Mi bandera


Toni Gil

 

Por TONI GIL

La primera vez que viajé a Suecia me llamó la atención el gran numero de banderas suecas instaladas en mástiles erigidos en casas diseminadas y fincas agrícolas. Un colega de una caja de ahorros sueca, con cierta ironía, me comentó que era –simplemente- para recordar en cuál de los dos países estaban, dado que la frontera con Noruega es tan imperceptible –por cualquier carreterita comarcal se pasa de de uno al otro- que era fácil confundirse.


Broma aparte, el respeto a la bandera nacional suele ser la expresión mas sublime del sentimiento de amor al país en el que uno ha nacido. El problema deviene cuando de ella se apropian parte de los ciudadanos, como forma –quizás- de supremacía sobre los demás. Al regreso de aquel viaje –era la época en la que los “fuerzanovistas” llevaban la bandera enarbolada en las correas de los relojes- decidí poner una bandera en mi retiro rústico de Agost, mástil incluido.

Bandera de España en finca privada de Toni Gil. Foto: T. GILCualquiera que me conozca sabe de qué pie cojeo –políticamente hablando- así que mi bandera no ondea contra nadie, sino para dejar constancia de que es de todos, cualquiera que sea su opinión, su militancia, su voto. En mi terreno, dos o tres veces al año, azota el viento con vigor, así que la bandera, si es barata –las que mi amigo Manolo me regala de vez en cuando, duran más- hay que cambiarla un par de veces al año, porque se desagarran y decoloran; siempre procuro que alguno de mis hijos y mis nietos estén al izar la nueva, cosa que hacemos sin aspavientos, ni música, ni zarandajas. Simplemente con respeto.

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