La Mediterránea I

JOAQUÍN ÑECO

Dentro de las cosas que configuran la idiosincrasia alicantina, el vivir cerca de la mar forma parte de nuestro modo de vida y cultura, tan unidos que es difícil separarlos. Los alicantinos no sabríamos habitar tierra adentro, nos faltaría ese contacto frecuente con la mar que nos da fuerzas para seguir disfrutando de esta ciudad y es, sin duda, una de las mejores razones para residir en ella.

El mar Mediterráneo desde el castillo de Santa Bárbara. Foto: Wikimedia

“Y se dio cuenta de que nadie jamás está solo en el mar". El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

El mero hecho de acercarnos a nuestro entrañable Postiguet, y contemplarla en uno de esos días de calma o también cuando está enfurecida por un temporal, nos lleva a pensar lo afortunados que somos de tener tan cerca algo tan bello, no al alcance de muchos mortales.

A este trocito del Mediterráneo que baña nuestra costa me gusta llamarlo la “Mediterránea”, término donde incluyo elementos geográficos y sociológicos, como la costa, las gentes que viven en sus riberas, sus orígenes, sus costumbres, tradiciones y cultura.

Orígenes

El Mediterráneo abarca una extensión de superficie de agua de 2.976.460 kilómetros cuadrados, desde las costas de Siria, Israel y Egipto en el Este, hasta los Pilares de Heracles en el Oeste, como denominaron los griegos al estrecho de Gibraltar. En sus costas surgieron culturas que determinaron épocas históricas en su tiempo, y que a lo largo de los siglos, han sido fundamentales en la creación del resto de las europeas. Culturas como la minoica, la egipcia, la griega, la etrusca, la romana, la cartaginesa etc., son buenos ejemplos. Algunas de ellas llegaron a nuestra península y formaron parte de la nuestra.

Recreación de las diferentes denominaciones del mar Mediterráneo en la Antigüedad. A este mar, al que llamaron los romanos el "Mare Nostrum", le pusieron nombres según las costas de su imperio que bañaban sus aguas. El mare Tirrenum por las costas de la Provenza, Oeste de la península Itálica, Córcega y Cerdeña. El mare Adriaticum por las costas del Este de Italia y las costas de Croacia, Serbia, Albania, Macedonia y Oeste de Grecia. El mare Aegaeum por las costas e islas del Este de Grecia y las costas del Oeste y Sur de Turquía. Y el mare Ibericum por nuestras costas del Este.

En el marinero barrio del Raval Roig, existió una calle que se llamaba Mare Nostrum  a la que le cambiaron el nombre, en el siglo pasado, y se la conoce, actualmente, por el de la Virgen del Socorro. Hoy existe en nuestro callejero una calle que lleva ese nombre pero en el polígono industrial Nueva Florida, muy alejada de esa mar que estoy seguro que la echará de menos.

Vista aérea del yacinimiento arqueológico de la "Illeta del Banyets".Íberos, los primeros

Los primeros habitantes de los que se tienen noticias que vivieron en estas tierras, por los restos arqueológicos que se han encontrado fueron los iberos. En la Illeta dels Banyets en El Campello, cerca de la Torre Vigía, existe un magnifico poblado con una antigüedad de más de 3.500 años, donde se han encontrado restos de cerámica, una industria de pescado en salazón y dos templos, uno erigido al dios del mar y el otro a la diosa de la fecundidad.

Piscifactorías de época íbero-romana en el yacimiento de la "Illeta dels Banyets", en El Campello.Los asentamientos íberos siempre los construían cercanos a la mar, cuyos moradores vivían en perfecta armonía con ella. Se dedicaban a la pesca y a la industria de la salazón, levantaron un templo al dios del mar y tenían algo en su forma de vivir que nos dejaron en herencia: la influencia de la mar. Estos primitivos moradores debieron de ser gente de carácter apacible, amable, acogedora y familiar, que vivieron especialmente en las playas de nuestro entorno, o muy cerca de ellas, por el buen clima reinante a lo largo del año y por la capturas de las múltiples especies de peces que poblaban sus aguas que facilitaban su sustento diario.

Ya en Alicante, en la villa ibero-romana del Tossal de Manises, se han encontrado restos de la muralla ibera que la rodeaba y muy próximo a ella, el puerto de la Albufereta. En las laderas del Benacantil, también se encontró un yacimiento de restos arqueológicos iberos que fue excavado, en su tiempo, por el famoso padre Belda, aquel sacerdote que, en mi niñez, llamaba mi atención porque los bolsillos de su sotana parecían alforjas por los restos de cerámicas que siempre llevaba encima.

El padre Belda en el Museo Arqueológico Provincial de Diputación. Años 50. Gracias a él y a uno de sus colaboradores, el restaurador Félix Rebollo Casanova, abuelo de mi esposa, crearon a  principios de los años cuarenta el modesto Museo Arqueológico de la Diputación y un taller de restauración en los bajos del edificio, que hoy se ha convertido en el M.A.R.Q., reconocido mundialmente por su contenido y por las exposiciones que monta. Actualmente, se están haciendo excavaciones al final de la avenida Miriam Blasco en un yacimiento que probablemente nos enriquecerá nuestro patrimonio arqueológico.

Solveig Nordström, segunda por la derecha en el antiguo Museo Arqueológico Provincial, sito en Diputación. Me gustaría recordar que actualmente contamos, dentro de nuestro patrimonio cultural y arqueológico, con los restos del poblado del Tossal de Manises gracias a una valiente mujer que supo ponerse delante de una excavadora e impedir que se destruyera para construir un complejo urbanístico. Esta gran señora es una arqueóloga sueca, enamorada de nuestra tierra, llamada Solveig Nordström que admiraba al descubridor de los restos del poblado del Tossal, el gran arqueólogo alicantino D. José Lafuente Vidal, quien le inculcó la importancia de lo que estaba enterrado en el Tossal. Es una nonagenaria que vive en Benidorm y todavía sigue escribiendo y dando conferencias sobre la arqueología de nuestro patrimonio. En el año 2011, se le reconoció por su trabajo al ponerle a un parque cercano al Tossal su nombre, para recordarnos, que en un momento en el que podíamos haber perdido algo tan importante por la especulación urbanística, una Walquiria nórdica salió en su defensa.

Griegos: cultos y comerciantes

El pueblo que vino a continuación fueron los griegos, el más culto de la antigüedad que transmitió sus conocimientos a casi todos los países ribereños del Mediterráneo a través de las diferentes colonias que fundaron. Mercaderes y excelentes marinos, encontraron en nuestras playas buenos lugares para atracar sus naves. Se asentaron en las inmediaciones del Benacantil y el Cerro de San Julián, ya que los naturales del país, gentes pacíficas y razonables, no pusieron ningún impedimento para que se establecieran e iniciar sus negocios comerciales.

Recreación de antigua colonia griega. Las alturas de la sierra de San Julián, vistas desde la distancia y mar adentro, con los rayos del Sol adquieren un destacable color blanco y los marineros griegos la conocían con el nombre de “promontorio blanco”. Esta frase traducida al griego de la época, sería Akra-Leuka y con este nombre se conoció la colonia. He tenido la ocasión, cuando he navegado con mi embarcación a la altura de la línea que une los cabos de nuestra bahía, de ver este fenómeno que todavía se produce, en esos días de calma de las llamadas por los marinos “las calmas de enero”, con el cielo diáfano y despejado y una buena visibilidad, que genera el anticiclón de invierno casi todos los años. Ello a pesar de lo degradada que está nuestra Serra Grossa, por la muchísima piedra que suministró, de sus entrañas, para la ampliación de nuestro puerto, el desmonte para hacer la carretera que recorre paralela a la costa y las edificaciones que posteriormente se hicieron también en la zona que da a la fachada marítima.

Plano de la Albufereta en el siglo XVII. Antiguo grabado.Además de este asentamiento, pasado el tiempo, hubo un segundo y cambiaron de emplazamiento hacia las costas de L’Albufereta, en concreto en el Tossal de Manises, por ofrecer esta ensenada y su pequeña albufera con su puerto, un mejor resguardo a sus barcos para los temporales de los vientos invernales: del Mistral (viento del NO), del Euroaquilón (viento de NE, llamado también Gregal) y del Abrego (viento del SO, llamado popularmente por los alicantinos Cartagenero) que suelen soplar fuerte en nuestras costas y estar, también, más cerca de los manantiales de las laderas del Sudeste del cerro de San Julián. Esta segunda fundación parece ser que coincide en el tiempo con la de Hemeroscopeion (Denia), alrededor del siglo III antes de Jesucristo. Si bien, la numismática y los vasos griegos encontrados en el Tossal de Manises, no confirman plenamente esta cronología y todavía es motivo de estudio por los arqueólogos.

Fresco griego hallado en Knossos, en la isla de Creta. Los griegos nos dejaron parte de su cultura que, todavía hoy, perdura en la nuestra. De la antigua cultura minoica, que fue el germen de la griega, quizás hayamos recibido la pasión por la tauromaquia, como se ha podido comprobar por los vasos, ánforas y recipientes encontrados en las excavaciones de la ciudad de Knossos, en Creta, en los que se pueden observar pinturas decorativas con jóvenes saltando por encima y haciendo recortes a toros bravos. Los minoicos, los incluían en todos sus eventos festivos. ¿Tendrá algo que ver con la tradición en nuestra Comunidad de “els bous al carrer” o “els Bous a la mar”?... 

Pero lo más importante de esta herencia, no es la parte lúdica, sino la intelectual. El alfabeto griego, representación de sonidos y silábico, en contraposición al ibérico, en el que se utilizaban signos que representaban ideas y hasta frases completas, fue la mejor aportación. Era tan complejo el alfabeto ibero que, aún hoy, no se ha logrado interpretarlo del todo por los entendidos en la materia. Como ejemplo, en nuestro M.A.R.Q, se expone un trozo de “sigillata” (expresión latina para denominar un tipo de cerámica romana de color ocre), encontrado en el Tossal de Manises, en el que se mezclan el alfabeto íbero con el griego. Probablemente, no podrá ser traducido hasta que no ocurra algo parecido como con el egipcio, que se encuentre una piedra Rosseta y un Champollion que lo interprete.

Como consecuencia de la introducción del alfabeto griego, se introdujo el conocimiento de la Filosofía de Platón y Socrates; el teatro con los trágicos Esquilo, Eurípides, Sófocles, y el cómico con Aristófanes; la poesía con el épico Homero; la Geografía e Historia con Heródoto etc. En cuanto a la economía, fueron los artífices de la introducción del cultivo del olivo y la obtención del aceite, que han dado lugar a la actual cultura oleica reflejada en la dieta mediterránea y la construcción de grandes embarcaciones, como grandes expertos que eran de la mar.Recreación de la Dama de Elche policromada

Los griegos también nos transmitieron la  admiración por la belleza de la que dejaron constancia en los monumentos, pinturas y esculturas, una admiración reflejada en el busto íbero la Dama de Elche, datado entre los siglos V y IV a.C., época coincidente con la presencia de los griegos en nuestras costas que, con su policromía original, luciría de forma espectacular. El autor, influenciado probablemente por el arte escultórico griego, supo dejar patente en el busto la belleza serena, de rasgos armónicos,  del rostro de una mujer íbera ataviada con sus mejores galas.


Cartagineses y romanos

Tras los griegos, llegaron los cartagineses y los romanos. Poco se puede decir de los cartagineses y de su aportación a nuestras raíces sociales y culturales, que fueron más bien escasas y en algunos casos mal acogidas por los lugareños. Establecieron su capital en Mastia, a la que los romanos llamaron, después de expulsarlos, Cartago Nova, y hoy se conoce con el nombre de Cartagena. Desde Mastia se extendieron por toda la costa mediterránea y su ocupación fue una continua contienda con los romanos por poseer estas tierras. Su ascendencia era fenicia y su carácter era orgulloso, soberbio y guerrero y esta fue la razón, por la que el pacífico pueblo íbero no tuvo una buena relación de proximidad hacia ellos.

Con los romanos, al igual que con los cartagineses, los pueblos de la Hispania no establecieron unos fuertes vínculos sociales y de mutua amistad al inicio aunque, como parte de su imperio, muchos romanos se instalaron y ya sus descendientes eran de nacimiento hispano.  Éstos sí que contribuyeron a que se creara una cultura hispano-romana que dio lugar a un enriquecimiento de ambas, y cabe recordar a los famosos hispano-romanos los emperadores Trajano, Adriano y Teodosio, y el filósofo Séneca.

Yacimiento arqueológico del Tossal de Manises. A nuestros ancestros de la época les llegaron las excelencias de la cultura romana, y en el mismo sitio donde estuvo situada Akra-Leuka, en el Tossal de Manises, se amplió la villa íbera, surgiendo una ciudad más acorde con los planteamientos romanos. Los restos arqueológicos han llegado hasta nuestros días y se la conoce como la villa ibero-romana de Lucentum (traducción latina del Akra-Leuka griego), que tuvo su mayor momento de esplendor en tiempos del emperador Augusto y que, según los restos encontrados en las excavaciones, debió ser uno de los emplazamientos romanos más importantes de la costa mediterránea.

Busto de Séneca expuesto en el museo del Louvre de París. En una reciente excavación en el acceso al barrio marítimo de Lucentum, se ha encontrado una puerta que daba a la mar, que parece ser que se realizó en la época de Cesar Augusto; toda una seña de identidad de los habitantes de una ciudad que convivía con la “Mediterránea”. También en el antiguo Alicante hubo una puerta con el mismo nombre y cuando desapareció se sustituyó por la Plaza del Mar.

Entre las muchísimas cosas que aportó a nuestra cultura la romana, destaca el latín como fundamento de nuestra actual lengua castellana. Durante casi siete siglos de dominación romana en nuestra península se habló el latín, que fue derivando hacia ese castellano antiguo que ha quedado reflejado en múltiples documentos que se conservan en el monasterio riojano de San Miguel de la Cogolla, al que también se le conoce como “La Cuna del Castellano”.

No solo el latín dio origen a nuestra lengua, sino que también lo fue de otras en Europa, llamadas latinas, como la francesa, por supuesto la italiana, algunas de las que se hablan en la antigua Yugoslavia, la rumana etc. También de un antiguo dialecto, el “Lengua d’Oc”, que todavía se habla en algunos lugares de la Provenza francesa, derivan el valenciano y el catalán. ¡Qué gran aportación a nuestra cultura!

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn