benito Pérez Galdós "El abuelo". Apenas comenzaba su labor el primer actor Francisco Morano cuando fue interrumpido por la música de una banda en el contiguo parque de Canalejas. Declamación y pasodobles se cruzaban en un pupurri sonoro que hacía imposible la representación. Desde el teatro mandaban callar a la banda que, de fiesta como estaban, iba a lo suyo. Un paroncito para respirar y echarle un trago a la paloma y vuelta al pasodoble. No había manera. En esas estaban cuando, para terminar de arreglarlo, se escuchó un estruendo bélico procedente de la vecina dársena portuaria. No era la guerra sino los fuegos artificiales previstos para esa noche.

Ahí ya fue imposible continuar. Se bajó el telón, se pidió paciencia a los sufridos espectadores y concluyó la obra al finalizar el castillo de fuegos. Informado del asunto, el alcalde Bueno Sales decidió que los conciertos en el parque de Canalejas se celebrasen de 7 a 9 de la tarde, antes de la función teatral que comenzaba a las diez de la noche. En los días sucesivos ya no hubo más incidencias...aquí paz y después gloria.

El sábado 6 de agosto el tren de Madrid trajo un buen número de visitantes. Entre los de la meseta y los de la provincia, miles de forasteros caminaban por las calles de la terreta, con aire de fiesta, al son de las numerosas bandas de música que patrullaban la ciudad.

La Primitiva de Biar, años 20.

 

A las 10 de la mañana se inauguraba la Exposición y Concurso de Maquinaria Agrícola en las incipientes instalaciones del nuevo mercado central, aún en obras. En la calle, sol, calor y música durante todo el día. Al anochecer, las habituales verbenas, el teatro y en la plaza de toros, charlotada. El coso alicantino registraba una magnífica entrada. La figuras estelares eran Cañamón Charlot y Chamorro Llapisera y su Botones.

Ante novillos con presencia, tanto Cañamón como Llapisera sufrieron sendos ataques de "mieditis aguda", consiguiendo así el "pase" a la enfermería. El Botones (que era el "torero serio" del espectáculo) con ayuda de Llorenset y Metrallero, despachó a los dos novillos demostrando más voluntad que competencia.

Charlotada, años 20.

 

El domingo 7 de agosto se celebraban regatas en la dársena del puerto. El paseo estaba abarrotado de espectadores, en las terrazas del Club de Regatas no cabía un alfiler. Lo mismo sucedía en los balcones del casino o en los hoteles de la explanada. Se disputaba el Campeonato de Alicante de Regatas a Vela y Remo. Subvencionaba el ministerio de Marina, con trofeos del ayuntamiento, Club de Regatas y Casino.

Los remeros del club alicantino habían ganado varios titulos tanto nacionales como regionales. Eran el rival a batir. Se disputaban las competiciones en modalidades de Bote a 4 ó 6 remeros y Faluchos a 8 remeros de punta y timonel, entre otras. Ganaron los de Alicante, seguidos de los de Tarragona.

Exterior del Club de Regatas de Alicante durante una competición, años 20.

 

Cada día y durante toda la jornada, la música se enseñoreaba de las calles a cargo de las bandas venidas de otros pueblos para participar en las fiestas. Era un sin parar, de baile en baile y de verbena en verbena. El 8 de agosto por la noche se había previsto un Festival Marítimo en el puerto, con premios para las embarcaciones mejor adornadas e iluminadas.

Se tuvo que suspender y no por falta de público precisamente pues el ambiente era grande, sino por falta de inscritos. Sin embarcaciones no hay festival marítimo que valga. La Comisión de Festividades lo sustituyó por un espectáculo pirotécnico que simulaba un combate naval. A cargo de una pirotecnia valenciana, fue muy celebrado por la concurrencia.

El martes 9 de agosto, a las diez de la noche, gran verbena en el paseo de Gomiz, incluyendo un concurso de vistosos mantones de manila. El premio mayor era un reloj de pulsera con cerco de brillantes que ganó la señorita Antonia Martinez, de plaza de las Monjas. Eso sí, se echaron de menos las sillas previstas para descansar entre chotis y pasodobles. La Federación de Empleados Mercantiles, organizadora del acto, hizo constar que por mediación del alcalde se habían pedido sillas al contratista de la Explanada "pero este tuvo a bien no enviarlas"...y estuvieron de pie toda la verbena.

La Exposición de Pintura y Escultura se inauguró la mañana del día 10 en los salones del ayuntamiento. Organizaba el Círculo de Bellas Artes. Por la tarde, a las 5, carreras ciclistas en torno a la Explanada de los Mártires. Durante dos días se celebraron competiciones para principiantes y seniors. El circuito discurría por la asfaltada carretera de la Explanada (actual zona de terrazas) efectuando los virajes en la estatua de Canalejas y en la de los Mártires de la Libertad (actual fuente en plaza del Mar). El público fue numeroso las dos jornadas.

La tarde-noche del jueves 11 la fiesta se extendió hasta la plaza de Isabel II, que ya comenzaba a ser conocida por los alicantinos como plaza de correos, pues un año antes se había inaugurado el magnífico edificio postal que -afortunadamente- allí continúa. Organizada por la Cruz Roja, la coqueta plaza acogió una kermesse, fiesta a base de bailes, rifas, concursos y juegos que era muy popular en la época. Toda la recaudación se destinó a los mutilados de guerra del ejército español en Marruecos. Ese mismo día se esperaba con expectación la carrera de motos Alicante-Santa Pola-Alicante que se tuvo que aplazar "por cuestiones ajenas a la voluntad de los organizadores". Cuando el día 22 se disputó, el ganador (Martinez Biosca) invirtió 38 minutos en recorrer los 37 kms. del trazado, a una velocidad de casi 60 Km/h considerada muy alta para esa carretera. Llegábamos a la media maratón festera. Muy variado el programa de actividades y un tanto agotador ¡Veinte días de fiestas!

El viernes 12, en la Plaza de Toros, inicio del gran concurso de bandas de música, que se prolongaría también al sábado, organizado por el Círculo de Bellas Artes. El jurado, que presidía el afamado compositor Joaquín Turina, otorgó el primer premio (5 mil pesetas y corbata para el estandarte) a la banda municipal de Albacete, el segundo (2500 pts) a la de Líria y el tercero (1500 pts) a la de Torrente. El asunto trajo cola.

Nadie discutía que la banda de la ciudad manchega era la mejor, pero se les acusó de "alineación indebida", ya que transitoriamente incorporaron profesores ajenos a la banda, pertenecientes a los principales organismos musicales de Madrid, con el único fin de potenciarse para concursar en Alicante. Vamos que formaron una "superbanda" y claro, ganaron.

El mismo sábado 13 se falló el concurso de escaparates, siendo el primer premio para la Nueva Aduaneta, edificio ya desaparecido, junto al portal de Elche y al que, con el tiempo, los alicantinos le quitaron lo de "nueva".

La desaparecida Aduaneta.

 

El domingo 14, a las cinco en punto de la tarde, gran corrida de toros con los diestros Félix Merino, Joseíto de Málaga y Alcalareño que -a última hora- sustituía a Manolo Belmonte pues éste había tenido que incorporarse a filas para hacer la mili. El festejo no pasó a la historia de nuestra plaza de toros.

Las Fiestas de Verano de Alicante 1921 encaraban su última semana. El lunes 15 un plato fuerte para verse y oirse desde toda la ciudad: festival aéreo, acrobacias en el cielo a cargo de las más modernas máquinas voladoras. El rugido de sus motores enmudeció durante un rato a las numerosas bandas de música, las piruetas asombraban a los espectadores. Lo organizaba la compañía aérea francesa Latécoère, que realizaba el servicio postal aéreo entre Francia, España y Marruecos, con escalas en Alicante.

La carretera de la Explanada fue el marco elegido para la retreta cívico-militar del día 16. Un desfile a caballo con premios a los mejor ataviados entre los jinetes participantes. En la Sociedad Tiro de Pichón se celebran tiradas extraordinarias con motivo de las fiestas. El día 17 se disputa el Gran Premio de Alicante, dotado con 2 mil pesetas y copa de plata. Los tiradores de Orihuela se alzan con los dos primeros puestos. El jueves 18 el premio Excmo. Ayuntamiento, con dotación de 500 pesetas, es para un participante de Albacete. Y mientras tenían lugar los concursos de tiro, los salones del ayuntamiento se abrían para acoger el Homenaje a la Virtud y la Vejez. Una especie de "concurso de méritos" en el que para participar se requería haber nacido en Alicante, ser mayor de 70 años y "haber observado durante su vida una conducta ejemplar". El jurado era un auténtico mosaico de la España civil de entonces, digno de una pelicula berlanguiana, a saber: el alcalde, un concejal, un médico de la beneficencia, un cura, una maestra, un maestro y un miembro del Círculo Mercantil. Los diplomas y los premios de 200, 100 y 50 pesetas se entregaron a mediodia en los salones consistoriales.

El viernes 19 se tenían que celebrar los Juegos Florales, una especie de "justas poéticas" que, aunque poco, tienen que ver en las formas recuerdan a las "peleas de gallos" de los raperos actuales. Sólo el nombre ya marca diferencias. La cuestión es que un accidente ferroviario sufrido por el mantenedor Manuel Senante los aplazó hasta el día 25, ya fuera de fiestas. Durante la semana, la dársena del puerto albergó las pruebas de natación, con concursantes de Alicante y provincias próximas, que "estuvieron muy animadas".

El sábado 20 de agosto, con Alicante a reventar de visitantes, tenía lugar la artística, divertida y esperada Batalla de Flores, probablemente el acto más vistoso de todas las fiestas. La expectación era grande, ya desde varios días antes se habían vendido las sillas para presenciar el desfile y subastado las tribunas, que se colocaban en la Explanada, a la altura del Círculo Mercantil (organizadores) y el Casino.

La Batalla de Flores era un desfile de carrozas, coches y motos adornadas, en el que se arrojaban serpentinas, flores y confeti en ambas direcciones, hacia y desde el público. Naturalmente todo ello aderezado con las imprescindibles bandas de música.

Participantes en la Batalla de Flores por la Explanada

El primer premio (4.000 pesetas) fue para "la fuente de Cupido", presentada por el Casino de Alicante. El Círculo de Bellas Artes se conformó con las 2.000 pesetas del segundo premio por su carroza "Alegoría", para muchos la más original y menos convencional.

El colofón a los festejos lo pusieron la corrida de toros del domingo 21 y, a la medianoche, el disparo de otra traca luminosa "de los mil metros" que echó el cierre a tantos días de fiestas.

Para las jornadas siguientes quedó la resaca y una cierta polémica sobre si sería conveniente cambiar las fechas de estas fiestas de verano (como defendía "El Luchador") para adelantarlas al 28 de junio (víspera de San Pedro, festividad con mucha tradición en el Alicante de entonces) y finalizarlas hacia el 20 de julio (¡aún más días!). El resto del verano también estaría divertido con fiestas en barrios y pedanías, así como verbenas a troche y moche. Se pretendía que el turismo de estío estuviera más repartido durante toda la estación.

Así eran las fiestas de Alicante. Para los más críticos "un rompecabezas sin personalidad". Para sus defensores "aportando una riqueza y variedad difíciles de conseguir de otra manera".

En Alicante, agosto 1921.

 

Imágenes y Fuentes:

*Archivo Municipal de Alicante.

*Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica

Diarios El Liberal, de Madrid y El Luchador, de Alicante.

*Alicante Miradas y Recuerdos. Diputación Provincial.

*Biblioteca Nacional de España.

*Alicante en blanco y negro. Ayuntamiento de Alicante.

*Alicante Vivo.

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