Explanada festera

La Explanada se viste de fiesta en esta entrega de "Contrastes", donde Benjamín Llorens nos acerca las primeras celebraciones lúdicas de los alicantinos en los albores del s. XX, así como la figura de José Canalejas Méndez, político que da nombra a una de las plazas y parques más emblemáticos de la ciudad. 

 

 

En las primeras décadas del siglo XX la Explanada era escenario importante de las fiestas de Alicante, que entonces eran dos: las de invierno y las de verano. Así de sencillo. Las primeras en marzo ya al filo de la primavera y las de estío en agosto, con un carácter algo más religioso en honor a la patrona de la ciudad, la Virgen del Remedio. De las actuales Hogueras ni rastro, salvo la tradición de quemar enseres y trastos viejos en torno al solsticio de verano. Una costumbre prohibida y penada (que no erradicada) con multas en distintos bandos municipales a lo largo de los años, lejos aún de conformar unas fiestas como las que hoy son icono de Alicante, les fogueres de Sant Joan. 

 

Por aquellos años, en la segunda década del siglo (1912) España entera y, en particular nuestra provincia, se conmocionaron con el asesinato del diputado por Alicante y presidente del gobierno español José Canalejas Méndez. Una fría mañana de noviembre, el martes día 12, el líder del Partido Liberal y Presidente del Consejo de Ministros fue asesinado a tiros mientras miraba el escaparate de la librería San Martín en la madrileña Puerta del Sol. Iba solo, el terrorista le descerrajó tres tiros por la espalda. Uno de ellos, en la cabeza, fue mortal de necesidad. Canalejas ya era hijo adoptivo de Alicante. Su trabajo en pro de la ciudad y provincia desde su escaño en las Cortes y su paso por distintos ministerios y la propia presidencia del gobierno, le habían hecho merecedor de esa distinción.

 

 Canalejas en 1906 visto por Joaquín Sorolla.

 Canalejas en 1906 visto por Joaquín Sorolla.

 

 

Alicante puso su nombre a una plaza situada al final de la Explanada, a una calle (que une la actual plaza de Calvo Sotelo con la plaza de Canalejas) y a un precioso paseo de estilo romántico situado en la parte meridional de nuestra fachada marítima: el parque de Canalejas. El político nacido en Ferrol era considerado un benefactor de la ciudad pues impulsó numerosas obras de mejora, como el alcantarillado y saneamiento urbano o la ampliación del puerto y dragado del fondo marino para aumentar su calado. La ciudad remató el homenaje erigiendo un monumento frente al muelle en la plaza que lleva su nombre.

 

 Inauguración del monumento a Canalejas, obra de Vicente Bañuls, con asistencia de su viuda e hijo. 13 de diciembre de 1914. Foto de A. Torres.

 Inauguración del monumento a Canalejas, obra de Vicente Bañuls, con asistencia de su viuda e hijo. 13 de diciembre de 1914. Foto de A. Torres.

 La plaza y el monumento a Canalejas en 1915. Al fondo la casa Alberola, espléndida y entera.

 La plaza y el monumento a Canalejas en 1915. Al fondo la casa Alberola, espléndida y entera.

 

 

En aquel año de 1912, los reyes de España visitaron de nuevo Alicante allá por el mes de marzo y presidieron las celebraciones de los festejos de invierno. De las dos grandes fiestas anuales en la ciudad, las de invierno tenían un carácter más lúdico pues no se ligaban a ninguna celebración religiosa concreta, cosa que sí sucedía con las de verano, en honor a la patrona Nuestra Señora del Remedio. Aunque al fin y a la postre, fiestas eran fiestas. Con religión o sin ellas, ambas celebraciones tenían muchas similitudes.

 

El acto estrella era la batalla de flores, un desfile con bandas de música y carrozas desde las que se arrojaban flores, serpentinas y confetis al numeroso público que se congregaba en la antigua carretera de la Explanada (hoy zona peatonal de terrazas) y que respondía de la misma forma desde aceras y balcones.

 

El fotógrafo alcoyano Isidro Laporta captó estas imágenes de la batalla de flores por la Explanada en las fiestas invernales.

El fotógrafo alcoyano Isidro Laporta captó estas imágenes de la batalla de flores por la Explanada en las fiestas invernales.

 

Las calles del centro y la propia Explanada se engalanaban desde balcones y farolas, gozaban de una iluminación extra y eran escenario de verbenas en las que se organizaban bailes, rifas, juegos y concursos como, por ejemplo, de peinados o mantones de manila, de estilismo que diríamos ahora. Para los más deportistas había competiciones de tiro, natación, regatas, carreras pedestres y un refinamiento tecnológico, concursos de aviación, cuyas piruetas debían ser de lo más atrevido y emocionante, la tecnología punta de la época. No podían faltar los festejos taurinos, uno en las fiestas de invierno ya que aún no era temporada y varias corridas de toros durante las de verano, en pleno agosto. El Teatro Principal era escenario de justas poéticas y conciertos con orquestas,  la vertiente culta de las fiestas, inspirada por la parte más ilustrada de la burguesía alicantina. En las fiestas invernales ni mención de actos religiosos, mientras que en las veraniegas se anunciaba a bombo y platillo una "solemne función religiosa con procesión" en honor a la patrona de la ciudad. Eso sí, ambos festejos coincidían en el reparto de limosnas y ropa para los pobres y presos. Diversión y caridad. Todo ello aderezado con los inevitables fuegos artificiales.

 

 

El conjunto era una divertida ensalada de actividades sin personalidad definida que acabó sucumbiendo ante el empuje abrasador de les fogueres de San Chuan en cuanto éstas, las Hogueras, asomaron al patio ciudadano.

 

 

Fuentes e imágenes:

Biblioteca Nacional de España.

Alicante. Miradas y Recuerdos. Diputación Provincial.

Archivo Municipal de Alicante.

Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica. Ministerio de Cultura.

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