LOS FELICES AÑOS LOCOS. 1921. Asesinato de un presidente

Segunda entrega de la serie de los años 20, donde Benjamín Llorens nos cuenta los aconteceres de los primeros meses de 1921 en la ciudad de Alicante. Transporte público, limpieza, modos de ocio, infraestructuras y actualidad política local y nacional ocupaban los espacios de los tabloides de la época que podemos conocer a través de fotografías de entonces. 

El gélido enero de 1921 comenzó con una medida municipal que dejaba tiritando los bolsillos de muchos alicantinos: la subida en las tarifas del tranvía, aprobadas dos días antes de la nochevieja de 1920. Toda la prensa, desde la conservadora a la liberal pasando por la republicana, ponía en solfa el servicio público de tranvías (explotado privadamente bajo concesión municipal) y no tanto por la subida de precios sino por lo obsoleto del transporte a tracción animal.

Tranvía de mulas por la Explanada de los Mártires

 

Desde hacía 22 años, en 1898, la vecina ciudad de Cartagena gozaba de las bondades del tranvía eléctrico: mayor rapidez, más espacio para viajeros y una limpieza medioambiental que en Alicante era todo lo contrario, pues los animales de tiro hacían sus necesidades donde les venía en gana, casi siempre en plena calle. La ciudad cantonal tuvo tranvía electrificado un año antes que Madrid o Barcelona y se adelantó a Valencia en otro par de años, aunque la primera línea eléctrica se inauguró en Bilbao allá por 1896.

En la terreta, ir del centro a Los Angeles costaba 20 céntimos de peseta y te ahorrabas subir a pie la costera de la carretera hacia Alcoy. Hasta San Vicente el precio se duplicaba. A Santa Faz el imprevisible viaje en vagón tirado por mulas estaba en 35 céntimos, 40 a San Juan y la friolera de 2 reales (50 cts.) si queriamos llegar hasta Muchamiel.

El 18 de enero la ciudad estrenaba alcalde en la persona del liberal constitucionalista Juan Bueno Sales, quien -por su condición de monárquico- no caía en gracia al periódico republicano El Luchador, que se despachaba en portada con unas coplillas que decían así:

¡Ya tenemos alcalde!

¡Bueno está, bueno!

Alcalde con grilletes,

de prisionero

de caciques que vuelcan

bien el puchero.

Vamos, que de entrada consideraban al nuevo alcalde un "mandao" de los caciquillos y fuerzas vivas que manejaban los entresijos municipales, aunque meses más tarde, en pleno ejercicio de su mandato, reconocieran más de un acierto en la gestión del alcalde Bueno... nobleza obliga.

Este es el retrato del alcalde Juan Bueno (1921-22) que figura en el Ayuntamiento. Aquí su 2º apellido es Soler. En cambio la prensa alicantina que, en enero de 1921, da cuenta de su nombramiento habla de Juan Bueno Sales, como comprobamos en el fragmento (17-1-1921) reproducido a continuación.

Sería muy extraño que los periódicos del día se equivocaran en el nombre o apellidos del alcalde en repetidas ocasiones y justo en su toma de posesión. Así pues lo más probable es que el error esté en el apellido del cuadro que figura en la galería de retratos del ayuntamiento de Alicante...convendría revisarlo.

Cuatro días más tarde, el 22 de enero del 21, se establece en España el seguro obrero obligatorio, una protección al asalariado como consecuencia de unos tiempos marcados por la tragedia de la Gran Guerra (1ª guerra mundial), el desarrollo industrial en Europa y las protestas obreras espoleadas por el triunfo de la revolución rusa de los soviets.

Mientras tanto, en Alicante el contratista del servicio municipal de limpieza, Alvaro Guixot, rescindía el contrato. El Ayuntamiento se encargaría directamente de la limpieza de la ciudad que -en palabras de la prensa de entonces- dejaba mucho que desear.

"Veremos si ahora se consigue que en Alicante haya un poco de limpieza. Que nuestra ciudad deje de ser un estercolero... del estado de las calles de la población no necesitamos escribir nada: a la vista está su extremada suciedad..."

De esto hace 96 años y, aunque las calles ya no sean de tierra, hay cuestiones por las que parece no pasar el tiempo.

Antigua Lonja del Pescado, hoy sala municipal de exposiciones.

 

1921 saludó la inauguración de la nueva y flamante Lonja del Pescado en el muelle de Poniente. Frente a ella amarraban las embarcaciones que, en el llamado puerto pesquero, descargaban sus capturas directamente del barco a la lonja. El edificio, con claras influencias árabes propias de la arquitectura norteafricana, era obra del ingeniero Próspero Lafarga, quien también realizó el proyecto original del mercado municipal que, por entonces, llevaba una década en construcción.

En la prensa alicantina las inevitables coplillas ironizaban sobre la tardanza en llevar a cabo proyecto tan necesario para la ciudad: "Nadie estorbe la marcha de ese mercado, pues si al llegar la fecha no está acabado, van a quejarse de que es culpa muy nuestra el retardarse".

 

El futuro mercado central en construcción con el tranvía de mulas transitando Alfonso el Sabio camino de la calle de los Arboles (C/San Vicente).

 

En el mes de febrero el Banco Español de Crédito (Banesto) se instala en la ciudad y se constituye el Moto-Club Alicante que, entre otras cosas, 40 años más tarde -en los 60- situaría a la terreta en el mapa de las grandes competiciones motociclistas con las carreras que en el circuito urbano de Vistahermosa reunían a lo más granado del motociclismo mundial (desde el campeonísimo Agostini hasta el debutante Angel Nieto, pasando por mitos de este deporte como Phil Read, Bill Ivy, Barry Sheene, Ramón Torras o los alicantinos Pepe Medrano y Ramiro Blanco).

El 20 de febrero se estrenó en Estados Unidos la película "Los 4 jinetes del Apocalipsis", de Rex Ingram, basada en el best-seller del español Vicente Blasco Ibáñez que obtuvo la mayor recaudación de 1921 arrasando en las taquillas de todo el mundo y convirtiendo en superstar al joven Rodolfo Valentino.

 

En aquel Alicante los cinematógrafos de moda eran el Salón Moderno, el Teatro Nuevo y el Salón España. Otras salas como el Granados en Benalúa, o el Novedades en la Rambla tiraban más al music-hall, varietés y zarzuelas. Una entrada de butaca en cualquiera de las salas de cine alicantinas costaba 30 céntimos, mientras que la de general -el popular "gallinero"- justamente la mitad, 15 cts.

Mientras tanto, en el teatro del mundo había verdadera preocupación ante la posibilidad de un nuevo conflicto bélico de grandes proporciones. España, por su parte, estaba enfrascada en la guerra de Marruecos. Pero la preocupación era grande en el resto de Europa, pues no se advertían señales de un apaciguamiento en el belicoso espiritu militarista alemán y eso que por entonces nadie conocía a un tal Adolf Hitler. El diario alicantino El Luchador editorializaba, con carácter casi profético, sobre lo que acabaría pasando 18 años más tarde, en 1939.

"La situación precaria en que se encuentra actualmente el mundo es una consecuencia de la Gran Guerra, provocada y sostenida por el nacionalismo imperial alemán... culpese a Alemania pues del retroceso sufrido por Europa... Alemania no ha rectificado su manera de ser, continua preparándose para una nueva contienda... el lenguaje es el mismo que se empleó antes de la guerra. Y es que los alemanes son los mismos, no admiten modificaciones. Es el tipo de troglodita de que nos hablaba el insigne Unamuno y que, por desgracia, también existe en nuestra España".

Pocos dias después, el 8 de marzo, tres de esos trogloditas españoles (en este caso autodenominados anarquistas) asesinaron al presidente del gobierno Eduardo Dato. Como en las mejores películas de gansters, a la altura de la Puerta de Alcalá, una moto con sidecar se situó junto al coche del presidente y lo acribilló a balazos. No hubo escapatoria.

El tiroteado vehículo del presidente del gobierno Eduardo Dato. La carrocería presentaba más de 20 impactos.

 

Había sido asesinado el presidente del gobierno de España en una época en la que las noticias se transmitían vía telegráfica o telefónica y se plasmaban en los periodicos. Ni siquiera teníamos radio.

 

España se encontraba con el poder político descabezado, algunas ansias modernizadoras en la economía y la industria, una conflictividad social en auge y la mecha encendida del polvorín que estaba suponiendo la guerra de Marruecos, una sangría monetaria y humana en la que los alicantinos -como el resto de españoles- también participaban, sobretodo a través del batallón de la Princesa, con acuartelamiento en la terreta.

 

Imágenes y Fuentes:

*Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica

Diarios El Luchador (Alicante); El Debate, El Imparcial, La Libertad

(Madrid).

*Archivo Municipal de Alicante

*Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España.

*Todocine.

*Redacción Hojadellunes.com

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