A trancas y barrancas

Toni Gil

 

Por TONI GIL

No, no me refiero a los personajes del programa televisivo. Quiero referirme a esta vieja expresión popular, cuyo origen desconozco, y que me ha sido recordada por noticias de las últimas semanas.

Ya se sabe que la tranca es –generalmente- un palo o madera que se utilizaba para atrancar una puerta, por el interior de un recinto, de forma que impidiera su apertura desde el exterior. Y barranca, femenino de barranco, acaso de menor volumen.  Encuentro la referencia de un arabista que cita la expresión como de origen andalusí (atrakkán barramka) y un bloguero que opina que “el sentido más literal sería como decir que para conseguir llegar a un lugar se han tenido que atravesar puertas atrancadas y sortear barrancos, y que a pesar de los obstáculos se alcanzó el fin deseado”.

Aquí, algunos contribuyentes nos quedamos pasmados ante noticias de este fuste:

"El Ayuntamiento limpia el barranco de Agua Amarga para minimizar el riesgo de riadas.  La Confederación Hidrográfica del Júcar autoriza la actuación tras tres años de reivindicaciones".
"Un barranco que desemboca en la carretera que une Agost con Orito causa, cuando hay fuertes lluvias, el corte del vial y daños en caminos. El Consistorio afirma que la CHJ se desentiende del tramo final de la torrentera".
"Vecinos del perímetro del barranco de San Antón critican que Ayuntamiento y Confederación se pasan la «patata caliente» desde hace años sobre quién es el responsable de sanear la zona".
"Vecinos de la partida rural de la Cañada del Fenollar critican la falta de limpieza del conocido cauce del Alabastre, que acaba en el de las Ovejas".

Son sólo cuatro ejemplos, para ilustrar que en este tema –como en otros donde los ayuntamientos compiten con otras administraciones, sea Costas, Puertos, Carreteras…-  parece que los municipios deberían llegar a los adecuados acuerdos con las confederaciones hidrográficas para que por aquellos espacios por donde puedan discurrir las aguas, más o menos violentas, estuvieran en disposición de hacerlo, en evitación de desbordes, riadas y otros desmadres que pudieran causar perjuicios. Afortunadamente, hasta ahora, en nuestra provincia no se han dado las imágenes que la televisión nos ido ofreciendo, casi diariamente, de riadas destrozonas.

Pero es que, además, mantener los barrancos en condiciones podría llevar las aguas sobrantes a otros espacios dónde establecer reservas, y además evitar algún que otro incendio en épocas de calor cuando cañizos y matojos andan mas que resecos.

El caso es que si la Administración no consigue coordinarse “a trancas y barrancas”, quizás llegue el tiempo de que a todos los que han tenido la oportunidad de hacerlo –políticos y probos funcionarios- y que han pecado de omisión los votantes los tiren a trancazos por los barrancos.

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