La obra de Justo, una catedral sin fin

ENRIQUE FERNÁNDEZ

Los constructores de las grandes obras de la antigüedad, como pirámides y catedrales, tenían 3 cosas en común; recursos, tiempo y fe. En la actualidad los recursos en época de crisis son limitados, el tiempo está condicionado y cualquier obra tiene unos plazos que no se pueden eludir, y la fe es algo que, según algunos, escasea.

La Catedral de Justo Gallego en Mejorada del Campo (Madrid), está realizada casi toda ella con materiales reciclados y desechos de otras obras. FOTO: Enrique Fernández


Pero existe un hombre que casi sin recursos, pero con tiempo y sobre todo con mucha fe, está intentando si no superar al menos igualar a las grandes obras de la arquitectura. Su nombre es Justo Gallego y está construyendo su propio templo. Una colosal obra a la que lleva dedicando más de 56 años y que allá por el año 2002 se hizo famosa gracias a un anuncio publicitario de una reconocida marca de bebidas energéticas.

No existen planos ni proyecto, no hay permisos de obra ni autorizaciones, es una obra completamente ilegal. Esta bendecida como se bendice una nueva carretera o un estadio de fútbol recién inaugurado, pero no está consagrada por lo que no es un recinto sagrado. En la web del Ayuntamiento de Mejorada del Campo donde se encuentra la catedral no se hace ninguna mención a ella aún siendo la obra que puso al pueblo en el mapa. Pero en la conocida pagina web de Tripadvisor existe una entrada con opiniones de los visitantes.

Las obras continúan a ritmo lento, Justo no ceja en su empeño de verla acabada, pero su avanzada edad y el trabajo que aún queda por realizar harán difícil que vea su sueño cumplido. FOTO: Enrique F.

Mejorada del Campo es una pequeña localidad a unos 20 kilómetros de Madrid y que apenas cuenta con una población de 23.000 residentes. Hasta allí llegamos con la luz del sol ya declinando. Cuando encontramos nuestro alojamiento y preguntamos al recepcionista del hostal por la localización de la catedral de Justo, se le iluminan los ojos y empieza a hablar de la obra y su autor con devoción. Nos comenta que después del anuncio de la famosa bebida llegaron hasta aquí para ayudar a Justo cientos de personas de todas partes de Europa.

Escalinata que da acceso al templo. FOTO: Enrique F.

Al día siguiente llegamos temprano a la obra. Es curioso, no sabemos si es un guiño del destino o quizás esta hecho a propósito, pero la catedral se encuentra en la calle del Arquitecto Gaudí, cuya famosa Sagrada Familia también está sin acabar y cuyo fin tampoco tiene fecha. Al entrar en la catedral la primera sensación es encontrarse dentro de una especie de parque temático de la arquitectura Kitsch o extravagante, por donde la luz entra a raudales a través de la cúpula y los laterales todos ellos aún sin acabar.

Detalle desde el interior de la cúpula inacabada cuya altura ronda los 38 metros. FOTO: Enrique F.

En la nave central de la iglesia hay dos coches que están siendo lavados por sendas personas. Una de ellas es Marcelino al que preguntamos por Justo y, que nos comenta que desde hace un tiempo no quiere hablar con nadie, que con la edad se ha vuelto más celoso de su privacidad y no le gustan las visitas ni que la gente lo moleste. Con quien sí nos comenta que podemos hablar sobre Justo y la catedral es con Ángel, que desde hace unos años se ha convertido en su mano derecha y portavoz. Aunque nos dice que en esos momentos duerme y que podemos esperarle mientras visitamos el lugar.

Cartel de advertencia para evitar molestar a Justo Gallego. FOTO: Enrique F.

En España existen 14 arzobispados, 70 obispados, 88 catedrales y 23.019 parroquias. Nuestro país es uno de los lugares que más catedrales católicas tiene de todo el mundo. Las más famosas son las arzobispales o metropolitanas, catorce en total, situadas en las ciudades principales. Entre estas destacan la de Toledo, o su competidora la de Tarragona, y los gigantes del gótico como son las de Burgos y Sevilla. Capitulo aparte merecen las de Santiago de Compostela y Zaragoza. Las dos grandes ciudades del país, Madrid y Barcelona, tienen catedrales de menor calado.

Vista del templo desde la puerta principal donde se puede observar la nave central del mismo, y también se pueden apreciar las columnas hechas con bidones rellenados de hormigón y posteriormente retirados. FOTO: Enrique F.

Los terrenos donde se asienta la catedral pertenecen a Justo mediante herencia, se encuentran en el mismo centro del pueblo y una parte de ellos fueron vendidos por su propietario para obtener medios para empezar a acometer las obras. La catedral tiene alrededor de 5.000 metros cuadrados divididos como en otros edificios de similares características en una planta basilical de tres naves (central y laterales estas ultimas a dos alturas), un patio interior con un claustro, una cripta y la sacristía.

Vista del patio y el claustro adyacente a la nave principal de la catedral, donde se pueden ver las cúpulas construidas con materiales reciclables y aun sin terminar. FOTO: Enrique F.

Según reza un cartel que hay a la entrada de la obra, desde muy joven Justo sintió una profunda fe cristiana y quiso consagrar su vida a Dios. Ingresó en un monasterio en Soria, de donde fue expulsado al enfermar de tuberculosis, por miedo al contagio del resto de la comunidad. De vuelta a Mejorada decidió construir una obra que ofrecer a Dios. Justo no es arquitecto, ni albañil, ni tiene ninguna formación relacionada con la construcción, esta todo en su cabeza. Su educación más básica quedó interrumpida al estallar la Guerra Civil, e Inspirándose en distintos libros sobre catedrales, castillos y edificios significativos fue alumbrando el suyo propio, como afirma la información de dicho cartel.

Los visitantes llegar a cuentagotas durante toda la mañana, entran y miran asombrados hacia todos los rincones de la obra. Pasear por la catedral es hacerlo sorteando sacos de cemento y arena, cubos llenos de retales de mármol, escombros, montones recogidos de excrementos de paloma, más cubos vacíos y amontonados, y cualquier cosa reciclable que se pueda imaginar.

Materiales esparcidos por la zona del claustro. FOTO: Enrique F.

Visitantes paseando por el claustro en obras rodeadas de escombros y material reciclado usado en la construcción de la catedral. El ayuntamiento recomendó a Justo impedir la entrada de turistas, pero la afluencia no ha cesado. FOTO: Enrique F.

La seguridad brilla por su ausencia, recorremos la iglesia coronada por la cúpula inacabada de 38 metros. Subimos al piso superior donde no existen medidas de seguridad y bajamos a la cripta, donde hay una tumba excavada en el suelo y con una cruz apoyada en la pared. Tumba que más tarde nos certificaran que es el lugar donde Justo quiere ser enterrado cuando fallezca.

Tumba excavada en la cripta para el enterramiento de Justo Gallego. FOTO: Enrique F.

El enterramiento fuera de un cementerio en España está prohibido por el Reglamento de Policía Sanitaria y Mortuoria. Algo distinto ocurre con la incineración y los lugares donde se pueden alojar las cenizas del finado. La religión católica no prohíbe la cremación, aunque sigue prefiriendo para sus creyentes la sepultura. Ángel Lopéz nos confirma nuestras sospechas de que Justo desea ser enterrado en la tumba excavada en la cripta. Pero también que eso, aun siendo su última voluntad va a ser imposible debido a las leyes que lo prohíben.

Visitante ascendiendo desde la cripta a la nave central. Al fondo, el único plano existente de las obras. FOTO: Enrique F.

Detalle del único plano alzado que existe de la catedral. FOTO: Enrique F.

Mientras continuamos nuestro periplo por la cripta nos cruzamos con Manuel y le preguntamos qué le parece todo esto. Nos cuenta que es madrileño pero lleva 20 años viviendo en las islas Canarias, y nos comenta que desde hace 16 estaba deseando visitar la catedral. Aunque reconoce que es una locura, también está admirado de la obra de Justo y sentencia: “No entiendo cómo no se implican las instituciones para echar una mano y acabar las obras”.

Nos pusimos en contacto con el departamento de prensa del Ayuntamiento y su jefa, Flora Saura, nos comenta que el Ayuntamiento se encuentra con las manos atadas en todo lo que concierne a la obra. No pueden aportar fondos porque estos escasean en el consistorio. Aunque según comenta, las diferentes corporaciones municipales que han gobernado han intentado encontrar una solución a la construcción de Justo, que cada vez será más cara y difícil por estar más consolidada. Flora asegura que se han llevado mociones a pleno aprobadas por unanimidad de todas las fuerzas políticas representadas, para solicitar ayuda a las demás administraciones: Gobierno, Ministerio de Cultura, Comunidad de Madrid, Conferencia Episcopal, Colegio de Arquitectos, etc. Y en todas las ocasiones, el Ayuntamiento no ha recibido ningún tipo de respuesta, o simplemente evasivas.

 

Cuando preguntamos por las inexistentes medidas de seguridad en la obra, Flora asegura que por parte del Ayuntamiento y en varias ocasiones se le ha recomendado a Justo que no deje pasar a la gente porque no reúne las medidas de seguridad mÍnimas, pero que es su propiedad y ellos no pueden impedirlo.

Mientras continua nuestro periplo por la iglesia y estando cerca de la sacristía, Justo ve la cámara desde el ventanuco de la sala donde hace su vida. Sale algo encolerizado hacia nosotros, Marcelino se levanta del asiento donde desde hace un rato ve la tele y le detiene diciéndole ,”tranquilo Justo, que no están grabándote” y el primero vuelve malhumorado a la sacristía. Mas tarde Marcelino nos comenta que Justo se siente engañado por varios medios de comunicación y algún periodista, que han venido a grabar reportajes con la promesa de ayuda económica para continuar con la tarea y después como el mismo Marcelino dice “si te he visto no me acuerdo”.

El constructor de la catedral Justo Gallego que está a punto de cumplir 93 años, dándole indicaciones a Marcelino, uno de sus ayudantes, junto a la sacristía del templo. FOTO: Enrique F.

Mas tarde, por fin podemos saludar al artífice. Marcelino le ha comentado que los muchachos a los que había recriminado solo querían conocerle, hablar con él y hacerle algunas preguntas. Al final se ha acercado a nosotros mientras esperábamos a Ángel sentados fuera del recinto. Imaginamos que más que por amabilidad, sobre todo por saber quién lleva toda la mañana incordiando. Su apariencia es la de un hombre vivaracho aunque tiene la cara flaca y afilada, la frente y los pómulos huesudos y las mejillas hundidas; sus casi 93 años de edad no perdonan.

Justo hace tiempo que ya no trabaja en la obra por su edad y los achaques de la misma, pero no se desprende de su inconfundible mono azul. FOTO: Enrique F.

La mano huesuda, el tacto frió y un saludo indiferente nos avisa de lo que esta por llegar. Sus primeras palabras hacia nosotros son “si no sois americanos y venís con dinero, no doy entrevistas”. En ese mismo momento fija su mirada en una mujer que salía de la catedral y que lucía escote y le recrimina su indumentaria. La mujer se detiene vuelve el rostro hacia él, lo mira con cara de circunstancias y continua hacia la calle abochornada.

A Justo no le gusta que las mujeres entren a su iglesia con escote o pantalón corto. Por eso al entrar y junto a una caja que contiene las donaciones hechas por los visitantes, se encuentran varios pañuelos que deben ponerse para cubrirse.

Un turista cubre las piernas a su pareja con un pañuelo para acceder a la catedral, tal y como indica un cartel a la entrada, a Justo Gallego no le gustan las prendas “indecorosas”. FOTO: Enrique F.

Después de este incidente, y una vez que Justo se ha calmado y vuelto a meter en su estancia, podemos hablar con Ángel, que ha aparecido por allí hace unos instantes. Con él nos sentamos alrededor de una mesa al lado del altar para charlar.

Una bola del mundo de hormigón, con un crucifijo que la corona, vigila la presencia de visitantes desde el centro de la nave, aunque la iglesia esta bendecida aún no ha sido consagrada. FOTO: Enrique F.

Ángel Lopéz es de Guadalajara, y nos cuenta que hará unos 20 años que vino por primera vez a visitar la catedral de Justo. Según relata, quedó tan impresionado de lo que un hombre solo había realizado que se ofreció para echarle una mano y desde entonces no se han separado. Nos cuenta que Justo ya casi no trabaja en ella y que aunque sigue teniendo vitalidad, la edad ya no le permite ciertos excesos aunque su mal genio y vehemencia no decae. Ahora son él y Marcelino con la ayuda a veces de algún voluntario los que continúan con las obras, eso si, remarca que bajo las ordenes de Justo “que no les pasa ni una”, sentencia.

Ángel (sentado) y Marcelino charlan en una mesa junto al altar. FOTO: Enrique F.

Hablamos sobre lo que ocurrirá con la iglesia cuando Justo fallezca y nos dice que “eso es cosa de la Providencia Divina”. Nos confirma que uno de los deseos de Justo es que la catedral pase a ser propiedad de la iglesia. Pero para eso existen varios inconvenientes, el primero y primordial es que la catedral no tiene licencia de obra porque no existe ningún proyecto visado por ningún colegio de arquitectos, ratifica Ángel. Esto no quiere decir que en el terreno no pueda haber una catedral u otra construcción, solo que al no tener planos y la documentación técnica el Ayuntamiento no puede legalizar las obras. Lo que conlleva como afirma Ángel a que el Obispado no quiera saber nada de la misma hasta no estar legalizada, y convierte el problema en un bucle infinito.

Días después hablamos con Asunción Lillo, arquitecta colegiada en Alicante y nos explica los requisitos que debe acatar cualquier obra. Para empezar debe cumplir con el PGOU (Plan General de Organización Urbana), cuya aparición en este caso, es posterior a la construcción de Justo. Luego seria necesario un proyecto con la descripción constructiva justificando que cumple el CTE (Código Técnico de la Edificación), que establece las exigencias que deben cumplir los edificios en relación con los requisitos básicos de seguridad y habitabilidad. Al no haber ningún arquitecto técnico detrás de la obra es algo que se incumple completamente. Además de la normativa de seguridad, se prohíbe la entrada de personas ajenas a la obra y se exige la utilización de cascos.

Detalle de las columnas realizadas con botes rellenos de hormigón que después son retirados. FOTO: Enrique F.

Un ejemplo de la forma de construcción de Justo lo tenemos en sus columnas, rellenaba cubos o bidones de diferentes tamaños pero del mismo grosor con hormigón y los iba colocando unos encima de otros. Cuando se secaba retiraba el cubo y encima del hormigón seco colocaba otro, así hasta llegar a la altura que deseaba. O como también nos comentaba la jefa de prensa en cuanto a los materiales, las torres están hechas con ladrillos que una fabrica ladrillera le regalaba o vendía a un precio menor por estar pasados de tueste y no tener los niveles de calidad exigidos.

El asunto de los materiales de construcción quizás sea el mas problemático, en este caso y entre otros, deben cumplir la normativa anti incendios, pero casi toda la obra esta hecha con materiales reciclados. Por todo esto y como nos comenta Asunción Lillo al ser preguntada, “ningún arquitecto se arriesgará a firmar los permisos pertinentes de obra, ya que se expone a una pena de responsabilidad civil en caso de que ocurra un accidente dentro de la iglesia”. Así que es posible que la catedral se mantenga en un limbo legal “ad aeternum”.

Durante nuestra conversación, Ángel termina desvelándonos lo que parece ser un secreto a voces y que Flora Saura nos confirmara después. Justo ha cambiado varias veces su testamento, en uno de ellos donaba la iglesia al Ayuntamiento en otra al Obispado e incluso el mismo Ángel ha sido beneficiario con la condición de acabar el templo. Pero como dice ese conocido refrán de “A quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos”, parece que en este caso los sobrinos de Justo también pugnan por la herencia en la que no están incluidos y que puede convertir su legado cuando fallezca en un verdadero quebradero de cabeza.

Nos vamos de allí con la certeza de que los sueños a veces se cumplen, pero también con la idea de que las fantasías de unos pueden convertirse en las pesadillas de otros. Algunos temen que cuando Justo fallezca, la catedral podría ser derribada y sus terrenos situados en un lugar privilegiado del pueblo, ser usados para construir aburridas pero lucrativas viviendas. Por eso ya existe en la plataforma Change.org una petición a quien corresponda para que esto no suceda.

Dicen que la línea entre la genialidad y la locura es muy delgada, no sabemos a qué lado de ella esta Justo, tampoco sabemos qué ocurrirá finalmente con su obra. Pero después de visitar su catedral sí creemos que a veces y como decía el anuncio que lo hizo famoso, “el ser humano es imprevisible”.

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