In-Competencia

 

Por TONI GIL

El Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo está situado en el municipio de Saint-Louis al sur de la región de Alsacia en Francia. El aeropuerto sirve a las regiones de Basilea, en Suiza, Mulhouse en Francia y un poco menos a la región de Friburgo en Alemania. También es llamado EuroAeropuerto por ser un aeropuerto transfronterizo;  fue inaugurado en 1946.

El proyecto había sido engendrado durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Francia facilitó los terrenos y Suiza construyó las pistas y los edificios. El consejo directivo está compuesto por ocho miembros franceses, ocho miembros suizos y dos representantes alemanes. Yo recuerdo haber entrado por la “puerta francesa” para tomar un vuelo que partía “desde Suiza”. Es un ejemplo, en mi opinión, de economía colaborativa de altos vuelos, con gran sentido práctico.


Aquí, sin embargo, años después construíamos uno en Castellón –que vuela rasante- en lugar de establecer un enlace rápido desde el de Valencia que acercara los dos puntos distantes en unos 60 kilómetros en poco menos de media hora. O el de Corvera –de iniciativa particular-, en Murcia, que parece despegará a fin de año -aunque la construcción culmino en 2012- gestionado finalmente por AENA y que probablemente cerrará o minorará la actividad del de San Javier, remodelado y ampliado no hace mucho con cargo a los presupuestos que pagamos todos los españoles. Dos ejemplos de riqueza dudosamente bien administrada.


Siguiendo con Murcia, en 1989 la CAM abrió una oficina de empresas en Murcia, en la plaza de la Fuensanta, frente a El Corte Inglés, en un entresuelo que, junto a la planta baja donde instaló una sucursal “normal”, había costado a un millón de pesetas metro cuadrado. Un alto directivo –hoy imputado- aventuró que no tenía mucho sentido ese coste para abrir la oficina solo cinco horas al día, por lo que en el futuro habría que pensar en ampliar los horarios o los servicios a prestar, y mentó la experiencia de algún banco norteamericano en cuyas sucursales se vendían “delicatesens” hasta las nueve de la noche. En todo caso, aunque las Cajas de Ahorros eran un poco de todos, aquella inversión ciertamente onerosa quizás podría considerarse una iniciativa “privada”.


En el caso de las inversiones públicas es mas que cuestionable que no se estimen adecuadamente las prioridades cuando los presupuestos disponibles están lógicamente limitados. Pero hay situaciones en las que se juega con cierta alegría. Nunca entendí que Hércules y Elche construyeran sendos estadios en 1974 y 1976, a veinte kilómetros de distancia, que apenas se han llenado nunca y solo para utilizarlos un par de veces al mes. Desde un punto de vista puramente economicista –me rectifiquen los sabios- parecería mas lógico haber edificado uno a medio camino, en Torrellano, y de uso común. La mitad de inversión y la mitad de gastos de mantenimiento. Solo hubiera sido cuestión de cambiar las banderas y los símbolos antes de los partidos.


Hoy oigo en la radio dos cuñas de dos universidades valencianas privadas, marcando el sello de la calidad de sus grados, postgrados y másteres, en franca competencia. Y más cerca, dos universidades públicas también andan compitiendo en captar alumnos, inversiones, buenos profesores y empresas. Se suele decir que hay cuatro variables controlables por la empresa: el producto (calidad, diseño, contenido…), la distribución (dónde puede adquirirse y más cómodamente), la promoción  (publicidad, comunicación, incentivos…) y el precio. Ya solo falta que haya guerra en los costes de las matrículas. Al tiempo, es el mercado, como suele decirse últimamente…

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