Yo no me àpunt-o

Toni Gil

Por TONI GIL

Dos comentarios me hicieron, hace muchos años, aumentar mi respeto por el valenciano. Primero, un colega de origen alcoyano que vivía en la capital desde joven me contó lo de su abuela: al parecer, la buena señora vivía en alguna partida rural, donde la nostra llengua era no solo la habitual, casi la única. Cuando la mujer visitaba al médico en Alcoy, a menudo se encontraba con algún galeno originario de zonas de habla castellana, y tantas dificultades tenía por hacerse entender que si no le acompañaba nadie había que avisar a alguna enfermera u otro paciente que tradujera sus males al sanitario, y viceversa.

El segundo fue de mi compañero Luis. Nacido en El Pinós –entonces sólo Pinoso- cuando a los seis o siete años fue por primera vez al colegio se encontró con que el maestro utilizaba un lenguaje que apenas entendía: el castellano; y como aquel médico de Alcoy, tampoco sabía nada de valenciano a pesar de que había ganado plaza en un pueblo bilingüe. Tuvo que notar tal absentismo que al tiempo habló con los padres de Luis para que le buscaran un apoyo extraescolar y pudiera entender los parlamentos del docente.

Hace un par de semanas estuve con un compañero en Teulada-Moraira, y compartimos mesa y mantel con un funcionario municipal, Jaume, que al notar que mi lengua natural era el castellano se afanaba por utilizarlo, pese a que yo prefería que él me hablara en valenciano para poder practicar un poco, pues aunque no me expreso nada bien –falta de vocabulario y conjugación de los verbos, especialmente- sí me place hacerlo si no se me sonroja por mi falta de práctica. Ese respeto, el de Jaume, no lo he observado, por ejemplo, en un programa agrícola de radio de la SER, salvo la semana pasada cuando entrevistaron a la ministra del ramo; habitualmente, si el interlocutor se expresa en castellano,  el conductor/la conductora del programa continúan interpelándole en valenciano.

La Generalitat emite casi toda su publicidad institucional solo en valenciano: véase el sábado 25 una doble página en casi todos los medios –la campaña cuesta lo suyo para que se obvie de su entendimiento a los que no conocen suficientemente lo que significa el mensaje- que tuve que traducir con el diccionario a mano AsenyalaElMasclisme. Ahora se nos anuncia que la nueva À punt emitirá toda su parrilla solo en esta lengua, marginando a los castellanoparlantes, que proliferan especialmente en nuestra provincia.  Ya es un mal endémico que mucha señalización –en una comunidad dedicada con entusiasmo al turismo- esté a menudo solo en valenciano, como si madrileños y alemanes tengan la obligación de saber que platja es playa. Desde luego, defiendo que los médicos y los maestros puedan atender, siquiera básicamente, en las dos lenguas, pero cuando se gasta dinero de todos hay que evitar despilfarros y pensar en todos los contribuyentes.

De forma que anuncio, solemnemente, desde este modesto medio, que no figurará en mi dial de favoritos el anunciado À punt y aún más, si se genera alguna plataforma ciudadana que abogue porque se nos exima de ese costo a los ciudadanos vía desgravación en el tramo autonómico del IRPF, allí estará mi firma. 

 

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn