La Explanada. De patatal a paseo

Un nuevo capítulo de la historia de la Explanada de Alicante en "Contrastes".  En esta ocasión, Benjamín Llorens nos lleva por los avatares políticos de finales del s.XVIII y principios del XIX, cuando se decide darle lustre al malecón lleno de baches para conventirlo en el paseo orgullo de los alicantinos que es hoy. 

 

Foto realizada por el médico alicantino Francisco Ramos Martín.

 

Un año antes de que Alicante inaugurase su primer sistema de alumbrado público a base de faroles de aceite, lo que sucedió en 1790, Europa entera se estremeció con la Revolución Francesa que abolió la monarquía, ensangrentó el país vecino e iluminó al mundo con las ideas de la Ilustración, con el triunfo de la razón sobre los atavismos y supersticiones. En la ciudad la colonia francesa era numerosa, dedicada sobretodo al comercio portuario y con una creciente influencia social como parte de la naciente burguesía alicantina.

 

En los últimos años del XVIII Alicante sufrió periodos de sequía y alguna gota fría, como la de 1793 que asoló nuestra famosa huerta. La sed de la tierra y el exceso de agua se conjugaron para que hubiera muy poca agricultura que exportar a través del puerto. Vino un periodo comercial de vacas flacas. Pero nada más comenzar el siglo XIX, en 1801, se instala en la ciudad una de las industrias que han conformado nuestra historia más reciente, la Fábrica de Tabacos. Casi en su totalidad la Casa de Misericordia (1752) pasó de centro de beneficencia a flamante fábrica estatal.

Fachada principal de la Fábrica de Tabacos, recayente a la actual calle Sevilla.

 Fachada principal de la Fábrica de Tabacos, recayente a la actual calle Sevilla.

 

Dos años después, en 1803, se constituye la primera Junta de Obras del Puerto, presidida por José Sentmenat y dependiente del gobierno de su majestad Carlos IV. La economía veía brotes verdes, pero en 1808 estalló la Guerra de la Independencia, precisamente contra el ejército francés, que invadió España y en lugar de levantar nuestro comercio lo que levantamos fue nuevas murallas. Se construyó otro baluarte defensivo, el castillo de San Fernando y se amplió el recinto amurallado desde el fuerte de San Carlos ascendiendo por los actuales paseos de Gadea y Soto. El arrabal de San Francisco al completo quedaba dentro de los nuevos muros de Alicante, así como la Montañeta, molino incluido.

 

 

Mientras tanto, el malecón se parecía más a un bancal repleto de agujeros y baches, de fango cuando llovía, que al paseo en que se convertiría antes de finalizar el siglo. En 1819 la polvorienta extensión miró de reojo cómo a su lado desembarcaban y entraban en la ciudad, por la puerta del mar, los restos mortales de Carlos IV y MªLuisa de Parma, padres del rey absolutista Fernando VII quienes, procedentes de Nápoles, llegaban a España por Alicante para ser definitivamente enterrados en El Escorial.

 

Al año siguiente, tras el pronunciamiento de Riego, se restablece el régimen liberal. En Alicante el 12 de marzo de 1820, sin esperar a la intervención de las autoridades militares, se proclama la constitución de 1812, la Pepa. Y una semana más tarde, aprovechando la festividad de San José, se organizan celebraciones por toda la ciudad. La burguesía alicantina y una parte de la nobleza, junto a profesionales libres y artesanos, apoyan decididamente el régimen liberal. No duró mucho. En noviembre de 1822 las potencias de la Santa Alianza amenazan al gobierno español con una intervención militar si la Pepa no es abolida y se devuelven los poderes absolutos al rey. Cinco meses después (abril de 1823) invadían España los Cien mil hijos de San Luis. Alicante se aprestó a defender la causa liberal. Dado su carácter de plaza fuerte de guerra acogió a muchas personas de toda la provincia que venían a refugiarse entre sus muros y cuya atención y mantenimiento generó un gasto extra a la ciudad. El comercio volvió a resentirse. Finalmente y ante la imposibilidad de resistir, el 30 de septiembre las Cortes liberan a Fernando VII que, uniéndose al ejército invasor, inaugura una nueva época absolutista.

Fernando VII por Francisco de Goya.

 Fernando VII por Francisco de Goya.

 

Alicante todavía resistió un mes, pero cuando las autoridades liberales certificaron que la ciudad se había quedado "más sola que la una" en defensa de la causa liberal, firmaron la rendición el 6 de noviembre y el día 12 las tropas de la Santa Alianza, al mando del vizconde de Bonemains, ocupan Alicante. Inmediato cambio de autoridades. Los realistas se hacen cargo del ayuntamiento. El rey nombra corregidor al brigadier Pedro Fermín de Iriberry que ejerce el poder militar y civil, controlando el ayuntamiento, las finanzas y el orden público.

 

En la primera redada de nivel que organiza Iriberry, el día después de navidad, llena de liberales los calabozos de los castillos de Santa Bárbara y de San Fernando y como le faltaba sitio aún se habilitó temporalmente a modo de cárcel la Casa de la Asegurada (hoy Museo de Arte Contemporáneo en la calle Villavieja).

Brigadier Pedro Fermín de Iriberry.

Brigadier Pedro Fermín de Iriberry.

 

El nivel de represión bajo el mandato -absolutista, por supuesto- del corregidor Iriberry fué en Alicante de más a menos. Poco a poco suavizó sus posturas, interesandose por temas urbanísticos y sociales (alguna disputa tuvo con familias de la nobleza alicantina) y en 1829 puso su atención en la muralla de defensa contra las aguas del mar y los terrenos próximos, es decir en el malecón. Ordenó la explanación del terreno que se extendía desde la puerta del mar hasta el baluarte de San Carlos, eliminando agujeros y baches, acondicionando el piso, dotándolo de mayor firmeza y colocando bancos. Alicante pasó, de tener un patatal junto al mar, a disfrutar de un paseo en primera línea, aunque separado del agua por un muro que aún tardaría algunos años en caer.

 

En 1833 la ciudad se convierte definitivamente en la capital de la provincia que lleva su nombre. El nuevo paseo del Malecón daba lustre a la plaza y orgullo a los alicantinos. Con el devenir del siglo XIX iría enriqueciéndose la fisonomía urbana de nuestra actual explanada hasta alcanzar el aspecto de esta imagen de finales de siglo.

Foto realizada por el médico alicantino Francisco Ramos Martín.

 Foto realizada por el médico alicantino Francisco Ramos Martín.

 

En el próximo Contrastes continuaremos esta escapada por el Alicante del XIX y nuestro paseo de la explanada.

 

 Fuentes e Imágenes:

Archivo Municipal de Alicante.

Historia de la ciudad de Alicante. Edad Contemporánea (coordinación:

Glicerio Sanchez Recio, Francisco Moreno Saez).

Biblioteca Nacional de España.

Una historia con luces y sombras. Seminario Universidad de Alicante (coord.:

Armando Alberola, Ramiro Muñoz).

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