El debate de la Constitución

Joaquín Ñeco

 

 

Por JOAQUÍN ÑECO

En estos tiempos tan confusos que vive nuestra nación con los nuevos partidos que han aparecido en el mapa político que quieren imponer sus ideologías a toda costa para pescar en este río tan revuelto y obtener nuevos “peces” que incorporar a sus objetivos, el cambio de algunos artículos e incluso la sustitución de la Constitución de 1978, es una de sus prioridades.

Últimamente, he oído de todo por parte de estos nuevos políticos. Desde que esta Constitución ha quedado desfasada, pasando por la idea que en estos tiempos necesitan de una que sea más progresista y que se adapte a ellos. También que España necesita una nueva visión territorial, por supuesto la federal, hasta la más absurda de todas y es que ellos no la votaron porque han nacido con posterioridad al año en que se aprobó por las Cortes Generales.

Creo que los argumentos que exhiben son tan poco reales quecaerían por su propio peso al  preguntar a los españoles si es una necesidad de primer orden entre los problemas que les afectan. Este es un asunto tan serio que no se puede hacer ni demagogia de la barata, ni anteponer los intereses partidarios para alcanzar objetivos políticos tratando de demostrar que quiénes reclaman esta sustitución, son los más progresistas en tanto en cuanto lo que buscan es estar en el “candelero” para llevar a cabo sus fines ideológicos.

La “bisoñez” y la falta de preparación política e incluso la poca formación intelectual que manifiestan en muchas ocasiones en entrevistas en medios de comunicación, sobre todo audiovisuales; en las formas de gobernar en aquellas instituciones que no obtuvieron los votos necesarios para hacerlo y que lo hacen gracias a otros partidos con los que han formado una coalición de gobierno; en propuestas partidistas y maniqueas; en la demagogia con la que revisten las necesidades de “su pueblo” etc., dan una idea del por qué les lleva a proponer una aventura tan absurda como la de anular la Constitución actual y sustituirla por una nueva. Pero no sólo estos nuevos partidos que han surgido al amparo de la crisis mundial que hemos vivido y de la que todavía quedan restos, han propuesto cambios o sustitución sino que también partidos con una larga trayectoria se han adherido a esta descabellada idea.

Las constituciones que actualmente rigen los destinos de los estados a nivel mundial, han sido promulgadas hace tiempo manteniéndose todavía en vigor y, a lo máximo que se ha llegado, es a alguna enmienda o la reforma de determinados artículos en sus respectivos textos.

El sustituir una Constitución, requiere de un amplio consenso no sólo entre los políticos sino también entre todos los ciudadanos que la tienen que votar en referéndum, una vez aprobada por las cámaras de diputados y senadores como Cortes Constituyentes y no es algo tan simple y fácil como quieren darnos a entender algunos políticos que, posiblemente, nunca hayan leído el articulado de la vigente Constitución.

A la vista de cómo está el panorama político a nivel de partidos se puede hacer un análisis, nada difícil, de cuál sería el resultado de esta propuesta de sustitución. Ni tan siquiera, pasaría de la aprobación de las Cámaras porque, por ejemplo, de hacerla en este momento el Partido Popular tiene la mayoría en votos del Senado y probablemente se opondría. Por tanto, señores políticos progresistas dejen el tema para más adelante y traten de resolver  los asuntos que realmente  preocupan a los españoles de a pié como el paro. Lo que sí que sería factible es la corrección de algunos de los artículos o la introducción de nuevos que la actualizaran y que, seguramente, le darían el toque de modernidad que realmente creo que necesita. Esta posible opción se podría conseguir por la vía del consenso a nivel político y la aceptación, por medio del referéndum, de la mayoría de los españoles.

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