Historias de piratas

JOAQUÍN ÑECO

Hace unos días viendo un telediario, dieron la noticia que en las costas de Somalia unos piratas quisieron abordar y no lo consiguieron, un transatlántico que efectuaba un crucero por el Índico. Aunque parezca increíble, todavía hay piratas que ejercen una de las “profesiones” más antiguas del mundo. Las costas del archipiélago de las Filipinas, las de Indonesia, las del Yemen, las del golfo de Adén, las de Somalia y las de Angola son los puntos en donde se producen ataques piratas sobre todo a buques, mercantes, yates y pesqueros.

Los piratas de hoy se diferencian bastante de sus antecesores. Ya no navegan en grandes buques armados con cañones, sino en pequeñas lanchas motoras, muy veloces, con tecnología punta y con armas ligeras. En cualquier caso, aunque los medios han cambiado, se sigue practicando la piratería.

La cronología de la historia de la piratería arranca de la primera presencia del hombre en la mar. El pirata para sus contemporáneos, no era un simple delincuente o bandolero del mar. A menudo, la leyenda y su forma de proceder, le rodeaban de historias y actuaciones que le convertían en un héroe que se ha trasladado a través de los tiempos. Por poner un ejemplo, para un escolar turco, Barbarroja, es un héroe nacional y merece la misma consideración que para nosotros Don Juan de Austria salvando, claro está, una serie de rasgos distintivos que no vienen al caso.

Cualquier cosa podría decirse de los piratas porque hay ejemplos para todos los gustos. Es curiosa la anécdota de Alejandro Magno quien, tras capturar a un pirata, le recriminó su “profesión”, a lo que este respondió: "Soy pirata porque sólo poseo un barco. Si tuviese una flota, sería un conquistador". Alejandro lo dejó en libertad por la sinceridad de su respuesta.

Si lo queremos hacer patriota, tenemos el caso de Henry Mainwaring, un caballero cortés y culto que provenía de una de las mejores familias de Inglaterra y educado en Oxford. Recibió una oferta del rey de España en la que se le perdonaban todas las tropelías que nos había hecho en sus abordajes a nuestros barcos y se le confiaba el mando de una escuadra. Rechazó la oferta diciendo que él sólo servía a Inglaterra y a su rey. Acabó sus días sirviendo y gozando de la confianza del monarca inglés.

Capitán Roberts y sus navíos en un grabado de la época.Al pirata se le atribuye cierta debilidad, no exenta de maldad, por el sexo opuesto. Y si embargo, hay un caso muy singular con ejemplos notables de respeto hacia la mujer. Es el del famoso capitán Roberts. Entre su tripulación, se mantenía una férrea disciplina y actuación referente al trato que se le debía dar a la mujer. El que osaba atentar contra el respeto que merecían las mujeres, le llevaba a padecer graves penas y en ocasiones hasta la muerte.

Otro caso curioso es el del capitán Daniel. En cierta ocasión y tras abordar una nave española, reparó que había un fraile entre los miembros de la dotación capturada. Inmediatamente propuso al fraile que dijese una misa, pues hacía mucho tiempo que no había asistido a una celebración de la Eucaristía. El sacerdote no se negó y empezó a oficiar entre el silencio más o menos voluntario de los piratas a los que había obligado su capitán a asistir. De pronto, se escuchó una exclamación obscena seguida de las carcajadas de todos los presentes. El capitán Daniel no dudó ni un momento y su reacción fue inmediata: echó mano a su pistola y le descerrajó un tiro al culpable por la falta de respeto. A continuación, le dijo al sacerdote que siguiera con la misa.

¿Y qué decir del capitán Misson que fundó una utópica república, antes que los franceses decidieran hacer lo mismo?. Una república de piratas en las costas de África  en donde vivieron muchos años en régimen de auténtica hermandad, igualdad y fraternidad.

Retrato de Sir Frances Drake.Con todo, no debe olvidarse que algunos de los mas famosos marinos de todos los tiempos, no fueron otra cosa que piratas superados por sus propias circunstancias. Si Drake mereció el título de sir y un lugar en la historia de Inglaterra, no es sólo porque armado en corso por su reina, atacó y robó a nuestro barcos que regresaban de nuestra colonias americanas, sino que también fue el primer marino británico que emuló la gesta de Magallanes y Elcano, pasando al Pacífico, aunque hay que reconocerlo, aprovechó su viaje para no dejar asentamiento español sin saquear. Y es que Drake era corsario. Existe una importante diferencia  entre pirata y corsario. El corsario está patrocinado y goza del favor de una nación, rey e incluso de un grupo económico y sólo ataca a los navíos de una determinado país que normalmente está en guerra con el que arma en corso. Esta fórmula, que no deja de ser una argucia, sirve también para formar la personalidad de los que la ejercen, pues a veces, son gentes honradas, marinos profesionales que creen de buena fe que prestan un servicio a su país.

No debe sorprendernos ciertos aspectos de la vida del pirata, como son el reparto del botín y el compañerismo. La razón del compañerismo, nace de las calamidades que debían sufrir conjuntamente. El vivir en la mar, era especialmente duro en esa época y el depender unos de otros en el combate, creaba unos lazos de convivencia muy sólidos. Respecto al reparto del botín, existían unas normas muy estrictas que cualquiera que las transgrediera era castigado con la muerte. Nadie podía apoderarse de parte del botín y ocultarlo a sus compañeros. Si se descubría el engaño, se le condenaba a muerte por ahorcamiento o a ser pasado por la quilla del barco desde la proa a la popa. El botín se repartía reservándose una parte, que era la mayor, para el capitán y luego el resto a partes iguales entre la tripulación. En cuanto a las indemnizaciones por heridas o pérdidas de parte del cuerpo, habían unas cantidades que hoy en día producen asombro si las comparamos con las que ofrecen las compañías aseguradoras. No hace muchos años, una importante compañía de seguros de los Estados Unidos publicó un informe comparativo entre las indemnizaciones que ofrecían a sus asegurados y las que ofrecían los piratas, que nos han llegado por relatos de la época, y resulta que estas eran mucho más generosas que las actuales.

La viuda de ChingOtra curiosidad sobre historias de piratas, son las mujeres que han ejercido esta “profesión”. En el año 1831, Charles Neuwman, tradujo la obra de un escritor chino contemporáneo llamado Yuengstze-yung-lun, en el que habla de una mujer pirata llamada “la viuda de Ching” que sucedió a su marido en el mando de una poderosísima flota que llegó a hacer imposible la navegación por el Mar Amarillo. Llegó a tener bajo sus órdenes hasta seis escuadras, cada una con su propio comandante en las que se aplicaba una rígida disciplina.

Como se ve las historias de piratas son fascinantes y hasta cierto punto contradictorias en sus actuaciones. Eran a la vez, ladrones, asesinos, patriotas, caballeros, disciplinados, camaradas y...piratas, al fin y a la postre. Fueron producto de las épocas en que les tocó vivir y algunos se vieron arrastrados a ejercer este “oficio” por las injusticias que sufrieron o por las ansias de ser libres y ser los dueños de sus propias vidas. No obstante, nada justifica su bárbaro proceder ni los métodos que emplearon para lograr sus fines.

 

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