Varsovia, encrucijada histórica

ESCAPADA EXPRÉS DESDE ALICANTE Varsovia

 

SONIA MARCO

Una escapada diferente y con un punto de exotismo es la que desde Alicante podemos realizar a la capital de Polonia, Varsovia, en tres horas y media de vuelo directo. Aprovechemos las oportunidades de nuestro aeropuerto internacional, volemos al país de Chopin, Marie Curie, y Copérnico, y conozcamos su rica cultura y apasionante pasado.

 

Plaza Zamkowy, con la columna del rey Segismundo III. Foto: wikipedia Llegar a Varsovia resulta sencillo desde Alicante. La compañía Ryanair tiene establecidos vuelos directos con la capital polaca de tres horas y media que aterrizan en el aeropuerto de Modlin, a 40 kilómetros al norte de la ciudad. Hay una línea de autobús que enlaza con Varsovia en 40 minutos, con un precio bastante asequible: 33 zloty –PLN- por trayecto, unos 8 euros, que dejan al viajero en el corazón de la capital polaca: a las puertas del Palacio de Cultura y de las Ciencias.

 

A vista de pájaro

A orillas del río Vístula que recorre el país de sur a norte, nace Varsovia, ciudad de 1.700.000 habitantes y 516 km2, capital de Polonia, una ciudad reconstruida e reinventada. Ninguna otra como ella en Europa  ha sufrido los avatares bélicos de la Historia de nuestro continente, ni ha padecido la política imperialista de franceses, alemanes y rusos a los largo de los últimos doscientos años. Cabe admirar la entereza de la población de Varsovia que, acostumbrada quizás a ser el campo de batalla de grandes guerras, consiguió recuperar el alma de su ciudad con la reconstrucción casi íntegra de su casco antiguo tras su destrucción en la II Guerra Mundial.

Centro de Varsovia destruido tras la II Guerra Mundial. Foto: wikipedia 

Es por ello que a Varsovia se la quiere una vez uno se adentra en las entrañas de su historia hecha a jirones de ocupación y ambición de sus vecinos. Etimológicamente, Polonia proviene  viene de “pole”, lo que en polaco se traduce como “campo”, y si echamos un vistazo al mapa del país, veremos que sólo al sur se distinguen montañas: el resto es un campo plano que convierten al país en un blanco fácil de invadir, dividido por el majestuoso río Vístula que lo recorre de sur a norte y en cuyo centro de curso se asienta Varsovia, la capital del país.

 

La sirenita, símbolo de la ciudad, en el centro de la Plaza del Mercado. Foto. wikipediaLa Varsovia antigua

Una vez instalado en la ciudad, el visitante puede empezar a conocer la ciudad con la visita obligada a la ciudad vieja -Stare miasto- de Varsovia, un encantador batiburrillo de calles estrechas entre edificios de colores que desembocan en dos grandes plazas. La primera, la plaza Zamkowy, le ofrece una espléndida bienvenida con el monumento laico más antiguo y alto de Varsovia: la columna del rey Segismundo III, artífice del traslado de la capital de Cracovia a Varsovia y levantada en 1644 por iniciativa de su hijo Vladislao IV.  El monolito tiene 22 metros de altura y la figura del rey mide 275 centímetros.

 

A la derecha, el castillo real del s. XV, residencia del rey y de los órganos de poder, abre el camino a la ciudad vieja. Prácticamente destruido en la II Guerra Mundial, el edificio fue reconstruido según las pinturas de Canaletto que se exponen en su interior, lo que da fe del trabajo de los ciudadanos de la ciudad por recuperar su idiosincrasia.

 

Tras un agradable paseo entre calles repletas de terrazas y músicos apostados en sus esquinas, la ciudad alumbra la plaza del mercado, sin duda uno de los lugares más pintorescos de la ciudad. Sus casas de estrechas fachadas y amplios ventanales distinguidas por alegres colores, con rojos tejados inclinados, hacen volar la imaginación del visitante que se siente contagiado por el ambiente bohemio del lugar. No es difícil imagina tras alguna de esas ventanas al periodista Ryzard Kapucinski escribiendo sus obras tras sus viajes por el continente africano, o relatando la magnífica radiografía de su país y del sistema soviético que hace en su libro “El imperio”.

 La reconstruida Stare Miasto da la bienvenida al visitante con sus estrechas calles y pintorescas y bohemias casas

En el centro de la plaza, el símbolo de la ciudad: la estatua de la sirena, en actitud luchadora y defensora, como tantas otras que pueblan las plazas de Varsovia, acompañada de exposiciones temporales de pintura y conciertos improvisados de virtuosos concertistas. Porque Varsovia, al igual que otras muchas ciudades del este de Europa, ama la música y es cantera de artistas y virtuosos concertistas de piano formados en la Academia de Música Federico Chopin, que hace honor al gran pianista polaco del Romanticismo, hijo de la ciudad.

 

Antes de abandonar la plaza, conviene visitar el Museo Histórico de Varsovia, donde se ofrece un interesante recorrido por lo que fue la ciudad desde sus albores, con especial hincapié en la destrucción y labores de reconstrucción tras la II Guerra Mundial.  Imprescindible para los amantes de la historia contemporánea.

 Babakan y restos de murallas de la Stare Miasto, Varsovia. Foto: wikipedia

Antes de abandonar la Stare Miasto, una visita a su Barbakan y murallas nos recuerdan el pasado de la ciudad, cuando las fortificaciones separaban la vieja de la nueva Varsovia, y nos permite retraernos a su historia reciente. De esta forma, podemos imaginar cómo esas murallas sirvieron de muro de contención para el gueto judío durante la ocupación nazi, tan magistralmente reflejada en la película del director polaco Roman Polanski “El pianista de Varsovia”, cuyo visionado recomiendo antes de viajar a la ciudad.

 

La nueva Varsovia

Ya extramuros, conocemos la Nowe Miasto –ciudad nueva-, construida a finales del s. XIV como ensanche de la antigua, que nos ofrece sus edificios barrocos y clasicistas en su mayoría reconstruidos. Iglesias y palacios dan fe del catolicismo del país, y recuerdan cómo sirvieron de albergue a los ciudadanos en el pasado conflicto bélico mundial. En la actualidad, muchos albergan ministerios e instituciones políticas del país.

 

Entre los múltiples edificios, encontramos la Catedral del ejército polaco de la Santísima Virgen María, o el Palacio de los Krasinski, bello edificio barroco del s. XVII sede antigua de la Corte Suprema, hoy de la Biblioteca nacional. Como contrapunto, encontramos la nueva Corte Suprema de la República de Polonia, edificio de finales del pasado siglo XX cuya fachada poblada de columnas dan lugar a una gran puerta de entrada que rememora la ubicación de una de las puertas del gueto judío.

 

Palacio de Cultura y de las Ciencias de Varsovia. Foto: wikipedia

 

La Varsovia estalinista

Los polacos poco ánimo tienen de recordar uno de los episodios más grises de su historia reciente: tras la ocupación nazi, la liberación rusa supuso la adscripción de Polonia al régimen soviético en los años de la Guerra Fría. Desde 1945 hasta 1989, el país fue uno de los satélites soviéticos regido por los planes quinquenales de economía del imperio, la politburó y la vigilancia de las fuerzas de seguridad del estado, al acecho de cualquier disidencia.

 

La ciudad, al igual que otras capitales del bloque soviético, recibió de la URSS como premio a su adscripción la construcción de una torre de líneas rectas de 231 metros, imponente y sobria: el Palacio de Cultura y de las Ciencias.  Denostado por las generaciones más mayores y mirado con indiferencia por las más jóvenes, el recinto es hoy sede de congresos y exposiciones, y desde su planta 30 ofrece al visitante una buena vista de toda la ciudad.

 Plaza de la Constitución de Varsovia. Foto: wikipedia

Siguiendo la política expansionista soviética de la Guerra Fría, las capitales satélites contaron con el escenario perfecto para celebrar las efemérides del régimen: amplias avenidas y grandes plazas. En Varsovia hablamos de la Plaza de los Desfiles –adyacente al Palacio del Cultura- y de la Plaza de la Constitución, cuyo nombre hacía honor a la constitución estalinista de la República Popular de Polonia aprobada en 1952.  En el caso de esta última, su diseño en el eje de la calle Marszalkowska, un lugar densamente cubierto de edificaciones, se llevó por delante los pocos edificios antiguos que sobrevivieron a los destrozos de II Guerra Mundial. Monumentales farolas dominan el espacio, gris y descomunal, que hace coincidir hasta 7 vías de comunicación.

 Lago del parque Lazienki, en Varsovia. Foto: wikipedia

Parques y rincones

Sin duda, uno de los atractivos de Varsovia son los parques y jardines que pueblan la ciudad de los que el visitante puede disfrutar y aprovechar para relajarse en su periplo turístico. Cada palacio cuenta con su propio espacio abierto al público y, sin duda, no hay que marchase de la ciudad sin antes haber visitado el parque Lazienki, situado en la calle Agrykoli, no lejos del centro.

 Monumento a Chopin, en el corazón del parque Lazienki. Foto: wikipedia

Con 76 hectáreas, es el parque más grande de la ciudad y en él tienen lugar numerosos acontecimientos de carácter cultural, científico y de entretenimiento. Les recomiendo hacer un alto y dejarse seducir por las interpretaciones musicales que tiene lugar a los pies del monumento a Chopin, donde admiradores del genial compositor le homenajean con interpretaciones de sus piezas.

 

Otro de los lugares más hermosos de Varsovia es el parque del palacio Wilanów, uno de los edificios barrocos más bellos de la ciudad. Coqueto y elegante, en su terraza rosa se organizan conciertos de cámara durante los meses de verano.

 Palacio Wilanow con su bello parque. Foto: wikipedia

 

 

Comunicarse, comer y dormir

El idioma nativo es el polaco, perteneciente a la familia de las lenguas eslavas pero con la peculiaridad de utilizar el alfabeto latino, por lo que al visitante español le resultará más fácil identificar el nombre de las calles o edificios públicos.

 Makowiec, pastel típico polaco elaborado con semillas de amapola. Foto: wikipedia

Su pronunciación es difícil y aprenderlo resulta complicado para los latinos, pero no sufra, los polacos son muy amables y políglotas y podrán comunicarse con la gran mayoría de la población en inglés y además, harán por entenderlo. Para los valientes, un apunte de frases básicas:

 

Dzien dobry (yien dobre): Buenos días

Dobry wiezcòr (dobre viechur): Buenas noches

Dziekuje (yenkuye): Gracias

Prosze (proshe): Por favor

Czesc (chesch): Hola

Do widzenia (do viyenia): Hasta la vista

Przepraszam (prsheprasham): Disculpa / lo siento

Tak (tak): Sí

Nie (nie): No

 

Podrá reponer fuerzas con pierogis, bigos o un makowiec.La moneda oficial es el Zloty Polaco (PLN), divisa que al cambio actual podemos obtener unos 4,2 PLN por euro.  Para desplazarse por Varsovia, puede hacerlo con facilidad en transporte público, tanto tranvía como autobús, cuyas líneas son seguras y conectan con eficacia todos los puntos de la ciudad.

 

Respecto al alojamiento, el visitante tiene a su disposición establecimientos para todos los bolsillos. Desde la apertura de Polonia al capitalismo y su ingreso en la UE, la ciudad ha vivido una transformación en este sentido. En la actualidad cuenta con más de 30 mil plazas en 200 establecimientos.

 Pierogi, plato típico polaco. Foto: wikipedia

A la hora de comer, no deje de probar los imprescindibles pierogi-empanadillas rellenas de carne, setas o requesón-; la deliciosa sopa de remolacha barszcz, o la zurek –de sabor ácido, para los más valientes-; y los vegetales en aspic –gelatina-, como complemento ideal al arenque o salmón ahumado. Como plato principal, no puede irse de Polonia sin haber probado el bigos –col fermentada con trozos de carne y salchichas-, y para finalizar, dentro de la amplia y rica repostería polaca, es de obligado cumplimiento degustar el popular makoviec, -hecho con semillas de amapola-, postre nacional. Y como bebida, los amantes de la cerveza podrán degustar las nacionales Zywiec y Tyskie, y los que pidan agua -woda- no olviden indicar que la quieren sin gas. Como complemento etílico, podrán degustar el típico wodka polaco Zubrowka, aormatizado con hierbas de la región de los lagos donde pastan los últimos bisontes europeos, imagen de la marca. 

 

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