Tres fusiones nonatas y un funeral

 

Por TONI GIL

Leo en La Vanguardia que esta semana la Comisión del Congreso que investiga la crisis financiera, el rescate bancario y la quiebra de las cajas de ahorro está celebrando la comparecencia de tres ex-presidentes de cajas rescatadas, concretamente el ex-ministro socialista Narcís Serra, de Catalunya Caixa; Modesto Crespo, de la CAM; y Juan Pedro Hernández Moltó, de Caja Castilla-La Mancha.

Las cifras que se manejan –el perjuicio a la sociedad española- ponen los pelos de punta: según el Tribunal de Cuentas, 122.122 millones de euros es el total de recursos públicos comprometidos en la reestructuración financiera, aunque por otro lado parece que fueron sólo 60.718. Debe ser que los datos cambian según quien los mire. En cualquier caso, en estos días en los que se están manifestando mis coetáneos, los jubilados, por que se nos trate con justicia, la verdad es que estos “agujeros” dan algo más que rubor.

Rubor que a muchos de los encausados –he perdido la cuenta de cuantos procesos hay en marcha en los juzgados y a cuantos afecta- les debía llegar desde la frente hasta las plantas de los pies. Y no sólo a ellos: también a los altos directivos del Banco de España, de sus equipos de inspectores que debieron ser más explícitos, y a los responsables financieros de las autonomías “tutoras” de las Cajas, en nuestro caso el Instituto Valenciano de Finanzas.

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de coincidir con antiguos colegas de la CAM, y de las conversaciones y comentarios que hemos cruzado parece desprenderse, con nitidez, que la CAM perdió tres oportunidades para salvarse –quiero decir salir mejor parada que desaparecer-, antes de la llegada del FROB y la venta por 1 euro al BS.

EL SIP. Proceso de “fusión” con Caja Asturias y Extremadura para crear un nuevo banco. Se fue a pique por pretender mantener CAM un porcentaje mayoritario de acciones del nuevo banco cuando los balances presuntamente estaban “tocados”. Los asturianos no pasaron por el aro con las pretensiones de los directivos de la CAM que querían la mayor parte del pastel.

Con Caja Murcia. Mis “fuentes” me han asegurado que hubo un acuerdo y estaba prácticamente cerrado; se rompió en la misma puerta del Banco de España. Modesto Crespo le dijo a Carlos Egea Krauel que necesitaba seguir siendo presidente dos años -¿para seguir cobrando dietas?-, periodo tras el cual podría ocupar él ese puesto. Egea, que lo pretendía era ser presidente “ejecutivo” con mando real sobre el director Roberto López, lo mandó a paseo sin pensárselo dos veces.

Con BANKIA. A instancias del Banco de España, que quizás pretendía enmascarar la situación emboscándola en las grandes cifras de su proyecto “central”. Y, al parecer, según me han confirmado dos colegas, se le dio “portazo” porque no había ninguna seguridad para los directivos de la CAM en ese proyecto.

Si, efectivamente, la CAM era “lo peor de lo peor” en palabras de Fernández Ordoñez, las cifras que ahora se airean la dejan en tercer puesto de esta clasificación (Catalunya Caixa,  12.676 millones de euros, 300 millones más que BFA-Bankia y Banco CAM, 11.065 millones), lo cual tampoco nos afloja mucho el nudo de la corbata.

Corbata negra, de funeral.

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