La revolución urbana

Alicante se suma al progreso del último tercio del s. XIX y configura su actual trazado urbanístico tras el derribo de sus murallas. Benjamín Llorens te lo cuenta en esta nueva entrega de "Contrastes" con la Explanada como testigo del devenir de los acontecimientos.  

 

 

 

Tras la autorización regia (julio 1858) para el derribo de las murallas de Alicante, la ciudad se aprestó a la tarea con tal empeño que no dejó piedra sobre piedra. Unicamente quedó en pie lo que ahora vemos: dos lienzos de muralla que caen por las faldas del Benacantil, uno hacia el oeste hasta el entronque de Alfonso el Sabio con Jaime II y otro hacia el este, en dirección al mar, hasta el Raval Roig.

 

Los alicantinos celebraron el hecho de que esta ciudad dejara de ser considerada "plaza fuerte de guerra". Había necesidad de expansión, de abrir Alicante más allá de los muros que constreñian su desarrollo. En el interior de éstos los alicantinos vivian como sardinas en lata, apretaditos. Así que se trazaron nuevas calles, avenidas y manzanas enteras de edificios. El arquitecto González Altés diseñó el proyecto para el ensanche de la ciudad. Surgieron barrios periféricos que hoy ya no lo son tanto: Plá del Bon Repós, Carolinas, los Angeles, San Blas o Benalúa. 

 

Con el derribo del baluarte de San Carlos se ganaron más terrenos al mar, llevando a cabo una nueva explanación que prolongaba la fachada marítima hacia el sur. A esa nueva superficie la conocemos hoy como parque de Canalejas pero en aquel entonces se le dió el nombre oficial de Explanada pues la actual, la de "tota la vida", se denominaba Paseo de los Mártires de la Libertad, aunque coloquialmente los alicantinos se referían a ella como explanada del malecón, de los mártires o, simplemente, explanada. Los paseantes de la época podían llegar hasta el baluarte e incluso visitarlo, siempre ante la atenta mirada de algún soldado de la guardia, tal y como apreciamos en esta imagen de los años 70 del s.XIX.

 

 

Como decíamos, el derribo del fuerte posibilitó ganar nuevos terrenos al mar. Eso y la subsiguiente explanación de la zona regalaron a Alicante un nuevo lugar para el esparcimiento o -en sus primeros tiempos- un almacén al aire libre de toneles cargados de vino para transportar desde el puerto.

 

 

 

El Paseo de los Mártires se prolongó hasta la actual Plaza Canalejas adquiriendo la longitud con la que hoy lo conocemos. Cada 8 de marzo -y con carácter oficial- se celebraba allí un desfile cívico que partiendo del ayuntamiento finalizaba en el lugar donde fueron fusilados 24 liberales en el pronunciamiento de 1844 liderado por el coronel de carabineros Pantaleón Boné. Se ofrendaban coronas de flores y se pronunciaban discursos en homenaje a los mártires de la libertad.

 

 Desfile cívico en honor a los mártires de la libertad accediendo a la explanada por la calle del Triunfo (actual Alberola Romero).

 

 

En el panorama económico de Alicante marcaba el paso la actividad comercial del puerto. Hacia el sur, en la zona del nuevo Alicante marítimo, se fue conformando algo así como un polígono industrial de la época con espacios destinados a actividades marineras y portuarias, talleres de tonelería y carpintería, fábricas de aguardiante, jabones o cordelería. Naturalmente no faltaban las cuadras para albergar los animales de tiro y sus aperos correspondientes que permitían el rápido transporte con carretas. Pero la palma de la actividad industrial se la llevaba ¡cómo no! la fábrica de tabacos, algunas de cuyas elaboraciones tenían justa fama incluso fuera de España. En los albores del siglo XX daba empleo a más de cinco mil cigarreras.

 

 Sonrientes cigarreras posando para la foto en la fábrica de Alicante.

 

 En esa época Alicante tenía otras industrias de cierta importancia como, por ejemplo, dos refinerías de petróleo. La de Fourcade y Provot estaba instalada en la playa de babel mientras que la más importante y conocida hoy día se situaba en la finca la británica, actual zona de la cantera. Tenía puerto propio justo delante y producía más de 800 barriles diarios, siendo propiedad de la compañía germano-holandesa Deutch & Cía. En el sector metalúrgico, Alicante contaba con una factoría puntera, la fundición Tomás Aznar y Hnos. donde se fabricaban generadores, puentes y ferrocarriles para minas, incluyendo las vagonetas. El panorama se completaba con varias fábricas de toneles (dado el auge en la exportación de vinos), conserveras especializadas en frutas, legumbres y pescados, harineras y dos grandes cerámicas.

 

A la izquierda de la plaza de toros la chimenea de la Cerámica Alicantina.

  

Las empresas más importantes del tejido industrial alicantino eran estatales o de capital extranjero. La burguesía local mostraba escaso interés en la inversión industrial, prefería hacerlo en comercio y agricultura, o colocar sus beneficios en deuda pública, compañías ferroviarias o (adelantándose al boom constructor de los años 60 y 70 del s. XX) dedicarse a la especulación urbana. Era una burguesía comercial y financiera que gustaba de vivir junto al mar, en la zona noble de la ciudad, en la explanada. En 1877 se había dotado de un instrumento financiero autóctono, la Caja Especial de Ahorros de Alicante, con Eleuterio Maisonnave a la cabeza y un capital inicial de 25 mil pesetas (150 €).

 

Mientras tanto el impulso económico de Alicante había generado una clase trabajadora que necesitaba organizarse. En 1890 se constituye el primer Centro Obrero en la calle Liorna (actual López Torregrosa) y a finales de ese año, el 29 de diciembre, visita la ciudad Pablo Iglesias, fundador del PSOE, para dar impulso a las ideas socialistas y organizar la primera agrupación del histórico partido en la terreta, cosa que se llevó a efecto el 21 de enero siguiente, ya en 1891.

 

El protagonismo cultural estaba en el Ateneo, el Casino, la Sociedad de Amigos del País y la Diputación Provincial. En ese mismo año de 1890 se inauguran las instalaciones del Club de Regatas en el muelle de la Explanada. Poco más que un barracón flotante de madera.

 

 

 A la derecha, en plena curva del muelle, la sede de madera del club de regatas. En el centro la frondosa Explanada de la época y en primer término toneles preparados para su embarque.

 

 

En 1896 Alicante estrenó el alumbrado eléctrico. La primera compañía generadora de luz fue Electra Alicantina, creada por los industriales Campos y Prytz, este último de origen sueco. Estaba instalada en Alfonso el Sabio. A partir de entonces los cables aéreos del incipiente tendido eléctrico comenzaron a afearlas fachadas de la ciudad. A la Explanada no llegó la electricidad hasta 1910 cuando, de una tacada, se instaló el tendido en todo el frente marítimo, incluyendo el actual Parque de Canalejas.

 

El Paseo de los Mártires de la Libertad era el centro neurálgico de la ciudad, todo el tráfico -es un decir- de la época pasaba por allí. Carruajes, diligencias o el tranvía de mulascirculaban por la carretera de la Explanada, así se llamaba al vial que discurría entre los edificios y el paseo de palmeras. Entonces era de tierra, hoy día está peatonalizado y ocupado por multitud de terrazas siendo imagen turística de la ciudad. Alicante estrenaba el siglo XX con una población que superaba los 50 mil habitantes, más del doble que a mediados del XIX.

 

 

Fuentes e Imágenes:

Archivo Municipal de Alicante (fotos de Ramón Vidal Irles ; Oscar Vaillard ; Manuel Cantos ; Bazar López).

Alicante Vivo.

Historia de la ciudad de Alicante. Edad Contemporánea. Glicerio Sanchez Recio.

Mujeres e industria tabaquera en Alicante. Teresa Lanceta.

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