El léxico marinero en "Master and Commander"

JOAQUÍN ÑECO

“Pronto embarcaron de nuevo mientras redoblaba el viento, y estirando los cabos tensaron la vela. La nave fue llevada hacia el mar abierto con gran impulso como un halcón que despliega en la altura sus alas y se desliza rápido en una ráfaga de aire”.

Apolonio de Rodas.

Los marinos nos enorgullecemos de utilizar un léxico que, como sucede en las diferentes marinas españolas (la Armada, la Mercante, la de Pesca y la de Ocio), todavía utilizamos con palabras náuticas de varios siglos de existencia.

Cartel de la película "Master and Commander"Este léxico fue tan importante que incluso en la ciudad de Sevilla se creó la Universidad de Mareantes, y en el año 1.696 se editó una nueva edición corregida y ampliada de un libro de “Vocabulario Marítimo” que se venía utilizando desde hacía más de dos siglos. La institución se creó en esta ciudad por ser el puerto de los navíos que llegaban de nuestras colonias sudamericanas en navegaciones que atravesaban el Atlántico.

El veintitrés de junio de mil novecientos sesenta y tres, el alicantino Almirante D. Julio Guillén Tato pronunció un discurso para su ingreso en la Real Academia Española aludiendo a este lenguaje. Uno de sus párrafos dice lo siguiente: “Por ello os traigo el tema sencillo con más afán que ciencia, sin ringorrangos ni vanidades de erudición, gratísimo para mí, y aun obligado por mi condición de Marino de la Armada, del peculiar lenguaje marinero, poco conocido en su auténtica entraña tierra adentro y que posee el más rico vocabulario entre las jergas de cualquier oficio o profesión por haber sido la Marina todo un Mundo, y aun aislado”.

Como ejemplo de este léxico, la película “Master and Commander” es de las pocas que aborda el tema de la Armada con un gran realismo, no sólo por los barcos empleados en su realización, sino también por el lenguaje marinero utilizado, tan apropiado y difícil de ver en la mayoría de los filmes que abordan el tema.

Fotograma de la película "Master and Commander".Algunas escenas guardan detalles que llaman la atención, como el hecho de que los miembros de la dotación de guardia-marinas sean niños o mozalbetes. Ello venía dado porque la formación de los futuros oficiales, en la mayoría de las armadas, se realizaba a bordo de los propios barcos y a edades muy tempranas; en la armada inglesa, la edad para acceder a este empleo de guardia-marina, en esta época, era la de doce años.

Asimismo, el título de la película refleja la doble función que tenía encomendada un comandante de un navío y que se pone de manifiesto en la escena en la que el personaje que encarna Rusell Crowe, está enseñando a utilizar el sextante, tomando la altura del Sol, a los guardia-marinas (master) y luego las específicas del mando que ostenta (commander).

La fraseología en cuartas empleada para ordenar los rumbos, es la correcta y en una escena se oye: “Rumbo E, ¼ al S”.

Miembros de la Armada Española utilizan un sexante en maniobras en alta mar. Foto: Armada EspañolaMedir el tiempo en alta mar

El situarse en esa época dependía de dos valiosos instrumentos para los navegantes: el sextante y el reloj. La exactitud en la situación dependía más del reloj que del sextante hasta tal punto que, en Inglaterra, en el reinado de Jorge III, el Parlamento estableció un premio de veinte mil libras (una fortuna para la época) a quién presentase un reloj mecánico que fuese lo más exacto posible para utilizarlo en navegaciones transoceánicas. El premio lo ganó, tras haber fabricado diversos modelos, que fue perfeccionado a lo largo de catorce años, John Harrison (1693-1776). Aún así, ese reloj atrasaba cuarenta segundos al día, tiempo excesivo para obtener una buena situación. Hubo que esperar hasta el año 1880 en que Alemania consiguió mediante un contrato con una relojería suiza, tener los primeros relojes de pulsera que daban una hora bastante exacta con los que dotó a todos los oficiales de su Armada.

Reloj de arena utilizado en antiguos navíos. Hay una escena en la que se ve a un marinero de guardia en el “alcázar” o “castillo” (espacio elevado en la cubierta superior de un barco, comprendido entre el palo mayor y el coronamiento de popa), picar las horas con la campana que llevaban, y que aun hoy todavía llevan muchos buques aunque no sea esa la función para la que se destina en la actualidad.

Por otro lado, en la película otro marinero le da la vuelta a la ampolleta de un reloj de arena. La hora era tan importante a bordo de los navíos, que tenía permanentemente a su cuidado, tres o cuatro marineros que se relevaban continuamente. Si alguno se descuidaba a lo largo de su guardia, aunque sólo fuese una vez y no le daba la vuelta a la ampolleta, era castigado severamente. Se utilizaba el reloj de arena por su exactitud frente a los relojes mecánicos de péndulo de la época, que alteraban su precisión por el oleaje de la mar, el cambio de presión atmosférica o las variaciones de la gravedad terrestre entre diferentes latitudes.

Fotograma de la película "Master and Commander".La velocidad y su léxico

Hay una escena en la que el barco se dirige hacia una zona de arrecifes en Brasil para fondear y reparar las averías sufridas en el primer combate con el francés, el comandante da la orden de obtener la “sonda”. El guardia-marina la ejecuta y dice: “La sondaleza marca diez brazas y el fondo es arena”. El utensilio para medir el fondo estaba compuesto por una pieza de plomo, llamada “escandallo”, a la que se le amarraba un cabo, denominado “sondaleza”, marcado generalmente en brazas y en la que se ponía una bola de sebo, en un alojamiento de la parte del “escandallo” que tocaba el fondo, para que quedara marcada la huella o adherida la composición del fondo. De esta forma, se sabía la naturaleza del fondo y la “sonda” para poder fondear.

Antigua corredera de los barcos.Otra escena muestra la huida del barco de su adversario francés, que aparece de improviso, tras haber abandonado el fondeadero en el que lo han reparado; para ganar velocidad, el comandante manda aumentar la superficie vélica con la orden: “Desplegar juanetes y sobrejuanetes”. Las velas aludidas son las más altas en los palos y pese a ser las más pequeñas del velamen, recogen mucho viento y aumentan apreciablemente la velocidad del navío. A continuación, el comandante ordena que se compruebe la velocidad y se ve a un guardia-marina con una “corredera” (así se denomina el instrumento para medir la velocidad en un barco) muy rudimentaria, midiendo la velocidad en “nudos”. El instrumento consistía en una “barquilla” que iba unida a un cabo que tenía nudos a una distancia equivalente a una fracción de la milla náutica,  previamente obtenida para un tiempo determinado, y que se daba por la popa del barco, de tal manera que, dependiendo de los nudos que salieran hacia el agua, en el tiempo patrón se conocía la velocidad. De ahí la palabra que todavía se sigue utilizando en la actualidad para medir la velocidad de un barco: “nudo”.

Fotograma de la película "Master and Commander". Primer combate. Al inicio de la película tiene lugar el primer combate, y el comandante inglés se lamenta de la posición tan favorable del barco francés para la maniobra con la siguiente frase: “Tiene el barlovento”. El “barlovento” (a favor del viento), es la posición en la que se recoge en el velamen gran parte de la fuerza del viento, de forma que se puede maniobrar el barco más fácilmente pues se gana velocidad.

Fotograma de la película "Master and Commander".Por otra parte, en el temporal que se desencadena al doblar el Cabo de Hornos, el comandante da la siguiente orden: “Afirmar las escotas”. Las escotas son los cabos de los extremos de las velas que no van sujetas a las “vergas” (los palos cruzados sobre los mástiles), y que sirven para hacerlas firmes y que el viento las hinche. Estos extremos de las velas, de donde parten las escotas, se denominan “puños”. Las escotas se alargan o se acortan dependiendo de la cantidad de viento que haya en cada momento, afirmándolas tomando vueltas en las “cabillas” (son unas pequeñas barras metálicas o de madera) alojadas en los orificios de los “cabilleros”.

Marino con pendiente en la oreja izquierda, señal de que ha cruzado el cabo de Hornos.

A propósito del Cabo de Hornos, los pendientes de aro que llevaban los marinos de la época, en su oreja izquierda, no eran simples adornos. Indicaban que se había doblado el citado cabo, y el número de veces, la cantidad que se llevaban. Era, y todavía sigue siendo, un reto el doblar el mencionado cabo por los temporales y las corrientes que se dan en estos mares.

En el mismo pasaje anterior, un marinero que está recogiendo y “aferrando” la vela (es la forma de asegurar que la vela no se despliegue con el viento, amarrándola sobre su “verga” con un cabo), cae al agua al romperse la “verga” del “mastelero” (el penúltimo tramo superior de un mástil) del “palo de mesana”, el de más a popa, en donde estaba subido y se queda cogido a él, restando velocidad al barco en un momento crítico. El comandante le da la siguiente orden a un marinero: “Pica el cabo que arrastra al mastelero”, y ante la indecisión del marinero, lo hace él mismo. El término” Picar” un cabo es el utilizado en la fraseología naval para indicar que se corte.

Fotograma de la película "Master and Commander".Momentos bélicos

En el primer combate, las andanadas que efectúa el barco francés que destrozan la cubierta del barco inglés y todo cuanto hay en ella, causando muchas bajas entre los marineros y produciendo muchos agujeros en el velamen, son las denominas “Carronadas”. Este nombre proviene del inglés “Carronades” que a su vez deriva de una famosa fundición escocesa llamada “Carron” en donde se fabricaba un cañón que, cargado con metralla y controlada su elevación por medio de un husillo firme a la culata del cañón y a su “Cureña” (armadura normalmente de madera en donde se aloja el cañón),  producía los efectos descritos.

Por otra parte, en el combate final con el francés, cuando se camuflan como un barco ballenero, el comandante dice la siguiente frase: “Si logramos llegar cerca, sin que nos descubran, le largaremos una andanada y después nos abarloaremos para abordarlo”. “Abarloarse” significa ponerse pegado a su costado para después “abordarlo” (pasar por encima de la borda), es decir, asaltar la nave.

Fotograma de la película "Master and Commander".En ese mismo combate, se oye decir al oficial encargado de una de las baterías a sus hombres: “En cuanto nos fachemos al francés, le largaremos una andanada a los mástiles. Sólo tendremos una oportunidad”. “Facharse” quiere decir poner la batería de cañones frente a toda la banda del barco enemigo. Este término también se utiliza cuando dos barcos van de la misma vuelta (al mismo rumbo) y el más rápido de los dos se adelanta mostrando toda su banda.

En cuanto a la actuación del médico de a bordo en la asistencia a los heridos en combate, las amputaciones eran muy frecuentes y no era raro que tras la lucha, el porcentaje fuese muy elevado porque era la forma de evitar las posibles gangrenas posteriores por las malas condiciones sanitarias que se tenían en los barcos. La mayoría de las bajas entre muertos y heridos, se producían por las astillas de la madera con que estaban construidos los barcos que se originaban con los impactos de la artillería.

Fotograma de la película "Master and Commander".La forma de saludar utilizando el puño derecho cerrado a la altura de la sien derecha, era la reglamentaria en la armada inglesa en esa época, y los grados y oficios al recordar a los muertos en el combate final por el comandante en su responso, son los que se contemplaban en las armadas de la época: marinero de primera, cabo de mar, contramaestre, ayudante de carpintero...

Para finalizar, opino que el esmero puesto en el lenguaje marinero que se utilizaba, y aún se sigue utilizando esta magnífica película de tema naval, es de agradece por los que algo entendemos de estos menesteres. En otras ocasiones no se ha puesto el mimo empeño y en otros filmes se han llegado a utilizar expresiones como “rumbo 368” (los rumbos sólo llegan hasta el 360 que coincide con el 000) como si de la letra de un tango se tratara.

Un lenguaje milenario

El ejemplo expuesto demuestra cómo, a lo largo de los siglos, la forma de hablar entre los marinos ha permanecido viva y actualmente se sigue utilizando. Cabe señalar que este lenguaje tiene raíces de diversas lenguas; dentro de las más antiguas estaría el latín y el griego y posteriormente la inglesa, la francesa, la holandesa, la española, la portuguesa e incluso la normanda, en sus antiguas formas de hablarlas. Por poner un ejemplo de su antigüedad, las palabras proa y popa etimológicamente proceden, la primera de la palabra latina “prora” y esta a su vez del dialecto jónico, palabra que ya utilizó Homero en su obra La Odisea. En cuanto a la segunda también procede de la palabra latina “puppis”. Sin duda, el léxico marinero es una rica herencia que ha perdurado y evolucionado hasta hoy día, tradición que esperemos que con la aparición de las nuevas tecnologías y su aplicación en los barcos no vea amenazada su existencia.

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