Las cuotas de la CAM...¿una causa general?

Toni Gil

por TONI GIL

Últimamente, con frecuencia e intensidad, se emiten cuñas en emisoras de radio y se insertan anuncios en la prensa escrita de despachos de abogados que informan de la posibilidad de rescatar los ahorros depositados a través de las famosas Cuotas Participativas de la CAM. La oportunidad estriba en la próxima caducidad –el 31 de marzo- del plazo para poder presentar ante los juzgados las oportunas demandas.

Los despachos jurídicos insisten en sus mensajes de que ya se han producido sentencias favorables a los ahorradores, aunque no es menos cierto que hace unas semanas la afamada –también, últimamente, por causas catalanas- jueza Lamela dictó que los afectados a quien debían dirigir sus demandas es a los empleados que les vendieron el producto financiero, algo sorprendente pues éstos lo único que hacían era seguir las instrucciones de sus superiores.

A las demandas que ya han ganado algunos clientes en distintos juzgados se ha añadido recientemente una presentada en un juzgado de Cartagena por un significado directivo de la CAM en Murcia que se ha resuelto a su favor, aunque son de esperar los puntuales recursos. Recuerdo que hace un par de años un abogado me comentó que había conseguido que tres o cuatro clientes hubieran recuperado sus ahorros invertidos en cuotas simplemente tras avisar a los servicios jurídicos del BS de la presentación de una próxima demanda. Y hay otra, también reciente, de un juzgado de Madrid, que “condena” tanto al Banco como a la Fundación Caja Mediterráneo, lo cual abre otra vía aun más complicada, pues leyéndola yo no atisbo a definir si son ambos, uno solo o cada uno la mitad, quienes deber realizar el pago.

Gracias a un trabajo publicado por Francisco D. González en El Mundo de Alicante, ha recuperado actualidad el acto que tuvo lugar en las instalaciones de IFA en 24 de mayo de 2008 en el que intervinieron el presidente de Lheman Brothers España, Luis de Guindos y el de Analistas Financieros, Emilio Ontiveros, ambos ligados a la CAM: el primero porque su firma dirigió la emisión de las primeras Cuotas Participativas de la historia en España, y el segundo como asesor permanente de la entidad, que si compraron, como prometieron, quizás supieron venderlas oportunamente antes de la debacle. Ontiveros continúa dándonos clase en las tertulias radiofónicas de lo que debemos hacer con nuestro dinero y De Guindos, hoy ministro económico, proyectándose a Europa, ¡¡¡abróchense los cinturones…!!!

Por si fuera poco, parece que se preparan varias demandas de distintos grupos de empleados jubilados total o parcialmente de la antigua Caja –tengo noticia de al menos tres, uno en Cataluña y dos por los límites valenciano-murcianos- que se han unido para demandar a quien corresponda por los perjuicios que les ha producido la adquisición de este producto financiero. La responsabilidad de quien corresponda no acabó ahí: sé de personas a las que para concederles un crédito hipotecario se unía el requisito de adquisición de unos miles de euros en cuotas; de proveedores a los que si querían seguir facturando se les sugería que debían también suscribir un paquete de ellas, y hasta se pidió a los jubilados en 2011 –cuando al parecer se habían trucado los balances de 2010- a que ayudaran comprando para evitar la caída que se estaba produciendo. Entre ellos, yo mismo.

Son ejemplos –éstas y otras muchas demandas más que deben proliferar en juzgados de media España, a cientos, quizá a miles- que deben estar colapsando a la administración de Justicia. Jueces y demás funcionarios que podrían dedicarse a otros litigios con mejor eficacia. Hay una figura jurídica, cuyos detalles desconozco por no ser mi campo mas allá de lo que leo aquí y allá, que es la denominada “causa general” o "inquisitio generalis", que intuyo podría resolver de una tacada esta cuestión aliviando a la par a los juzgados inmersos en estas demandas y a los clientes afectados. Claro que al Banco no le produciría satisfacción alguna que el goteo que hasta ahora ha estado sufriendo se convirtiera en una riada. Pero alguien tendría que instar a ello…quizás el mismo ministro que metió entonces la pata hasta el cuello.

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