Otra vez la izquierda, otra vez por Venezuela

Luis de San Martn

 

Por LUIS DE SAN MARTÍN

Con la juramentación de Juan Guaidó el pasado 23 de enero como presidente encargado de una transición urgente a la democracia en una país destruido y humillado como Venezuela, las máscaras compasivas que la izquierda española ha forjado para sí misma, saltan por los aires, revelando su fetiche onanista con dictaduras brutales con las que comparte discurso, filias y fobias. Regímenes perversos que utilizan el apoyo de muchos célebres “progresistas” para someter a sus ciudadanos a penurias y vejaciones inimaginables en pleno siglo XXI, agitando las banderas de esa izquierda como patente de corso, como coartada liberticida y criminal contra su propia gente. Felipe González (PSOE), Luis Almagro (OEA) y otros pocos son la honrosa excepción de este fervor colectivista y autoritario de esa tribu ideológica.

Ya nadie se extraña de la hemiplejía moral y complicidad de la izquierda en España respecto a la tragedia venezolana, desde el PSOE de Pedro Sánchez y Zapatero a los anticapitalistas (comunistas de siempre) de IU, anarquistas de las CUP y proetarras de Bildu, pasando, por supuesto, por Podemos y un sin fin de personajes de eso que se autodenomina “progresismo español”, no pierden oportunidad de dejar al descubierto las pulsiones totalitarias que se esconden debajo de esa maleza retórica buenista que supuestamente defiende “a los más desfavorecidos”.

La pobreza de casi 9 de cada 10 venezolanos y la escasez crónica de alimentos, medicinas e insumos hospitalarios básicos que hoy padece el que fuera el país más rico de Latinoamérica no merece mayor reproche de estas almas caritativas;  ni siquiera la corrupción administrativa que convirtió a Venezuela en la nación más corrupta del hemisferio occidental; ni la diáspora de proporciones bíblicas que obligó ya al 10% de la población a abandonar el país; ni la criminalidad impune que acaba con la vida de alrededor de 30 mil personas al año. Nada. Esa pobreza, esa corrupción, esa desigualdad, esa violencia, esa injusticia atroz no merece apoyo moral de los progresista españoles porque, parafraseando a Roosevelt sobre el dictador Somoza, Maduro “tal vez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

La solidaridad moral y política con regímenes atroces como el venezolano o el cubano dice mucho más de la izquierda española que sus discursos más floridos, con apelaciones melodramáticas y grandilocuentes a la “justicia social”, los “derechos y libertades democráticas” y la “libertad de expresión”; puesto que refleja una patológica tendencia a manipular la realidad para adaptarla a sus dogmas, además de una vocación sectaria y una brutal hipocresía que cualquier amante sincero de la libertad y la democracia debería asumir como signos inequívocos de sus verdaderas intenciones.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn