Los programas de intercambio y su utilidad

Por JOSÉ FILIU

El Vicerrectorado de Relaciones Internacionales de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, hace justo dos años, ofreció a los alumnos de segundo de Periodismo una sesión explicativa sobre las posibilidades de realizar un programa de intercambio con la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC); cita que fue conducida brillantemente por una representante de la misma.

La UPC, con cuatro modernos emplazamientos de estructura similar repartidos estratégicamente por la ciudad de Lima, y con seis carreras emparentadas con la Comunicación, se jacta de ser uno de los centros de educación superior referentes en Sudamérica y de garantizar una formación privada de alta calidad a sus acaudalados estudiantes. No en vano, para poder graduarse, estos tienen que completar un cupo mínimo de publicaciones; requisito que deberían imitar las facultades españolas de Ciencias Sociales y Jurídicas, y no martirizar a los pobres chavales con asignaturas de relleno.

Además de información académica, se aprovechó la ocasión para publicitar los atractivos del otrora Virreinato: el actual despegue económico, la gastronomía, el clima y sus playas, Machu Picchu y el lago Titicaca, o los distritos de Barranco, Miraflores y San Isidro, que son los más caros de la capital. Un país marítimo, andino y amazónico que se abre al mundo gracias a las recetas neoliberales del FMI y a flirtear con gigantes como China. Aunque de salir de la burbuja que son los campus de la élite, y los barrios convenientemente fortificados, se deduce que el trabajo para acortar la brecha entre ricos y pobres no se está llevando a cabo con el ahínco deseado. Ni que la inseguridad, que se ceba con las clases populares, disminuya. Y es que, en ausencia de un estado del bienestar efectivo y eficiente, el dinero categoriza el valor de las personas de una manera acusada. Una constante en todo el continente americano y una tendencia con cada vez más adeptos en Europa.

Por ello, programas de movilidad como los ofertados por dicho Vicerrectorado (Destino, Erasmus…) son necesarios para, entre otras cosas, aprender sobre lo que queremos y lo que no queremos en nuestro país. Claro, sin olvidarnos de la vertiente más pragmática: el incremento de la empleabilidad de sus participantes, algo que cualquier profesional de los Recursos Humanos puede confirmar y que dos investigadoras de la sevillana Universidad Pablo de Olavide (UPO) demostraron empíricamente mediante un estudio. Aparte, y volviendo al aula de Periodismo: el reportero en ciernes tiene que hacer acto de presencia en aquellas sociedades que están cambiando rápidamente, con el objetivo de dar voz a los excluidos por el tren de un progreso que suele ser para los de siempre.

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