Turquía en claroscuro

SONIA MARCO

783.562 kilómetros cuadrados y más de 80 millones de habitantes sitúan a Turquía en un enclave geoestratégico clave del mapa mundial. A medio camino entre los continentes de Europa y Asia, la península de Anatolia que ocupa el país constituye el paso obligado entre dos mundo y culturas de las que Turquía, como imperio o república, ha hecho de juez y tomado parte en distintos momentos de su rica historia.

Panorámica de Estambul en el estrecho del Bósforo. En la actualidad Turquía es una república semipresidencial, donde el poder ejecutivo se reparte entre el Presidente y el Primer Ministro. La Gran Asamblea es el órgano legislativo ocupado por 550 escaños, cuya representación proviene de las 81 provincias en que se divide el país, con un mínimo del 10% de los votos. Un sistema que cambiará en poco tiempo, ya que está previsto que tras las próximas elecciones previstas para mediados del próximo mes, la figura del Primer Ministro quedará abolida a favor del Presidente, que asumirá sus funciones. La decisión, consultada en referéndum hace un año, fue apoyada por el pueblo turco en las urnas por un estrecho margen del 51,3% de los votos.

Dos años después de que el actual presidente Recep Tayyip Erdogan fuera elegido presidente de Turquía, en el verano de 2016 el país vivió un golpe de estado militar que lo sumió en un estado de emergencia donde el ejecutivo decreta y legisla sin la supervisión del Parlamento. Las elecciones presidenciales, previstas para otoño de 2019, se han adelantado un año y medio y se celebrarán el 24 de junio próximo, con el cambio de sistema ejecutivo ya previsto.

Fuerzas de tierra del ejército turco.Entre occidente y oriente

Su posición geoestratégica como encrucijada entre dos continentes y tres mares convierte a Turquía en una potencia de enorme calado internacional. Desde que apoyara a los aliados en la II Guerra Mundial, su política exterior ha estado marcada por una clara vocación pro occidental, siendo miembro fundador de diversas instituciones internacionales como la ONU (1945), la OCDE (1961), la OSCE (1973) y el G-20 (1999), formando parte de la OTAN desde 1952, organización a la que destina gran número de efectivos, constituyendo el segundo ejército de la alianza tras el estadounidense.

Con la caída de la Unión Soviética en los 80 y la aparición de las nuevas repúblicas limítrofes como Georgia, Armenia y Azerbeyan, Turquía ha reforzado alianzas con sus vecinos centroeuropeos, a lo que se ha sumando su alianza con Rusia en la guerra de la vecina Siria, con el conflicto kurdo de por medio que ha enfriado sus relaciones con EEUU. La lucha contra el terrorismo islámico del yihadismo en suelo sirio acercó a los norteamericanos con los grupos independentistas kurdos, conocedores del terreno, lo que le ha llevado a acercar posiciones con Rusia, desaparecida de la zona desde los 70 y que retoma protagonismo en la misma por su apoyo al gobierno de Basar Al-Assad en la guerra de Siria.

Este nuevo giro de los intereses turcos hacia oriente también viene marcada por las buenas relaciones comerciales de Turquía con China, Japón y Corea del Sur desde finales de los 80 lo que, unido a su reciente interés en África, donde ha abierto más de 40 embajadas en los últimos años, señalan un nuevo rumbo en su estrategia internacional.

Avenida Istiklal, en el distrito Beyoghu de Estambul.UE: eterna aspirante

Los resultados electorales ayudarán a arrojar algo de luz a la enquistada relación de Turquía con la UE. Desde 2005, el país euroasiático es candidato oficial a formar parte de la Unión. Si bien su entrada es bloqueada desde entonces por diversas razones –quince años dieron de plazo para que el país se adaptara a las exigencias de la UE-, la UE lanzó un SOS a Turquía tras la crisis de los refugiados sirios del verano de 2015, cuando se alcanzó un acuerdo con el país para que acogiera a 3.5 millones de personas a cambio de contrapartidas económicas por valor de 6.000 millones de euros. Fuentes gubernamentales turcas señalan que hasta la fecha los gastos derivados de atender las necesidades de los refugiados asciende a 30.000 millones de euros, y comienzan a aparecer reticencias en algunos sectores de la población.

Mientras, la UE vive su particular vía crucis con la salida del Reino Unido, prevista para finales de 2019, y pide paciencia a su socio turco. Pero hay otras razones que frenan la completa adhesión del país euroasiático a la UE, como son el bloqueo de Chipre –por la invasión turca que desde 1974 divide la isla en dos-, y Austria. Además, la falta de transparencia democrática en cuanto a la libertad de expresión y sus recortes –desde 2006, 180 medios han sido cerrados y más de 120 periodistas encarcelados, según Reporteros sin Fronteras- , es uno de los argumentos esgrimidos que impiden dar la luz verde al ingreso del país en el club europeo.

Barrio de negocios de Estambul.Boyante economía

Por su parte, la economía turca marcha a su ritmo y se desmarca de las tendencias europeas. El Fondo Monetario Internacional sitúa a Turquía en puesto 17 del ranking económico mundial, y el año pasado creció un 7.6%, muy por encima de la media de las potencias de la UE.

En lo que respecta a las relaciones con España, el año pasado nuestro país registró un volumen de negocio de 12.000 millones de euros con Turquía, más del 50% no turísticos, lo que lo sitúa como un socio económico importante dentro de la UE. Asimismo, España recibió 36 millones de euros en inversiones desde el país euroasiático, lo que lo convierte en el cuatro país fuera de la UE más importante en nuestra balanza comercial extranjera.

Mª Luisa Poncela, Secretaria de Estado de Comercio, señaló en Casa Mediterráneo durante la celebración de unas jornadas de encuentro sobre Turquía, que “tenemos que defender las buenas relaciones con Turquía y potenciar la unión aduanera establecida con la UE. Además, el país ha puesto en marcha un plan de inversiones hasta 2023 que supone una gran oportunidad para las empresas españolas, sobre todo en el ámbito de las infraestructuras, de cuyas licitaciones daremos cuenta”.

De este modo, España focaliza su interés en no perder dicha posición de pole de salida hacia los futuros proyectos de infraestructuras que planea el gobierno turco, mientras sigue su fidelidad a la UE como socio. Se espera que el próximo gobierno turco, de corte presidencialista, que surja de los comicios del 24 de junio decida seguir y fomentar sus relaciones con la UE sin poner en peligro los puentes establecidos entre los países de ambos lados del mediterráneo.

 

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