Isidro Vidal y la “Isla de los periodistas”

ELVIRA RODRÍGUEZ

El 26 de mayo se cumplen 48 años del apadrinamiento como “Isla de los periodistas” de la Isla de Benidorm. Ese nombramiento nació durante la XXVIII Asamblea general de la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa de España (FANPE), que se celebró en la terreta, impulsada por el entonces recién elegido presidente de la Asociación de la Prensa de Alicante (APA) en 1970, Isidro Vidal Martínez.

Isidro Vidal a la edad de 64 años.Vidal, decano de los periodistas alicantinos, fallecía el pasado abril, a punto de cumplir sus 96 primaveras, como a él le gustaba contar sus años. Nunca dejó de ser periodista, en ningún momento; solía decir “Sigo sintiéndome y siendo, como siempre, periodista”. También decía que “el periodismo es el reflejo de la sociedad en que se enmarca, que es un ejercicio fundamentalmente vocacional” y que, en su caso, “fue la llave que abrió la puerta a una amplia y humana relación social, la llave para captar y transmitir el acontecer de cada día. Captar y reflejar. Transmitir. Andar, ver y contar”. Acciones que resumen al buen periodista, al gran periodista Isidro Vidal.

Documento de apadrinamiento de la isla de los periodistas.He tenido la suerte de conversar en varias ocasiones con Vidal; en una de esas charlas me contó detalles de la importante asamblea, la primera en Alicante, de la FANPE: “a finales de 1969 fui elegido presidente de la APA y, al año siguiente, conseguí que se celebrase en estas tierras la XXVIII edición de la Asamblea general de la FANPE, presidida entonces por Lucio del Álamo. Fue en esta convocatoria, en la que participaron 88 periodistas llegados de 40 asociaciones diferentes de toda España, donde se acordó gestar la creación de la facultad de Ciencias de la Información. Esta decisión resumía la intención y el propósito largamente sentido por los profesionales de la Comunicación, de elevar esta profesión a nivel universitario”. La sesión, que se celebró en Benidorm, recordaba D. Isidro, también convirtió a la Isla de Benidorm en “Isla de los Periodistas” y a todos los periodistas de España en “padrinos” de la Isla de Benidorm. El Ayuntamiento de Benidorm, cuyo alcalde entonces era Jaime Barceló, propuso la siguiente Acta de apadrinamiento, donde decía:

“En la Isla de Benidorm, bajo el sol, junto al mar, y a los veintiséis días del mes de mayo del año de gracia de mil novecientos y setenta, se declara con la solemnidad de rigor que es nombrada madrina de dicha Isla la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa de España, y padrino, en común y total, a todos los Periodistas del ancho solar hispano. Y para que conste en el momento, y en los siglos venideros, se firma y rubrica esta acta por cuantos en la fecha dicha tienen su pie puesto en la Isla, frente a un Benidorm abierto al mundo y cuyo alcalde, aquí presente, da fe de lo dicho”.

Y así sucedió. La isla de Benidorm, una pequeña tierra perteneciente al Parque Natural Sierra Helada y situada frente a la costa benidormí se convirtió en “Isla de los Periodistas”. El documento que recoge este nombramiento quedó suscrito y firmado por todos los presentes y su pergamino original está depositado en la APA, cual testigo perenne de aquel acto.

En cuanto al nacimiento de la facultad de Periodismo, Vidal explicaba que “el periodista de antes ofrecía la imagen de estar entregado a la sociedad; podía ejercer cualquiera como periodista aunque no tuviera formación específica”. Para formar a los periodistas se contaba entonces con la Escuela Oficial de Periodismo, en Madrid. Tras esta asamblea general y, justo un año más tarde, en el curso 1971/72 comenzaron su andadura las facultades de Periodismo de Madrid, Barcelona y Navarra. “Era necesaria una base de conocimiento, no solo voluntariedad para ejercer la disciplina periodística”, seguía explicando Vidal. Para quienes participaron en aquella asamblea, terminaba Vidal, “nuestra aspiración permanente y fundamental era conseguir que, por parte de las instituciones y entidades, y por la sociedad en general, se estimase a la profesión periodística y se le reconociese la consideración y el respeto a la que era acreedora y se le debía”.


Periodista vocacional

Isidro Vidal nació en Monóvar, en agosto de 1922, tres meses después de que lo hiciera la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; parece pues la de Vidal, una vida naturalmente unida al Periodismo. A los 8 años publicó su primer cuento, a los 19 fue nombrado corresponsal del diario Información en Monóvar y a los 24 ingresó en la redacción de ese diario en Alicante. En este medio permaneció más de tres décadas y acuñó destacadas secciones como las “entrevistas-río” y una columna diaria titulada “Ventana abierta” que tuvo una larga duración y una excelente acogida. A partir de los 27 años compatibilizó el ejercicio periodístico con el impulso de grandes iniciativas culturales para la provincia de Alicante desde la Diputación Provincial, como el Homenaje provincial al monovero más universal, Azorín, a quien Vidal entrevistó en varias ocasiones.

Isidro Vidal en una recepción con el rey emérito Juan Carlos I.Durante los años que permaneció en Madrid, colaboró con los diarios Arriba y ABC; recorrió España publicando en la revista Fotos una crónica viajera titulada Andar, ver y contar; fundó el semanario nacional El Taurino que llegó incluso a editarse excepcionalmente como ‘diario de tarde’ durante una Feria de la Virgen del Pilar, en Zaragoza. Toda esta actividad la realizaba entre continuos viajes de Alicante a Madrid y viceversa. Fue también director y realizador de varios programas de Crónica 2 de la segunda cadena de Televisión Española. De los 55 a los 58 años fue director del diario Ciudad de Alcoy y, antes de dirigir este medio, a sus 47 años, fue elegido presidente de la APA, desempeñando también el cargo de gerente y subdirector de la Hoja del Lunes. Ejerciendo la presidencia de la APA estuvo desde finales de junio de 1969 hasta mediados de 1982. Durante ese tiempo, recordaba Vidal que “se consiguió, en principio y como algo fundamental, tener sede propia, en la planta novena de la Torre Provincial; organizar un excelente Cuadro médico; volver a celebrar las Corridas de la Prensa; establecer una intensa atención social con los afiliados, además de otras diversas actividades”. También explicaba que “durante ese ciclo fui, a su vez, consejero de la FANPE -cuatro de ellos como tesorero- primero bajo la presidencia de Lucio del Álamo y después con Luis María Ansón”. Vidal no escatimaba nunca recordando nombres y, en su precisión, argumentaba que no quería olvidarse de nadie. Su capacidad memorística era excelente, tanto como su mirada ilusionante y llena de proyectos e ideas. Vestido impecablemente, con esa gracia elegante que le era connatural, siempre mantenía abierto su hilo al recuerdo, dispuesto a evocar alguna novedad más.

Isidro Vidal en compañía de Elvira Rodríguez en una terraza de Alicante.Cuando le pregunté por la fuerza que le impulsó a ser periodista, me habló de una “vocación interior”. Ese llamamiento personal comenzó a fraguarse a los ocho años con la publicación de un cuento suyo en la revista del colegio “Cervantes” en Monóvar. Y no paró de crecer. Para Vidal,” la escritura y la lectura avanzaban paralelas, engrosando el sentimiento interior que enriquece las creaciones periodísticas o literarias, que a veces, tampoco se diferencian tanto”. Me contaba el impacto que le causó, a sus catorce años la lectura de los Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdós. “Y desde entonces, no dejé de leer y escribir. De Miguel de Cervantes leí su incomparable Don Quijote de la Mancha, libro que he leído hasta con luz de vela intentando recrear el ambiente con el que su autor lo escribió. Y por otra parte, sin duda alguna, entre otros muchos autores, me es especialmente preferido, Azorín”.

Isidro Vidal se trasladó a vivir a Alicante cuando se casó con Marita Bernabé Revuelta en 1950, también monovera. Vidal me decía “Yo he podido ejercer plenamente mi vocación periodística gracias al apoyo incondicional de mi esposa”. También me contaba que Marita había sido quien le aficionó al teatro y rememoraba grandes tertulias con actores al terminar las representaciones en el teatro, de las que siempre él y su esposa se retiraban los últimos.

Recordaba con afecto las charlas nocturnas a la puerta del edificio del periódico, en la calle Quintana de Alicante, mientras terminaba la impresión. Los proyectos y sueños crecían a la par que las páginas de la nueva edición. Para D. Isidro la vida era un espectáculo grandioso. Decía: “Y yo solo he tenido una forma de observarla, de captarla, de sentirla. Entregarme a ella. Y después, he procurado siempre reflejarla y transmitirla”. Y cuando se trataba de definir la mirada del periodista, Vidal decía “ha de primar la observación. Y un tanto la curiosidad. A veces, en ocasiones, puede ser incluso inquisitiva. Pero siempre y, sobre todo, abierta, cordial y franca. Y si en alguna ocasión faltan las palabras para expresar y reflejar lo que se siente, no importa, lo sustancial es que no falten las sensaciones; las palabras surgirán”.

Conocedor de todos los campos informativos, gustaba de cualquier expresión artística: literaria, pictórica, musical, teatral… además de la política, los viajes y los toros. Al repasar todos estos perfiles periodísticos de Isidro Vidal, surgió natural hablar sobre el periodismo de antes y el actual. Dijo entonces: “el periodismo viene a ser reflejo de la sociedad en la que nace. Y en cierta manera, de los periodistas que lo ejercen. Asi que, sí hay diferencia; lógicamente la misma diferencia que existe entre aquella sociedad y la actual. Las publicaciones se corresponden al nuevo tiempo y a sus nuevas circunstancias. Y a las líneas editoriales de las empresas editoras”.

Para Vidal, incansable analista de la realidad, “un periódico, una publicación, nace por interés social, económico, cultural, -por citar algunas de sus razones- y con un Consejo que marca, establece y rige su línea editorial. Mi recomendación es que los periodistas deben buscar el medio donde puedan expresarse como ellos piensen o sientan, para mejor realizarse”.


Decálogo para el nuevo periodista

Isidro Vidal experimentó una vida periodística muy variada y enriquecedora, desempeñando todos los cargos propios de los medios de comunicación: corresponsal de prensa y televisión, redactor, subdirector, director, gerente y editor. Vidal, gran conocedor de los avatares comunicativos como profesional y como directivo, decía que “la libertad de expresión es intrínsecamente esencial, fundamental. Un derecho indiscutible. Su ejercicio, lamentablemente, humanamente, socialmente, siempre puede verse condicionado”. Vidal pensaba que “el periodismo de contenido veraz, ameno y cercano seguirá imperando y necesitándose”. Por eso, y porque creía que “las nuevas generaciones de periodistas deberían también aprender del trabajo bien hecho de sus predecesores”, consintió en esbozar este Decálogo para el nuevo periodista:

1.- Que sea fiel a sus principios.
2.- Que recuerde su condición de “notario” sincero y veraz de la actualidad.
3.- Que contribuya a unir y a hermanar. No a dividir. No a separar.
4.- Que procure ser abierto a todas las corrientes.
5.- Que sea objetivo.
6.- Que sepa superar los contratiempos cuando le lleguen.
7.- Que la sencillez y la humildad estén por encima de su ego (aun cuando a veces éste sea conveniente y oportuno mostrarlo)
8.- Que se entregue abierta y generosamente a ser periodista. Pero buen periodista.

A modo recopilatorio, y una vez aclarado que un decálogo puede ser de menos de diez normas o consejos, me decía: “Si se es periodista, y lo subrayo, si se es periodista y no solo se ejerce de periodista, que no es lo mismo, nunca se dejará de serlo. Considero, y siento, que es un ejercicio fundamentalmente vocacional. Y si solo se entiende como profesión, lo estimo de otra manera”.

Así era Isidro Vidal Martínez, el periodista de vocación que vivió apasionadamente su profesión. Vidal respiraba y sentía periodismo; y su corazón latía repartido entre elegante, familiar y periodístico. Elegante en todas sus vertientes de fondo y forma, familiar hasta el encantamiento y periodístico porque siempre ha escudriñado la realidad de manera “abierta, cordial y franca”, como a él mismo le gustaba definirse.

 

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