Una Explanada de polvo y barro

Nueva entrega de "Contrastes" y su nueva serie dedicada a la Explanada de Alicante, donde Benjamín Llorens nos cuenta la historia del singular paseo alicantino. En esta ocasión hace un repaso a los hitos más importantes del s.XVIII que afectaron a su constante evolución.

 

Tras el bombardeo de la armada francesa en 1691 y con Alicante convertida en una escombrera, la ciudad quiso apresurarse en su reconstrucción. Ese mismo año, en la playa de las barcas, se levantó el fuerte o baluarte de San Carlos con el fin de proteger la ciudad por el sur y arropar el arrabal de San Francisco, que había ido creciendo extramuros. Al tiempo se acordó ganar terreno al mar con los cuantiosos escombros resultado del bombardeo, adelantando el frente marítimo y protegiendo el descampado resultante (la actual Explanada y los edificios de la calle San Fernando) con un lienzo de muralla que iba, en línea recta, desde la Puerta del Mar hasta el baluarte de San Carlos, discurriendo por lo que hoy viene a ser la avenida Conde de Vallellano.

 

 

Este plano recrea la situación que describimos. A la izquierda, con forma de rombo, el baluarte de San Carlos, a la derecha el muelle de Levante y entre ambos toda la superficie ganada al mar, incluido el propio baluarte. En perpendicular al pequeño espigón situado junto al fuerte observamos la actual plaza de Gabriel Miró o de correos como un descampado al que se llamó entonces plaza de las Barcas, en honor a las que allí descansaban cuando la playa aún no había sido enterrada bajo los escombros del bombardeo de 1691.

 

Del ayuntamiento y sus archivos no quedaba ni rastro, así que las autoridades decidieron construir uno nuevo, el actual, en el mismo lugar. Pero en pleno frenesí de reconstrucción urbana de Alicante y ya comenzado el siglo XVIII llegó un nuevo conflicto bélico: la guerra de Sucesión entre austrias y borbones.

 

En el verano de 1706 el bombardeo de la ciudad por la armada inglesa (aliada de los austrias) puso en evidencia que las murallas y defensas de la plaza de Alicante quizá podrían repeler un ataque con flechas, lanzas y espadas, pero no resultaban adecuadas para resistir a la moderna artillería naval.

 

 

En 1709 la ciudad retorna al bando borbónico, como al principio del conflicto, y el 27 de abril toma posesión el nuevo concejo municipal con el coronel Patricio Miset comocorregidor (alto representante de la Corona, síntesis entre gobernador militar y civil) y Fancisco Esteban Zamora como justicia mayor (alcalde, nombrado por el corregidor). La construcción del nuevo ayuntamiento estaba en pañales, la toma de posesión se hizo en un edificio cercano de la entonces plaza del Mar (actual del Ayuntamiento).

 

La ingente tarea de reconstrucción ocuparía a los alicantinos durante todo el siglo XVIII. En 1711 se crea en España el Cuerpo militar de Ingenieros, formado mayoritariamente por extranjeros venidos de Flandes, Italia y Francia. Al mando Jorge Próspero de Verboom, que -junto con algunos de sus ingenieros- se dejó caer por Alicante para dar un empujón al diseño y reconstrucción de las defensas de la ciudad -y como consecuencia a la ampliación del perímetro urbano. Los trabajos se llevaron a cabo entre los años de 1730 a 1750, aunque la ciudad estuvo casi todo el XVIII enfrascada en tareas de obra.

 

Marqués de Verboom

En 1732 la Corona de España decide utilizar el puerto de Alicante para embarcar a las tropas que marchaban al norte de Africa a conquistar Orán y Mazalquivir. En torno al puerto se "acuartelaba" un ejército de 30 mil hombres, cifra que prácticamente triplicaba la población del Alicante de entonces, generando serios problemas de abastecimiento. La explanada del malecón sirvió como acuartelamiento provisional mientras se efectuaba el embarque. Era un inmenso descampado de tierra sin un uso concreto, aún lejos del lugar de esparcimiento y recreo que será en el futuro.

 

Se incorporaron nuevos tramos de muralla. Al norte de la ciudad el lienzo que baja por la ladera del Benacantil hasta el actual portón se prolongó, desde lo que entonces era la Puerta de la Huerta, hacia el suroeste en dirección al actual mercado central. Desde allí giraba descendiendo por la actual calle Castaños hasta la calle Gerona donde volvía a girar hacia poniente, en dirección a la actual plaza de Calvo Sotelo y una vez allí descendía por la actual calle Canalejas para enlazar con el fuerte de San Carlos. Así se ampliaba el perímetro urbano dejando ya intramuros al arrabal de San Francisco. Que, a todo esto, y tras ganar al mar el actual terreno de la Explanada, se desarrolló rápidamente. Su proximidad al puerto dió lugar a que muchos comerciantes y consignatarios fijaran allí sus oficinas e incluso sus viviendas. Ya no estaba en primera línea, que diríamos ahora, y dejó de ser un barrio de pescadores.

 

En 1765 un real decreto concedió al puerto de Alicante la facultad de libre comercio con las Indias Occidentales, con América, lo que dió un nuevo impulso a la actividad comercial y de pasajeros. Parte de la nobleza y la naciente burguesía europea -sobretodo franceses e italianos- llegaban hasta Alicante para embarcar rumbo a las américas, al igual que mercancías provenientes de todo el Mediterráneo.

 

 

En este grabado de mediados del XVIII apreciamos desde el muelle de Levante cómo la actual Explanada era un terreno yermo y polvoriento, ganado al mar e intransitable en cuanto llovía con ganas. Se convertía en un barrizal pero -poco a poco- se iba asentando.

 

A mitad de centuria los distintos estratos sociales que vivían en Alicante conformaban una ciudad cercana a los 11 mil habitantes. La nobleza local (poca) y el clero (bastante) constituían los grupos más privilegiados. Después venía apretando fuerte la naciente burguesía cuyos mejores y más numerosos representantes eran los comerciantes, muchos de ellos extranjeros, mayoritariamente italianos genoveses y franceses. Estos últimos formaban el grupo más dinámico y abierto, ya que bebían de las ideas de la Ilustración y le dieron a Alicante un aire más cosmopolita.

 

Con el tirón de la actividad comercial portuaria las capas medias también encontraban su sustento: agricultores (pequeños propietarios,arrendatarios), artesanos (los plateros eran los mejor pagados, en auge andaban toneleros, carpinteros y herreros), funcionarios municipales y de la corona y profesionales tales como escribanos, abogados o médicos. Estos últimos eran los que más cobraban por sus servicios. Poco antes de llegar a la mitad del siglo Alicante contaba con 8 médicos. Las capas más bajas se buscaban la vida como podían en torno al campo (jornaleros) o al mar (pescadores, marineros).

 

 

En 1780 ¡por fin! se terminó el edificio del nuevo ayuntamiento. Antes, en el 71, se instaló en la plaza la fuente que aparece en este grabado de Nicolás Chapuy conservado en la Bibliothèque National de France. Además de trabajar los alicantinos del XVIII dedicaban su tiempo a las numerosas festividades de la época, todas con carácter religioso pero a las que adosaban juegos de pelota, fuegos artificiales, toros, teatro, audiciones musicales y actos literarios. Fervor sí, pero con diversión.

 

En 1785 se estableció en Alicante el Consulado del Mar, frente al ayuntamiento, dotando al puerto de mayor autonomía. Allí se realizaban funciones administrativas y de enseñanza, con escuelas de Dibujo y Cartografía, Naútica y Francés, idioma referente en la Europa de entonces y casi también en el puerto alicantino.

 

En esta foto de los años 30 distinguimos, a la izquierda, los soportales del Consulado del Mar frente al ayuntamiento, cuando la plaza era triangular como puede apreciarse. En la siguiente imagen asistimos al derribo del edificio, soportales incluidos, en 1943 tras la explosión de la vecina armería El Gato.

 

Alicante llegaba al final del XVIII en pleno proceso de expansión, tras los dos conflictos bélicos que la habían dejado para el arrastre. Recuperando ciudad. En 1790 se inauguró el alumbrado público. Con un coste de 27 mil reales de vellón 470 faroles triangulares de aceite dieron alegría y mayor seguridad a la noche de las polvorientas calles alicantinas.

 

 

La plaza del Mar, con su nuevo y flamante Ayuntamiento, se convirtió entonces en el lugar de paseo favorito de los alicantinos. Se la conocía como la plaza empedrada, pues era la única dotada con pavimento. Un poco más allá, hacia el mar, nuestra actual Explanada, el malecón, era un descampado yermo y polvoriento. Pensado más para la defensa de la fachada marítima que para el lugar de esparcimiento que conocemos hoy. Hay que esperar a la llegada del siglo XIX, el de la modernidad en Alicante, para que el terreno que durante milenios dominó el mare nostrum empezara a ser percibido como el magnífico paseo que es hoy. Lo contamos en el próximo Contrastes.

 

Fuentes e Imágenes:

Cartoteca Histórica del Servicio Geográfico del Ejército.

Archivo Municipal de Alicante.

Bibliothèque National de France.

Origen y Evolución de las murallas de Alicante (Pablo Rosser).

Biblioteca Nacional de España.

Historia de la ciudad de Alicante. Edad Moderna. Universidad de

Alicante (varios autores).

Instituto de Historia y Cultura Naval de la Armada Española.

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