Filosofía clásica para un mundo mejor

 

Por JOAQUÍN ÑECO

Recuerdo de mis tiempos de estudiante de bachillerato que cuando accedí, al por aquel entonces, quinto curso, me encontré con un libro cuyo título era FILOSOFÍA y pensé: "Otra “maría” para añadir a las asignaturas de letras". Quizás porque era un mozalbete de quince años falto de experiencia, me resigné a estudiar lo mínimo de esta asignatura para aprobarla, sin darle la verdadera importancia que tenía para mi formación integral como hombre. 

Con el tiempo, he vuelto a retomar la lectura de libros de Filosofía y he encontrado, en ellos, respuestas para las preguntas que me hecho a lo largo de mi vida y he llegado a lamentar el no haberles dedicado más tiempo para haber profundizado en su contenido. Actualmente, pienso que cometí, en su día, un craso error, porque creo que la Filosofía clásica y las posteriormente llamadas modernas, le dan al hombre una formación humanista muy necesaria en estos momentos tan carentes de valores que estamos viviendo.

El ”homo sapiens”, ha evolucionado a lo largo del tiempo por su raciocinio que le ha llevado a alcanzar los niveles actuales de progreso. Pero a la vez, ha ido perdiendo por el camino, su disposición de humanista porque ha apartado de su vida su condición de pensar y reflexionar en los sentimientos nacidos de su alma, de los que se derivan los valores que le engrandecen en saber y en moral.

En el Timeo, uno de los libros escritos por Platón, dice que “la única cosa existente que posee la inteligencia propiamente dicha es el alma” y tiene, por supuesto, toda la razón porque la inteligencia aunque se desarrolle en nuestro cerebro, su origen es el alma. Como seres vivientes pensantes, nuestro cuerpo necesita un alma. Sin ella seríamos un animal más. Respecto de la felicidad dice Platón que” la felicidad divina es el modelo de la felicidad humana” surgiendo de esta reflexión la idea de Dios, quizás para él, no el mitológico de su época, sino el universal, y añade” ahora bien, la felicidad debe alcanzarse mediante la práctica de la virtud”. Es decir, que no todo vale para alcanzarla. Y termina diciendo que” Dios es la medida de todas las cosas en un sentido mucho más alto que en el que ninguno de los hombres pueda, según se dice, esperarse que lo sea alguna vez”. Como se ve, toda una serie de conceptos para demostrar que el hombre no puede ser racional sin el alma; que el alma ha sido creada por Dios; que sólo podemos alcanzar la felicidad practicando unos valores a los que nos conducen una vida virtuosa; y que aunque nos esforcemos en conseguir la felicidad absoluta, nunca podremos alcanzarla plenamente. Quizás lleguemos a tener momentos de felicidad, pero no de plena felicidad. Y todo esto para llevarnos, también, a la reflexión que el egoísmo material no es el mejor camino para alcanzar esa felicidad que tanto perseguimos los humanos, y que nunca va a ser total por mucho que nos empeñemos.

La idea de Dios, subyace en todo el pensamiento filosófico clásico y aunque equivocados porque ellos creían en los dioses mitológicos, sí ha servido para que filósofos posteriores, como Santo Tomás de Aquino, San Agustín y Santo Tomás Moro, lo hayan trasladado, en su esencia, a nuestra creencia cristiana o Averroes al Islam. En este sentido decía Platón que” el culto religioso y la virtud pertenecen pues a la felicidad” de tal suerte que, aunque la prosecución de la virtud y la práctica de una vida virtuosa, son los medios de lograr la dicha, no se ha de pensar que la virtud misma sea exterior a la felicidad, sino que es parte integrante de ella. El bien del hombre es ante todouna condición del alma, y sólo el hombre verdaderamente virtuoso es realmente bueno y feliz”.

En nuestro mundo actual, la humanidad, tan llena de economistas, políticos, científicos etc., pero falta de filósofos y humanistas, ha llegado a unos niveles de valores tan bajos, que quizás sea necesario un nuevo Renacimiento, como el que nos sacó de la oscura Edad Media, diferente a aquel en sus fines, pero en donde los razonamientos que vuelvan a imperar en nuestra vida, sean los de los filósofos clásicos. Pudiera ser, que la crisis económica mundial, que estamos padeciendo, sea debida también a la pérdida de estos valores que venimos diciendo y sería interesante intentar recuperarlos para comprobar, si con ello, se solucionaba la crisis o por lo menos, en parte, se mitigaba. Pensar como se piensa en el mundo de la economía actual, yo me enriquezco a cambio de que tú te hundas, es pensar egoístamente. Quizás unas cabezas que reflexionasen y pensaran de forma solidaria, como las de los clásicos, podrían llegar a encontrar soluciones más convenientes para resolver el problema.

El hombre actual está inmerso en los placeres mundanos y ha olvidado el resto de valores que nacen de su alma y de su pensamiento. A propósito de esto, dice Sócrates que “el placer, como tal, no puede ser el único y verdadero bien humano, puesto que una vida de puro placer en la que no tuviesen parte alguna el espíritu, ni la memoria, ni el conocimiento, ni la opinión verdadera, sería, no una vida humana sino la vida de una ostra”. 

Por otro lado, el hombre de nuestro tiempo actúa como si fuese a vivir siempre. Sócrates dice que tal vez el trágico Eurípides tenga razón al decir que “esta vida en el mundo, es en realidad muerte y que la muerte es la vida auténtica”. En el Fedón, arguye Platón que los contrarios se producen a partir de los opuestos, como “de lo más fuerte, lo más débil y de lo débil lo fuerte” o “del sueño, la vigilia y de la vigilia, el sueño”. Por tanto, la vida y la muerte son contrarios y a partir “de la vida se produce la muerte y de la muerte la vida”. Deducción que nos lleva a la inmortalidad del alma y a otra vida mejor que esta. En eso confiamos los que tenemos creencias religiosas y nos hace vivir una vida mejor.

Los filósofos clásicos nos dejaron mensajes intemporales de los que debemos sacar consecuencias para mejorar nuestro mundo. En épocas pasadas, los filósofos creaban escuelas, academias y corrientes de pensamiento, y eran consultados para que dieran su opinión sobre problemas que surgían en la vida cotidiana, y se ponían en práctica por políticos y ciudadanos con buenos resultados en la mayoría de los casos.

Además, el axioma que dice que la filosofía es la madre de todas las ciencias, es verdad, porque enseña a pensar y aumenta el raciocinio, y de este pueden y se han derivado anteriormente aplicaciones para la ciencia, las matemáticas, la geometría, las artes, incluso la economía, etc. Por tanto, no sólo forma el espíritu, sino que también aumenta el saber material. No es casualidad que grandes hombres de ciencia fueron, al mismo tiempo, grandes filósofos como Aristóteles, Euclides, Pitágoras, Newton, Pascal etc.

Con respecto a la política, la mayoría de los filósofos de la antigua Grecia fueron preceptores de grandes hombres y estadistas que han destacado en la historia de la humanidad. Tomemos como ejemplo a Aristóteles, discípulo de Platón y preceptor de Alejandro Magno, al que todo el mundo recuerda como un gran conquistador, pero que siguiendo las enseñanzas de su maestro, se valió de este medio, para llevar la cultura y el pensamiento helenístico a pueblos con civilizaciones caducas y atrasadas. O Pericles, el gran estadista, impulsor de la democracia y creador de la hegemonía ateniense, sobre las otras ciudades-estado griegas, fue discípulo de Anáxagoras quién le inculcó una fuerza de carácter que le permitió ser un gobernante excepcional y llevar a cabo grandes obras como el Partenón, conociéndose su época  en la historia como el “siglo de Pericles”.

Sobre el sistema de gobierno llamado democracia, nacido precisamente en Grecia, Sócrates, que no era muy partidario de ella, no por el sistema en sí, sino por la forma de llegar los que aspiraban a detentar el poder, decía lo siguiente: “Si el médico es un hombre que ha aprendido medicina, y si ningún enfermo se confiaría a los cuidados de quien careciese en absoluto de conocimientos médicos, va contra todo razón el escoger a los que hayan de ocupar los cargos públicos, echándolo a suertes o por votación de la multitud inexperta. Los verdaderos gobernantes son los que saben cómo conviene gobernar. No elegiríamos para timonel de la nave, a quién nada supiese del arte de navegar ni de la ruta por seguir; pues ¿cómo se elige para regir el Estado a quién no tiene conocimiento alguno del arte de gobernar ni sabe en qué consiste el bien del Estado?"Esto lo dijo un hombre 500 años antes de Cristo, que era de profesión picapedrero, pero pensaba con una visión de futuro que la historia se ha encargado de hacer realidad en multitud de ocasiones.

Para terminar y como epílogo de esta breve reseña sobre el pensamiento filosófico de algunos de los clásicos griegos dejo constancia de un epigrama que Diógenes Laercio escribió a la muerte de Platón, que decía: “Si no hubieras criado, oh padre Febo, a Platón en la Hélade, ¿quién hubiera criado con las letras las almas de los hombres? Pues como fue Esculapio médico del cuerpo, Platón lo fue del alma inmortal.”

 

 

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn