Cuneros

Toni Gil

Por TONI GIL

Prácticamente ya estamos en campañas electorales (no es un error, es en plural) y el PSOE nos ha sorprendido con dos decisiones; por un lado, con el candidato a alcalde de la capital de la provincia, y, por otro, con el cabeza de lista al Congreso.
Lo de Alicante tiene su miga: se sacaron el candidato de una chistera y le deseo la mayor fortuna, aunque si como parece confirmarse sus compañeros de papeleta también van a seguir saliendo de la misma sombrerería -la del infumable Franco- va a contar con limitada credibilidad sobre su independencia, incluso entre los propios militantes, no digamos ya entre el electorado.

Pero lo del astronauta viene a confirmar una cierta tendencia de los partidos de apelar más a la notoriedad o fama de los propuestos, que a su capacidad de representarnos con el conocimiento suficiente de los problemas y necesidades de la provincia por la cual ocuparán el escaño. En las anteriores, me llamó la atención que el partido socialista eligiera a un profesor universitario poco conocido por el electorado como cabeza de lista; como votante interesado pregunte a un buen amigo, también profesor de su Facultad sobre la calidad del candidato: a pesar de estar situado políticamente en otra esfera me habló muy bien sobre el personaje. Tres años después, no recuerdo que se haya justificado ante sus electores de qué ha hecho por la provincia que le mandó a Madrid; poco más podríamos decir del “cunero” popular, aunque éste sí se ha dejado ver algo más por Alicante. Así que lo del actual ministro de Ciencia, por mucho que tenga segunda residencia en la provincia me suena a populismo; conocí a sus padres, ambos controladores aéreos, con los que coincidí en varias ocasiones en una residencia que las Cajas de Ahorros tenían en Estepona, y era un matrimonio equilibrado, sensato, educadísimo, culto, respetable y respetuoso; así que de esa suerte no puede haber nacido un extraño o dudoso personaje, pero de ahí a que vaya a representar los intereses de los alicantinos como lo haría un diputado británico con sus electores hay tanto como de la Tierra a la Luna.

En el Reino Unido hay 650 circunscripciones electorales, y cada una de ellas (unos 60.000 electores) tiene un único representante en la Cámara de los Comunes; para ganar el escaño de un distrito hay que obtener la mayoría simple en el mismo, pero de esta forma el electo se supone estrechamente vinculado a sus votantes, a quienes da cuenta de su gestión y de los que recoge a menudo sus aportaciones y quejas. Además, esto le permite una cierta independencia de su propio partido, como se ha visto más de una vez, y últimamente con motivo del Brexit.

Mientras tanto no se modifique el sistema electoral de listas cerradas –muchos lo critican, pero nadie da un paso adelante para mejorarlo- bien harían los partidos en huir de cuneros y de que sus electos pasen la legislatura en la Carrera de San Jerónimo sin aparecer ni comparecer ante sus paisanos.

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