El verdadero Caruso

 

"Contrastes" nos acerca esta semana la figura de uno de los iconos más queridos del Alicante reciente: Caruso, trovador de las calles de la ciudad que amenizaba a los viandantes con su canto y figura que pasó a ser, con el tiempo, un referente del Alicante más genuino. Nos lo cuenta el periodista Benjamín Llorens, autor de la sección.

 

 

 

El verdadero Caruso

 

 

Y no me refiero al tenor napolitano Enrico Caruso, sino a Esteban Pérez Salgado, nacido en el alicantino barrio de las Carolinas allá por el año de 1930. Una leyenda en el imaginario popular de esta ciudad.

 

Pues dice la leyenda que Esteban, de profesión albañil, estaba cumpliendo con la patria, haciendo la mili, cuando durante la celebración de una fiesta en el cuartel se animó, subió al escenario y comenzó a cantar. Su voz ronca y quebrada no dejó indiferente a nadie. Cuando, atacando unas notas altas, la tenía ya casi rota sus compañeros de la milicia le decían: "¡cantas igualito que Caruso!". Desde entonces nunca más fue Esteban. Ya siempre sería Caruso.

 

 

De las calles del centro de Alicante hizo su cuartel general. Desde la Explanada a la calle Mayor, desde Alfonso el Sabio a la Rambla, era habitual verle paseando con su inigualable pajarita, una chaqueta más grande que él y la retahíla de medallas que colgaban de sus solapas.

 

De cuando en cuando se arrancaba a cantar para que cayeran las propinas en el sombrero e ir tirando, que las cosas estaban muy "achuchás" en aquella España aún de posguerra y autarquía.

 

Con el tiempo se echó novia, Marieta "la collares". Juntitos y cogiditos de la mano hacían su recorrido habitual por Alicante.

 

 

Ninot de la Foguera Ayuntamiento

 

 

Las escalinatas del antiguo Monumental-Salón Moderno, cuando su fachada recaía a la avenida Alfonso el Sabio frente al apeadero de tranvías, eran la atalaya desde la que veían discurrir la vida de aquel Alacant.

 

 

 

 

Allí recuerdo yo al bueno de Caruso más que en ningún sitio. Un día, mediados los 60, y mientras esperaba el tranvía para ir del cole a mi casa -en el Plá del Bon Repós- le pregunté por una de las medallas que colgaban de su chaqueta.

 

"Esta -me dijo con orgullo- me la dieron en la Scala de Milán, chaval".

 

"¡Guauuu!", respondí con cara de admiración.

 

Lo curioso es que yo tenía una igual. Era de un campeonato escolar de mini-basket.

 

 

Despreocupado, afable y bonachón. Ese era Caruso.Y muy pinturero cuando se arrancaba a cantar, sobretodo "Granada" la favorita de un público muy cambiante que hacía una "paraeta en el camí" para escucharle. Durante varias décadas tuvo una proyección pública que -junto a su toque extravagante- le han colocado en el imaginario de varias generaciones de alicantinos.

 

Al comenzar la década de los 90, Marieta nos dejó para siempre. Tres años después, en el invierno de 1993, se apagó la voz y la vida de nuestro inolvidable Caruso.

 

Genio y figura. Leyenda alicantina.

 

 

 

Imágenes:

Alicante Vivo ; La millor terra del mon ; Alicante Total ; Alicante en la Mochila ;

Archivo Municipal de Alicante.

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