El amor salvavidas de los bebés prematuros

MIREIA PASCUAL

“Hace años se pensaba que no convenía encariñarse con los niños nacidos antes de tiempo, por si no sobrevivían. Hoy se sabe que el amor de sus padres les ayuda a salir adelante.” (Dra. Ivone Olza)
Leyre tiene un año desde que nació, aunque hay que restarle 3 meses y medio, pues si hubiera sido un embarazo normal, la pequeña tendría 9 meses. La niña es una prematura extrema (nació con 25 semanas de gestación) que ha conseguido superar obstáculos difíciles de creer hasta incluso para su propia madre, que la describe como una luchadora nata.

Leire juega en el salón de su casa. Foto: MIREIA PASCUALNo es de extrañar que todos a su alrededor alucinen con su historia, pues los problemas empezaron muy pronto. Un primo hermano de la pequeña presenta Síndrome X Frágil, un trastorno caracterizado por la presencia de un retraso cognitivo y motor. Para descartar que ella lo pudiera padecer, Zaida, su madre, tuvo que realizarse una prueba que no salió bien, produciéndole un hematoma de 10 cm por debajo de la placenta. Aquí empezaron a aparecer los obstáculos.


El parto prematuro es uno de los principales problemas de salud en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud cerca de 15 millones de niños en el mundo nacen antes de cumplir la semana 37 de gestación, y la tendencia a que se produzcan este tipo de nacimientos prematuros va en aumento. En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, un 6’5% de los nacimientos presentan esta característica, y de ellos un 0’3% son además prematuros extremos, como es el caso de Leyre. Es decir, son los bebés que nacen con una edad gestacional inferior a las 28 semanas.

Leire a los primeros días de nacer en la incubadora del hospital. Foto: cortesía de la familiaa
Zaida dio a luz un 22 de mayo, en la semana 25 de gestación, de parto natural, cuando Leyre pesaba 800 gramos: “Tuvimos la suerte de que la niña estaba colocada en la semana 21 en el canal del parto, algo poco habitual. Los médicos me explicaron que seguramente se colocó cuando buscaba el poco líquido que me quedaba en la placenta”. Zaida se pasó sangrando todo el embarazo y perdía sangre al tiempo que cada vez le quedaba menos líquido amniótico, imprescindible para el normal desarrollo del feto y el crecimiento de sus órganos: “Pasaron tantas cosas, tantas complicaciones, que los médicos me preguntaron si quería seguir adelante. Pero yo dentro de mí sabía que la niña estaba bien y yo sabía y quería que la niña naciera”. Y así sucedió.


El reto es evitar morbilidades y secuelasUno de los retos más importantes a los que se enfrenta la medicina en la actualidad es no solo disminuir la mortalidad de los bebés prematuros, sino además evitar las morbilidades y secuelas, sobre todo en los bebés que son prematuros extremos. Según publica la Revista Española de Discapacidad en el artículo ‘Transición en la concepción de la viabilidad de prematuros extremos: análisis sociodiscursivo’, la tasa de supervivencia de estos bebés ha experimentado una mejora sustancial, especialmente desde 2005. Sin embargo, las morbilidades no han disminuido en la misma medida. Los niños nacidos entre 1993 y 2011 con menos de 1500gr presentan secuelas de algún tipo en un 44’2%.

Leire con unas semanas de vida en el hospital aún. Foto: cortesía de la familiaLa prematurez no es fácil para los padres, se trata de una experiencia dura, inesperada en ocasiones y difícil, como relata Zaida: “Cuando parí a Leyre viví el peor momento de mi vida. Mi marido estaba junto a mí. Enseguida que nació Leyre se la llevaron, la metieron en una bolsa de plástico y la entubaron. Yo no sabía si estaba viva”. Los padres habían sido advertidos de que cualquier cosa podía ocurrir y que lo más probable es que la niña no respirara al nacer o tuviera cualquier complicación que acabara con su corta vida. Se llevaron a la pequeña a la UCI neonatal del Hospital de Alicante, donde sitúan a los bebés de mayor gravedad. La pusieron en una incubadora a la que su hermano mayor de ahora 5 años llama ‘pecera’. El padre de la pequeña pudo ir a verla a las dos horas de nacer y le comunicaron la gravedad y la posibilidad de que muriera en las horas siguientes. Pero no fue así. Leyre experimentó una mejoría que nadie esperaba y siguió luchando por su vida.

 

Amor y contacto parental, claves
El bebé necesita sentirse querido y amado. A un bebé prematuro no se le puede colocar sobre la madre tras su nacimiento, como en el caso de Leyre, hay que buscar que el impacto de cambiar del útero a la incubadora sea el mínimo. Pero el método canguro es imprescindible, según se ha demostrado científicamente, para mejorar la salud y las probabilidades de supervivencia del niño o niña. Este método consiste en promover el contacto piel con piel de una forma muy temprana y continuada. También la lactancia materna como vía de alimentación, siempre que tolere sin problemas la leche.


Zaida recuerda aquellos primeros momentos: “Cuando nació mi hija no tenía fuerza para succionar, por lo que tenía que sacarme la leche y empezaron a darle gotas a través de la sonda, cantidad que se iba incrementando poco a poco conforme veíamos que la iba tolerando. La leche materna es oro líquido para un bebé prematuro porque gracias a ella se inmuniza y empieza a regular el azúcar, la tensión y muchas cosas de las que sufría Leyre. Es la mejor medicina y la mejor vacuna que existe. También observé un cambio brutal desde el día que empecé a hacer el método canguro. Empezó a mejorar en todos los sentidos”.


Cuando hay un bebé prematuro, también hay unos padres prematuros que se tienen que adaptarHoy se sabe que el amor y el cariño de lo padres ayuda a reducir de forma considerable el estrés de estos bebés. Según el artículo ‘Adelantándose a la vida: los recién nacidos prematuros y sus padres’, en este sentido se trata de promover institucionalmente esta relación, este acompañamiento, y de dar la myor participación posible a los padres no sólo por el bebe sino por ellos. Cuando hay un bebé prematuro, también hay unos padres prematuros que tienen que ir poco a poco adaptándose al impacto físico y emocional.


Leyre estuvo 80 días ingresada. “Es una niña que rompe todos los esquemas. Los médicos me decían que médicamente tenía que suceder algo y no sucedía, lo iba superando todo. Los bebés prematuros tienen de todo, mil enfermedades y problemas. Leyre nació incluso con una hemorragia cerebral de grado 4 lo que nos aseguraban era una parálisis cerebral, sordera, ceguera, baja o nula movilidad en la parte izquierda; sin embargo, se reabsorbió la hemorragia y por el momento no se ha visto que necesite ni rehabilitación ni atención temprana, algo muy habitual en los niños prematuros”. 

Pero la preocupación no termina con el alta médica, pues “es una preocupación y una lucha constantes. Cada paso o cada avance es un mundo para nosotros. Ha sido un milagro. Leyre hoy está aquí gracias al esfuerzo, la constancia y sobre todo gracias al amor”, señala la madre de Leire.

La nena se ríe y balbucea durante nuestra conversación. Su hermano juega a la Wii y nos interrumpe de vez en cuando. Leyre se posiciona en una especie de intento de gatear y se desplaza por toda la habitación arrastrando su cuerpecito. A través de sus ojos se le ve el alma llena de valentía y satisfacción.

Leire en su casa. Foto: M. PASCUAL

*El reportaje se basa en una experiencia personal. Hay que saber que cada caso es particular y que se desarrolla en función de muchos factores médicos y complicaciones que pueden sufrir los niños prematuros. Aunque el amor es muy importante para que salgan adelante no siempre es la única solución. El equipo de profesionales sanitarios y los padres siempre harán todo lo que esté en sus manos para que el niño o niña pueda salir adelante. Es recomendable que los padres acudan a un apoyo psicológico que les ayude a hacer frente a las dificultades que van apareciendo y que trabajen la culpabilidad que aparece en muchas ocasiones.

 

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