La adicción de un progenitor en la vida de un niño

MIREIA PASCUAL

Es evidente que cuando una enfermedad entra en casa de una familia, sus hijos pequeños se van a ver afectados, van a experimentar ciertas emociones y sus vidas van a verse influenciadas de algún modo. Seguramente, sus rutinas cambien o incluso los roles tradicionales se vean distorsionados. La adicción, como una enfermedad más, va a afectar a todos y cada uno de los miembros de la familia.

 

Un alcoholico es observado por su hijo pequeño. Foto: PixabayLos recursos que existen suelen dirigirse a personas adultas, sin embargo, los más pequeños sufren también de primera mano la adicción que hay en casa. Aunque muchos padres consideren que por su inocencia o corta edad no son capaces de entender qué ocurre, ellos sí son capaces de ver que algo no funciona como toca y pueden llegar a sentir que su  familia es rara.

 

El funcionamiento de las familias en las que hay presente un problema de salud de estas características suele estar distorsionado, pues son familias en las que el caos suele estar presente. Además suelen existir muchos problemas de comunicación y hay una ocultación y negación total del problema entre ellos mismos y sobre todo de cara al exterior.  El estigma y los prejuicios que existen entorno a la adicción hacen que no se exteriorice y se esconda, lo cual dificulta mucho el tratamiento. La vergüenza que sienten es tal a nivel familiar que tienden a aislarse de forma física y emocional completamente, empezando por los adultos pero terminando especialmente en los más pequeños. Solo existe una cosa, la adicción, y todas las atenciones van a dirigirse a la persona enferma, por lo que en muchas ocasiones las funciones a realizar por los padres hacia sus hijos quedan relegadas a un segundo plano o desaparecen. Se produce lo que en el programa de prevención ALFIL  se explica como el elefante en el salón. Imagínense tamaño animal en medio de la sala de estar, interfiriendo absolutamente la comunicación familiar, impidiendo cualquier tipo de actividad y provocando una sensación de inmovilismo e impotencia.

 

Esto puede producir en la familia un intercambio de roles entre padres e hijos. En aquellos casos en los que los hijos sean un poco más mayores, se verán hijos primogénitos cuidando como si fuesen un padre o una madre a su o sus hermanos pequeños, como se ejemplifica en este texto:

 

“María se levanta sola por las mañanas, con su propio despertador, sin hacer demasiado ruido

para no molestar a mamá, que duerme profundamente por el exceso de alcohol de la noche

anterior. A sus escasos 10 años se encarga de despertar y vestir a sus hermanos pequeños

mientras su padre prepara el desayuno, antes de marcharse a trabajar hasta la noche. En el

fondo le gusta que sus hermanos pequeños le hagan caso, por algo es la hermana mayor; pero

odia profundamente no poder ir nunca a casa de sus amigas a jugar. Sabe que cuando llegue

de la escuela probablemente le tocará quedarse con sus hermanos hasta que llegue su madre de

trabajar. A veces no hay nada para merendar en casa, de manera que coge algo de dinero del

cajón donde mamá suele guardarlo y baja a la tienda de la esquina a buscar unas magdalenas.

Cuando llega su madre, quizás se gane una bronca por no haber hecho aún los deberes, por

haber dejado que el pequeño Jaime se hiciera pipí en los pantalones, o quién sabe por qué

razón. María ha aprendido a no enfrentarse a su madre porque suele ponerse furiosa y acaba

pegando a alguno de sus hermanos. A veces piensa que algo no va del todo bien en su familia

pero no se atreve a hablar con nadie. Al fin y al cabo, esas cosas seguro que no pasan en casa

de sus amigas... ¿Quién la va a entender? Eso sí, tiene una cosa clara, ella no beberá un

whisky en su vida, porque intuye que es eso lo que transforma a su madre en un demonio.”

(Programa ALFIL, SOCIDROGALCOHOL).

 

Algunos de los roles que pueden desempeñar son:

El héroe. Se caracteriza por ser responsable, protector y conciliador. Las consecuencias adaptativas son que aparentemente es un buen niño o niña feliz. Tiene éxito en la escuela y con los amigos y es el orgullo de la familia. Madura de forma precoz e intenta agradar y confrontar a todos como si fuera responsable de sus males. Sin embargo, las consecuencias desadaptativas del mismo es un exceso de perfeccionismo que se traduce en una baja autoestima. Puede desarrollar una adicción al trabajo u otras conductas compulsiva y experimentar un estilo de vida frenético. Presenta un fuerte bloqueo emocional e incapacidad para intimar. Además va a tener problemas psicosomáticos y podría desarrollar un abuso de alcohol para paliar su malestar.

 

El chivo expiatorio (el problemático). Las consecuencias adaptativas son que expresa su malestar interno enfadándose y mostrándose desafiante con las normas. Provoca problemas continuamente. Devía la atención de la adicción centrándola sobre sí mismo como el verdadero problema de la familia.  Las consecuencias desadaptativas serían el fracaso, el rencor hacia las figuras paternas, una alta culpabilidad y baja autoestima, problemas legales y en el trabajo, y problemas de drogas a la larga con un comportamiento antisocial.

 

El invisible. Las características adaptativas son que permanece retirado sin dar problemas ni hacer demandas de atención. Suele ser el alivio y consuelo del progenitor no adicto. Se adapta constantemente ante los cambios de situación a expensas de sus necesidades. Mientras que las consecuencias desadaptativas son el aislamiento social y emocional, la falta de asertividad en sus relaciones sociales, una excesiva fantasía, no encuentran su lugar porque se sienten inadecuados y acaban recurriendo al consumo de drogas para tratar de mejorar sus relaciones sociales.

 

La mascota o el payasete. Las características  adaptativas son que se muestra desenfadado y divertido a través de payasadas para aliviar la tensión que hay en la familia y utiliza el humor para enfrentar el dolory tapar su miedo. Las consecuencias desadaptativas tiene que ver con la fragilidad emocional, la ansiedad e hiperactividad, bromista compulsivo incapaz de profundizar en temas e importantes. También pueden acabar desarrollando una adicción.

 

Los niños viven sumergidos en una familia desorganizada en la que los estados de ánimo son muy variables. La falta, en muchas ocasiones, del equilibrio emocional, hará que estos niños, sufran situaciones de desamor que les pueden marcar durante toda la vida, llegando incluso a rechazar esa figura paterna o materna y mostrando conductas de apatía o de rebeldía, con pesadillas, tristeza y aislamiento emocional. Viven en un continuo ritmo de acontecimientos vitales estresantes, en ocasiones marcado por malos tratos físicos y/o psicológicos.

 

Queda claro que la intervención en estos niños es imprescindible si se quiere prevenir conductas disruptivas y adictivas con los años. Ellos son los eternos silenciados, no hay más que ver la escasez de programas preventivos dirigidos a ellos, sin embargo, sufren desde la incomprensión una situación que les desborda a nivel emocional y que va a tener a la larga consecuencias graves en sus vidas.

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