Alicante y el primer submarino

Esta semana en "Contrastes", Benjamín Llorens nos cuenta una anécdota más de la historia del Alicante del s. XIX: la hazaña de la presentación del primer submarino español, probado con éxito por el inventor riojano Cosme García en el puerto de la ciudad y, por circunstancias de la época, bajo cuyas aguas reposa en la actualidad. 

 

Bocetos del primer submarino probado en el puerto de Alicante en el s.XIX 

Las primeras pruebas documentadas de aparatos submarinos en España datan de la primera mitad del siglo XVI, durante el reinado de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Se realizaron en aguas del Tajo y eran en realidad artilugios individuales de buceo sujetos a tierra, sin autonomía. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando en España se diseña, construye y prueba con éxito una embarcación capaz de navegar bajo el agua de forma totalmente autónoma sin cuerdas, tubos u otras extensiones que le conecten con el exterior. Lo hizo posible un inventor riojano, Cosme García Saenz (Logroño 1818), pionero de la navegación submarina española, en aguas del puerto de Alicante donde se realizó la primera prueba de un invento llamado a revolucionar la navegación. Y fue un éxito.

 

 

Retrato de Cosme García

 

 

El 8 de mayo de 1860 Cosme García obtuvo la patente para su segundo sumergible. Anteriormente había construido otro más rudimentario y cuya puesta de largo, en el puerto de Barcelona, fue un fracaso. El nuevo aparato se construyó en los talleres de la empresa Maquinaria Terrestre y Marítima de Barcelona. Su forma era parecida a la de un barco convencional, incluso portaba una vela que se desplegaba para navegar en superficie y se recogía para la inmersión. 

 

El sumergible fue habilitado para dos personas, más que por falta de espacio por limitación de oxígeno. Sus medidas eran: 6 metros de eslora (longitud), 2 de manga (anchura) y 2'25 m. de altura.

 

 

 

Reproducción del primer sumergible español. Obra del maquetista

naval Carlos Pérez.

 

 

El submarino de Cosme García contaba con dos salidas para remos en los laterales, protegidas con caucho para mantener la estanqueidad de la nave. En los bajos instaló cuatro salidas más para recoger muestras y restos del fondo marino. Los laterales de proa estaban dotados con timones de buceo, una especie de alerones que ayudan al buque a sumergirse o a volver a la superficie. Portaba cuatro tanques que, al inundarse de agua, hacían posible la inmersión del submarino de forma controlada. Para el proceso contrario, el lastre que suponía el agua de los tanques se expulsaba a través de unas bombas de evacuación manejadas desde el interior del sumergible y éste subía a la superficie, también de forma controlada (Arquímedes dixit).

¿Y cómo se propulsaba todo ello? Pues también de forma controlada...manualmente. Los dos tripulantes para los que se habilitó el sumergible (que a la postre serían el inventor y uno de sus hijos) accionaban unas manivelas que ponían en marcha el engranaje que, a su vez, movía la hélice propulsando la nave. La exigua tripulación sólo podía conseguir una velocidad de desplazamiento inferior a una milla naútica por hora. Y todo ello envuelto en un casco metálico, lo que fue considerado por muchos una locura del inventor (el sumergible de Monturiol aún siendo posterior tenía casco de madera). El sempiterno gracejo español se sacó de la manga unas cuantas chanzas a propósito del seguro e irremediable hundimiento descontrolado del nuevo invento ("si es de hierro ¡como no lo suban empujando!"). Claro que no se acordaban de Arquímedes. O, peor aún, ni siquiera habían oído hablar de él. Cosme García se encargó de que los chistes se tornaran aplausos para su "Garcibuzo", apelativo que dió al aparato la prensa de la época que no el inventor, quién lo patentó con el nombre (poco comercial, eso sí) de "aparato sumergible".

 

 

Estos son los planos del primer submarino español en su patente francesa, que Cosme García registró en el país galo un año después (1861) de su puesta de largo en el puerto de Alicante. Su nombre francés era "bateau plongeur" (barco de buceo).

Tras patentarlo en mayo de 1860 había que probar el invento de inmediato y para ello se eligió la ciudad de Alicante, único puerto español conectado ferroviariamente con Madrid, lo que hacía más fácil el desplazamiento de políticos, militares y periodistas para asistir a la prueba en nuestras aguas. Narciso Monturiol también eligió Alicante, un año después, para probar su Ictíneo.

 

 

El puerto de Alicante se limitaba entonces a lo que hoy conocemos como dársena interior y en esas aguas se efectuó la prueba del primer submarino español, que llegó a la ciudad a bordo de un buque mercante procedente de Barcelona, donde se había construido. El 4 de agosto de 1860 Alicante amaneció como cualquier otro día del verano, cielo despejado, sol y caloret. A las 7 de la mañana la actividad en torno al puerto era mayor de lo habitual. Carruajes oficiales dejaban en el muelle a cargos militares como el comandante de marina o el gobernador de la plaza, a técnicos de alto rango venidos de Madrid, algún que otro marqués, periodistas -pocos- y miembros de diversas representaciones diplomáticas con rango consular (Suiza, Reino Unido, Francia y Estados Unidos, entre otros).

Para evolucionar el sumergible se eligió el lugar del puerto con mayor calado. Y allí estaba el Garcibuzo, a flote, a la vista de todos, que no eran pocos pero tampoco muchedumbre. Con máxima expectación el inventor y su hijo Enrique se introdujeron por la escotilla. Ya eran casi las 8 de la mañana. Nervios a flor de piel ¿y si no emergen? ¿y si se hunden irremediablemente? En esto estaba el público cuando la nave se sumergió desapareciendo a la vista de todos con suma facilidad. Ningún tubo, cuerda o sujeción la comunicaban con el exterior.

 

 

Autoridades y curiosos alargaban el cuello para intentar ver las evoluciones del aparato más allá de la superficie. Cosme hizo moverse la nave en todas direcciones, a babor, estribor, avante y a popa. Realizó giros parciales cambiando de dirección y otros completos modificando el sentido de su avance. En ocasiones se colocaba entre dos aguas para que el público del muelle pudiera verlo mejor.

 

El Garcibuzo estuvo 45 minutos evolucionando por el fondo marino del puerto de Alicante. Pasado ese tiempo emergió definitivamente, se abrió la escotilla y los dos tripulantes aparecieron más frescos que una lechuga, entre los aplausos de la cada vez más numerosa concurrencia. Eran casi las 9. La prueba había sido todo un éxito. Nada más poner pie a tierra el propio inventor y patrón del submarino manifestó que podría haber estado mucho más tiempo bajo el agua pero lo desestimó a fin de no intranquilizar excesivamente al público. Cosme García había equipado su nave con un sistema para la regeneración del oxígeno del que no sabemos nada pues no lo patentó por falta de fondos (se había gastado todo en el prototipo) y no se han conservado planos del mismo.

 

 

El Acta oficial (conservada en el archivo histórico del Ministerio de Marina) recoje -ante notario y autoridades- que "todas las operaciones se han ejecutado a nuestra vista, sin que el inventor haya necesitado aire, ni ningún otro auxilio exterior. Esto es, incomunicado completamente con la atmósfera, suelto y libre el aparato, sin un cable siquiera que pudiera elevarlo del fondo marino a la superficie, caso de cualquier accidente. Y a petición del inventor don Cosme García Saenz, y por ser así la verdad, firmamos este Acta en Alicante a día 6 de agosto de 1860".

Estamparon su rúbrica el Comandante de Marina, el Presidente del Consejo Provincial, el Gobernador Militar, ingenieros civiles, el Juez de 1ª Instancia, consules europeos y americanos y un periodista, director-propietario del diario "El Comercio".

 

Todo un éxito para la ingeniería española con Alicante como testigo. Ahora a Cosme le preocupaba rentabilizar el invento, había gastado en él todos sus recursos, sin ninguna ayuda del Estado ni de la industria privada. Estaba sin blanca. Pero cuando meses más tarde iba a ser recibido por la Reina atisbó una luz al final del túnel. Era un espejismo. Isabel II, aconsejada por sus ministros militares y civiles, le dijo -con mucha educación y exquisitez- que debido a los gastos contraídos por las guerras en Africa el Estado no podía hacerse cargo de la fabricación del invento.

 

Otro tren que España dejaba pasar.

Cosme García consiguió, con alguna ayudita económica y lo poco que le quedaba, patentar su invento en Francia un año después de la prueba en el puerto de Alicante. Napoleón III le ofreció un contrato para construir el submarino en Toulon. Pero permitidme que deje para el próximo Contrastes esta historia y la interesante peripecia vital del inventor español Cosme García, que también fue el padre del moderno fusil de repetición (nuestro ejército lo desechó en su día por avanzado) y el inventor del matasellos.

 

 

Y ¿qué fue del primer submarino español? ¿del Garcibuzo? Cuando el 4 de agosto de 1860 finalizó exitosamente su prueba en Alicante permaneció fondeado en nuestro puerto a la espera de financiación para construir más y mejores unidades. Como hemos visto, ayuda y dinero nunca llegaron para el puntero proyecto. Tiempo más tarde, con Cosme ya totalmente arruinado, la Autoridad Portuaria de Alicante reclamó al inventor los derechos de amarre correspondientes a los años que el submarino llevaba atracado en la dársena alicantina. Sin un céntimo, Cosme encargó a su hijo Enrique (que había pilotado con él la primera inmersión) que viniera a Alicante, sacara la nave del puerto y la echara a pique. Así se hizo y en algún lugar de nuestro fondo marino duerme el sueño de los justos el primer submarino español.

Aunque lo más probable es que esté hecho fosfatina. Más de 150 años de corrosión marina y sucesivas ampliaciones del puerto que pueden haberlo enterrado bajo toneladas de piedra, han hecho infructuosos los tímidos intentos de búsqueda. A lo que debemos unir la posibilidad de que -si no lo había hecho ya- desapareciera definitivamente durante la guerra civil del 36. El puerto de Alicante fue objetivo prioritario de los bombardeos aéreos sobre la ciudad. Cualquier proyectil que hubiera caido de lleno o cerca -y cayeron muchísimos-´habría reducido el sumergible a poco más que polvo pues para entonces ya llevaba 70 años olvidado en el fondo del puerto con una importante corrosión.

Que no se le encuentre no es óbice para que se pueda rendir homenaje (y dejar constancia para generaciones venideras) a la gesta de un inventor sin estudios superiores, un genio autodidacta, como fue Cosme García Saenz, padre del primer submarino español que se puso de largo en el puerto de Alicante, la Cota Cero de España.

 Imágenes y Fuentes:

Archivo Histórico del ministerio de Marina ; Bibliothéque National de

France ; Archivo Municipal de Alicante ; Instituto de Historia y Cultura

Naval ; AlicanteVivo.org ; Biblioteca Nacional de España ; Radio

 Nacional de España (programa "Documentos").

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